La primera víctima de toda guerra, y la primera en ser olvidada
Venga, repite conmigo: “la primera víctima de la guerra es la verdad”. Otra vez, que lo has dicho con desgana: “la primera víctima de la guerra es la verdad”. ¡No te oigo, más fuerte! “¡La primera víctima de la guerra es la verdad!” Escríbela cien veces en la pizarra. Ponte un post-it en la frente, para leerla cada vez que te mires en un espejo. Un recordatorio en el móvil que salte a cada hora en punto.
Que la primera víctima de la guerra es la verdad, es lo primero que olvidamos en cuanto empiezan a caer bombas. Todos hemos dicho alguna vez la famosa frase, pero casi siempre la pronunciamos a toro pasado: cuando la guerra ya acabó, cuando de pronto descubrimos las mentiras sobre las que se construyó el relato que justificó o enmascaró la matanza, cuando nos sentimos engañados, manipulados, y entonces exclamamos, ya demasiado tarde: “¡la primera víctima de la guerra es la verdad!”
Me asombra la facilidad con que lo olvidamos en cada nueva guerra. Sabemos que en todas y cada una de las guerras de las que hemos sido testigos (y en las anteriores, históricas) se libró en paralelo una guerra propagandística. Recordamos las fake news que nos han colado responsables políticos y militares desde al menos la Guerra de Cuba (la de 1898, de Estados Unidos contra España precisamente). Sabemos que toda guerra implica censura e intoxicación, y que por eso estos días deberíamos afinar más nuestro sentido crítico y desconfiar por sistema de toda la información que nos llega. Y aun así, volvemos a morder el mismo anzuelo. Venga, repite otra vez: “la primera víctima de la guerra es la verdad”.
En el caso de la actual guerra, intervienen dos países campeones en la materia. Estados Unidos, que en cada conflicto del último siglo ha buscado siempre la adhesión de su pueblo por el lado narrativo y emocional, que tiene un largo historial de bulos bélicos (las incubadoras kuwaitíes de la primera Guerra del Golfo, las armas de destrucción masiva de la segunda contra Irak), y que en algunas guerras ha contratado empresas de relaciones públicas que le diseñen la estrategia informativa. E Israel, que desde su nacimiento invierte grandes recursos en la hasbará, su poderosa máquina de propaganda que recluta colaboradores en todo el mundo para colocar el relato sionista. Perdona que insista, ¿puedes repetirlo una vez más? “La primera víctima de la guerra es la verdad”. Gracias.
También Irán manipula e intoxica, sin duda, pero sus capacidades son un juego de niños comparado con Estados Unidos e Israel. Dos países que tienen un largo historial de mentiras en tiempo de guerra, y que ahora además están gobernados por un mentiroso narcisista y un mentiroso fanático, que presionan a periodistas y medios (Trump) o directamente los asesinan (Netanyahu en Gaza). “La primera víctima de la guerra…”, venga, termina tú la frase.
La temida inteligencia artificial, que estos días llena redes y medios con vídeos falsos, es lo de menos, solo una herramienta más. Además, la misma tecnología que unos usan para manipular, es la que nos permite desmontar las manipulaciones. La mayor fuente de mentiras en esta guerra no es la IA, sino el ejército estadounidense y el israelí. Así que cuando estos días recibas información de la guerra contra Irán, recuerda a esa primera víctima que suele ser la que antes se nos olvida.