Ojalá otro Casado

Pablo Casado en el funeral de Estado por las víctimas de la COVID-19

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Estaban todos. La familia Real, el Gobierno al completo, los titulares de todas las altas instituciones, los 17 presidentes autonómicos, familiares de los fallecidos, representantes de distintos colectivos sociales, los presidentes de la Comisión, el Consejo y el Parlamento europeo, el director general de la OMS, líderes de todos los partidos –menos de VOX, Bildu y ERC–, además de  todos los ex presidentes de Gobierno vivos, con la única excepción de Felipe González. Ninguno tuvo, ni tampoco buscó, protagonismo alguno. No tocaba. 

Sólo tres protagonistas. "Ojalá nada de esto hubiera ocurrido, ojalá no estuviera yo aquí pronunciando estas palabras. Pero es un inmenso honor hablar en nombre de mis compañeros y compañeras: los profesionales sanitarios (...)".  Quien hablaba era Aroa López, enfermera supervisora de Urgencias del Vall d'Hebrón. Y sus emotivas palabras retumbaron en El Patio de la Armería del Palacio Real de Madrid. Durante meses como tantos otros sanitarios, ella se ha tenido que tragar las lágrimas y extender en ocasiones su mano para que ellos, los que se fueron por culpa del virus, no murieran solos. Por muchos años que pasen, España estará en deuda con los sanitarios, que no necesitan aplausos ni reconocimientos aunque los agradezcan, sino la defensa de la sanidad de todos. "No hay mejor homenaje a quienes nos dejaron que velar por nuestra salud y garantizar la dignidad de nuestras profesiones". Así lo expresó Aroa ante todos los poderes del Estado durante el primer homenaje civil que este país celebra en recuerdo de las víctimas de una tragedia.

Le precedió en el uso de la palabra, el hermano del periodista José María Calleja, fallecido por la COVID-19, para defender la unidad como el mejor homenaje a quienes murieron y reivindicar la memoria como un deber. Y cerró el acto Felipe VI para reconocer que nada puede reparar el dolor ni la pérdida, pero sí contribuir al respeto y la dignidad de los que se fueron.

Honor, dignidad y unidad era el objetivo del homenaje de Estado. España unida aunque fuera solo durante 35 minutos para honrar a las víctimas. Y en realidad fue éste el único tiempo que concedió el principal partido de la oposición al recogimiento, el homenaje y el luto. Ni la solemnidad de su corbata negra, ni el respeto a las víctimas, ni la asistencia de las autoridades europeas, ni mucho menos la presencia de Felipe VI disuadieron a Pablo Casado de volver por su fueros, esto es a la refriega y a la política pequeña. Más madera contra el Gobierno. Da igual el marco. Da igual el contexto.

Casado llevó también a la ceremonia del Estado su furibunda oposición al Gobierno. Como si no hubiera más días ni más momentos, ni más escenarios donde hacerlo. Y le acusó de nuevo de mentir sobre las cifras de los muertos y de atacar a la Monarquía. Justo el día que el Gobierno quiso hacer de Felipe VI uno de los únicos tres protagonistas de la ceremonia. Justo el momento en que La Moncloa trabaja con la Casa Real para buscar una fórmula con la que blindar el reinado del actual monarca. "Desde el PP defendemos a la jefatura del Estado y a su Majestad el Rey de los ataques de algunos ministros", dijo. 

El líder del PP no conoce la diferencia entre saber estar y no estar a la altura. Ni en un homenaje a las víctimas. Ni en un acto de Estado. Ni en lo que precisa en este momento la jefatura del Estado, que no es precisamente que la derecha intente capitalizar la figura de Felipe VI ni que los cortesanos justifiquen lo injustificable sobre los líos societarios y fiscales. Flaco favor hacen al rey cuando le convierten en objeto de su táctica partidista y flaco favor hacen a una España a la que solo le faltaba añadir al drama sanitario y al abismo socioeconómico una crisis institucional en torno a la jefatura del Estado. Cuando Pablo Casado dice tan solemne como retador que "no tolerará" ataques a la Corona, no se sabe si es que tiene pensado encadenarse ante la fiscalía del Supremo para que no investigue el obsceno patrimonio acumulado por el emérito en varias cuentas opacas en Suiza o si pretende manifestarse ante el Palacio de la Zarzuela para que Felipe VI no invite a Juan Carlos I a fijar su residencia en un país extranjero en una especie exilio con el que blindar su reinado. Que lo explique. Hasta entonces, estaría bien que alguien le diera un curso de protocolo y saber estar, además de explicarle cuál debe ser la actitud del jefe de la oposición en un homenaje de Estado. También puede preguntar a Torra, siempre blanco de sus críticas, porque esta vez sí marcó la diferencia y dio una lección de impecabilidad con sus declaraciones al final de la ceremonia para agradecer al Gobierno la organización del acto y enfatizar: "Nuestro corazón está con ellos, no los olvidaremos, los guardaremos siempre en nuestra memoria". Bastaba con eso. Ojalá otro Casado, ojalá otra derecha y ojalá que, como dijo, Aroa López, "esto nunca hubiera ocurrido".

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Publicado el
16 de julio de 2020 - 21:59 h

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