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Un muro de impunidad

Isabel Díaz Ayuso, Dolors Montserrat, Alberto Núñez Feijóo y Cuca Gamarra, dirigentes destacados del PP.

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No sé si a muchos de ustedes les ocurre también, pero es como si la realidad de España –y no digamos la del mundo– nos situara ante un muro que se reconstruye cada día y no nos permite avanzar. Vemos a veces alguna grieta, una rebaja de su altura, pero allí están cada mañana, tarde y noche, una serie de albañiles de la mugre con la que van fortificando ese pétreo impedimento para todo progreso en la solución de los problemas de envergadura. Cualquier persona experimentada sabe que la forma de abordar cuestiones preocupantes es afrontarlas de una en una, no de golpe porque abruma. En España se encuentran tan compenetradas la política sucia con la justicia desequilibrada y la pocilga mediática que se hace doblemente difícil abrir esa brecha en el muro por la que entre siquiera una triste pala excavadora. Dices: elecciones, ahora ya. Y tampoco. Y así una vez tras otra.

Cuando Isabel Díaz Ayuso se despierta en la casa de 183 metros cuadrados de más de un millón de euros, donde convive con su novio el comisionista, confeso defraudador de impuestos, no piensa en los 7.291 ancianos que murieron en los geriátricos a su cargo sin asistencia médica según instrucciones de su gobierno, piensa en cómo insultar a sus enemigos y crispar a la sociedad. Sin duda en cómo seguir favoreciendo los intereses de aquellos para quienes gobierna.

Hace falta una desfachatez infinita para presentarse, con su habitual insolencia en el tono, como “azote de la corrupción” desde el PP, inmerso en múltiples causas reales de esa corrupción. Una caradura inmensa para acusar de matonismo al más reciente intento del Gobierno para renovar el CGPJ, cinco años y medio sobrepasado su mandato constitucional precisamente porque el PP lo impide. Y no digamos para recibir con una sonrisa un premio a su gestión sanitaria concedida por el diario La Razón y patrocinado por Quirón, la empresa sanitaria, principal cliente de su novio y la mayor beneficiaria de los contratos de la Comunidad de Madrid que preside Ayuso. Ella, por sí misma, sirve como ejemplo de los grandes problemas de España, de ese muro que se crece en altura cuando vemos saldar con total impunidad tal cúmulo de atropellos.

Pero no está ella sola. Feijóo, Gamarra, Semper, Tellado se empeñan también a diario, cada hora que pueden, cada minuto si les fuera posible, en echar más cemento de putrefacción sobre la convivencia en este país.

Al tiempo, los otros sectores del clan trabajan en idéntica dirección. Jueces y fiscales obstaculizan una ley aprobada por mayoría absoluta por el Parlamento, que es quien ostenta el Poder Legislativo. Asistimos al insólito hecho de que el fiscal general ordene a los fiscales del procés aplicar la ley de amnistía para todos los delitos y ellos, Zaragoza, Madrigal, Moreno y Cadena, se nieguen. Claro que Álvaro García Ortiz está señalado como diana por Miguel Ángel Rodriguez, asesor principal de Ayuso, y por la prensa al servicio del PP, y cuando agarran una pieza no la sueltan.  En Antena3 noticias de las 21.00 este viernes, Valles ha dado una versión manipulada del tema, como si no fuese lo legal, precisamente, que el jefe de los fiscales les manden aplicar la ley emitida por el Poder Legislativo. Antes de esas afirmaciones, ha comentado la posibilidad de que el Alvaro García Ortiz sea imputado por el asunto del novio de Ayuso. El mundo al revés. Y una sensación de impotencia muy molesta.

Añadamos los alaridos del Poder Judicial porque se intente solucionar su situación de interinidad, claro que… Guilarte, el presidente en funciones, ya dijo: “No vamos a dimitir salvo que se produzca, en algún caso, la jubilación o el fallecimiento”.

El juez García Castellón ha esperado a después de las elecciones para proponer la apertura de juicio al exconsejero de la Comunidad de Madrid Francisco Granados –el de las compensaciones con volquetes de putas– y a otras 42 personas en la que es solo la pieza 8 del caso Púnica. Los hechos ocurrieron entre 2003 y 2011, pero García Castellón ha estado muy ocupado en otras causas contra la izquierda o los independentistas, la mayoría, por no decir todas, sobreseídas. Ahora, la justicia suiza le insiste por tercera vez que no hay delito de terrorismo en el Tsunami ni en Puigdemont, y el tipo ni se inmuta. Se descubre que el otro juez favorito del PP, Peinado, el que ha montado la imputación a Begoña Gómez, tiene un chalet cargado de irregularidades, la principal que carece de licencia de primera ocupación por no tener acceso a la red de saneamiento. El colmo, entre otros muchos colmos, es que todo un fiscal general del Estado se vea en trance de ser imputado… por desmontar el bulo del asesor de Ayuso sobre su novio. Y que ese mismo asesor vaya anticipando en las redes los movimientos de la justicia en los temas de su cruzada. Sonrojan tan escandalosas actitudes.

A cualquiera que se le cuente, fuera de España por ejemplo, le costaría creer que es cierto todo esto y más. Pero por el contrario la otra gran pata: la cloaca mediática anda exigiendo a Von der Leyen que se pronuncie sobre la Ley de Amnistía que no parece algo de su competencia. Los medios de propaganda del PP son pieza fundamental de los problemas de España y también se dicen amenazados por no se sabe qué matonismos que les obstaculicen, de llegar a pasar, su siembra de bulos.

La otra tendencia mediática es ensalzar a Meloni, apoyando la querencia ultraderechista del propio Partido Popular. Desde decir que “brilla” a declararla referente de estabilidad. Meloni ha conseguido suprimir el derecho al aborto de la declaración conjunta del G7 al que Italia ha servido de anfitriona. Referente de los fascismos a considerar “buenos”. Ursula Von der Leyen que -si nada lo remedia- repetirá como presidenta de la Comisión se abre a aliarse con ella y su grupo de ultraderecha que incluye a Vox.

Y es que el muro que están levantando es a conciencia, desde Milei, que ha roto ya todas las barreras en poco tiempo, a lo que se cierne sobre Europa y sobre España.

No olvidemos un factor fundamental en todo este trabajo sucio: los ciudadanos que a diario colocan ladrillos en ese muro, tragando hasta el hígado los bulos que les sirven, llenándose de odio y falta de criterio, a cambio tan solo del placer de agredir a quienes detestan visceralmente. Aquellos que han convertido en una estrella a Ayuso, una pólitica sin escrúpulos cuya malignidad sobre diferentes colectivos, los más vulnerables en particular, está tan probada como impune. Similar a otros dirigentes del mismo populismo salvaje de ultraderecha en el mundo. Se está apostando por ellos, hay mucho dinero detrás. Los ingresos de los partidos de extrema derecha se han disparado ante las elecciones al Parlamento Europeo. Una cuarta parte de las donaciones políticas en la UE se destina a partidos extremistas y populistas, según un análisis de 200 partidos en 25 países.

Los albañiles de a pie del fango, actúan. Dos periodistas, Fonzi Loaiza y Cristina Fallarás, han sido insultados en la Feria del Libro de Madrid por gente de ultraderecha -sin que la policía les ayudase sino todo lo contrario en el caso de Lozaina- y el portavoz de Podemos, Pablo Fernández, ha denunciado pedradas a las ventanas de su casa en Valladolid, además de insultos y amenazas. Es decir más impunidad. Los fascistas de a pie están muy crecidos.

Los muros también se derriban, se les pueden abrir puertas y hasta ventanas, pero no es tarea fácil cuando hay tantos trabajando por mantenerlos. La experiencia nos demuestra, sin embargo, que se puede. Lo más estúpido es negarse a verlo e incluso coger cemento y pala para engrosarlo. Tarde o temprano, incluso los cómplices -algunos cómplices- se quedan encerrados. Pero lo más efectivo es actuar con destituciones, juicios y cambios radicales. Cómo nos gustaría ver el castigo a tanta impunidad y que cuantos se demuestren culpables paguen todo el mal que han hecho. Una vez tras otra, al menos lo volveremos a decir.

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