Sal por las vidas negras

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Todavía se comenta entre las personas racializadas que la manifestación más numerosa que se ha vivido en los últimos años en este país contra los crímenes racistas fue la que se convocó por un asesinato ocurrido en Estados Unidos, la de George Floyd. Es triste pero cierto. En este país no se sale a la calle por las vidas que se truncan en el mar o en la valla. No se sale por los asesinados por violencia policial en nuestras calles. No se sale por la explotación laboral de miles de personas sin papeles. No se sale por las vidas negras. En este país no importan. Como si no hubiera crímenes racistas en este territorio, en sus fronteras, en sus campos, la sociedad civil española ante ello se parece a su gobierno progresista: tibia, ausente, cada vez más parecida a lo que combate. 

Ha pasado ya una semana de la masacre en Melilla, producto de la “cooperación” entre España y Marruecos, y aún resuenan en nuestros oídos ese “bien resuelto” con cuarenta muertos de Abascal, perdón de Pedro Sánchez, que para el tema son lo mismo. Todavía pesan como una losa en el alma las austeras voces de Podemos, ese silencio que parece tan cómodo, su voluntad conservadora para mantener fuera de riesgo la coalición de gobierno, pero pagando un precio altísimo, traicionando sus consignas electorales con los migrantes y haciéndonos perder la esperanza en la izquierda en el poder. No, esto no es una tragedia, es una masacre. Esperamos más de alguien como Ione Belarra, que fue activista y portavoz de SOS Racismo Madrid, algo más que un tuit sentido y un lejano pedido de cambio del modelo migratorio. Y más de Enrique Santiago, exSecretario General de CEAR. ¿Es con esta moderación que Yolanda Díaz quiere ser la próxima presidenta de la izquierda española? Ni asomo de pronunciamientos más fuertes, gestos, acciones, más presión al PSOE. 

En estos días Madrid apesta como nunca. Sitiada y militarizada por la cumbre de la OTAN, los únicos respiros han sido, por un lado, la manifestación en Callao en la que cientos de personas nos tumbamos en el suelo entrelazadas en memoria de los cuerpos golpeados y apilados tras la operación policial en la valla. Por otro, la marcha del Orgullo crítico cuyo lema fue “Sin papeles no hay orgullo” y en la que se volvió a pedir la regularización de 600 mil migrantes. O que la artista peruana Daniela Ortiz retirara su obra de una exposición del Reina Sofía después de que parte de la comitiva de la OTAN en la capital, posara campante delante del Guernica, un cuadro antibelicista. ¿Dónde están las demás?

Hay una segunda oportunidad para ser contundentes y es saliendo este viernes a la calle para alzar la voz contra el racismo institucional, contra las masacres de la mafiosa Ley de extranjería y por los derechos humanos de las personas en situación administrativa irregular, por los asesinatos cómplices en Melilla y por todas las vidas que nos roban en las fronteras españolas por el sistema de control migratorio. Los fondos para la migración son plata para la industria de la guerra, la de la OTAN. Dinero público que se gasta en muerte, no en asistencia y refugio. Y esta violencia se ejecuta violando todos los acuerdos internacionales sobre derechos humanos.

La concentración en Madrid será este viernes, otra vez en Callao, a las 19.30 pero se trata de una convocatoria unificada en todas las ciudades españolas a la misma hora para pedir justicia. Para que se les caiga la cara de vergüenza por asilar a miles de ucranianos en días mientras se coordina eficazmente la paliza y la muerte de gente negra a la que no quieren dentro de este país. Entre los que intentaban cruzar la valla, como explica el comunicado de RegularizaciónYa, “había solicitantes de asilo y refugio, personas que huyen del expolio y los daños gravísimos ocasionados por el norte global en sus territorios”. Pero para hacerlo deben desgarrarse en las vallas. Quien no ve racismo en la imagen de cientos de personas heridas, detenidas, agonizantes, muertas y, en la contraparte, el discurso del presidente del gobierno de España felicitando la acción, es porque es racista. Y ante la discriminación sólo queda organización antirracista.

Todavía se comenta entre las personas racializadas que la manifestación más numerosa que se ha vivido en los últimos años en este país contra los crímenes racistas fue la que se convocó por un asesinato ocurrido en Estados Unidos, la de George Floyd. Es triste pero cierto. En este país no se sale a la calle por las vidas que se truncan en el mar o en la valla. No se sale por los asesinados por violencia policial en nuestras calles. No se sale por la explotación laboral de miles de personas sin papeles. No se sale por las vidas negras. En este país no importan. Como si no hubiera crímenes racistas en este territorio, en sus fronteras, en sus campos, la sociedad civil española ante ello se parece a su gobierno progresista: tibia, ausente, cada vez más parecida a lo que combate. 

Ha pasado ya una semana de la masacre en Melilla, producto de la “cooperación” entre España y Marruecos, y aún resuenan en nuestros oídos ese “bien resuelto” con cuarenta muertos de Abascal, perdón de Pedro Sánchez, que para el tema son lo mismo. Todavía pesan como una losa en el alma las austeras voces de Podemos, ese silencio que parece tan cómodo, su voluntad conservadora para mantener fuera de riesgo la coalición de gobierno, pero pagando un precio altísimo, traicionando sus consignas electorales con los migrantes y haciéndonos perder la esperanza en la izquierda en el poder. No, esto no es una tragedia, es una masacre. Esperamos más de alguien como Ione Belarra, que fue activista y portavoz de SOS Racismo Madrid, algo más que un tuit sentido y un lejano pedido de cambio del modelo migratorio. Y más de Enrique Santiago, exSecretario General de CEAR. ¿Es con esta moderación que Yolanda Díaz quiere ser la próxima presidenta de la izquierda española? Ni asomo de pronunciamientos más fuertes, gestos, acciones, más presión al PSOE. 

En estos días Madrid apesta como nunca. Sitiada y militarizada por la cumbre de la OTAN, los únicos respiros han sido, por un lado, la manifestación en Callao en la que cientos de personas nos tumbamos en el suelo entrelazadas en memoria de los cuerpos golpeados y apilados tras la operación policial en la valla. Por otro, la marcha del Orgullo crítico cuyo lema fue “Sin papeles no hay orgullo” y en la que se volvió a pedir la regularización de 600 mil migrantes. O que la artista peruana Daniela Ortiz retirara su obra de una exposición del Reina Sofía después de que parte de la comitiva de la OTAN en la capital, posara campante delante del Guernica, un cuadro antibelicista. ¿Dónde están las demás?

Hay una segunda oportunidad para ser contundentes y es saliendo este viernes a la calle para alzar la voz contra el racismo institucional, contra las masacres de la mafiosa Ley de extranjería y por los derechos humanos de las personas en situación administrativa irregular, por los asesinatos cómplices en Melilla y por todas las vidas que nos roban en las fronteras españolas por el sistema de control migratorio. Los fondos para la migración son plata para la industria de la guerra, la de la OTAN. Dinero público que se gasta en muerte, no en asistencia y refugio. Y esta violencia se ejecuta violando todos los acuerdos internacionales sobre derechos humanos.

La concentración en Madrid será este viernes, otra vez en Callao, a las 19.30 pero se trata de una convocatoria unificada en todas las ciudades españolas a la misma hora para pedir justicia. Para que se les caiga la cara de vergüenza por asilar a miles de ucranianos en días mientras se coordina eficazmente la paliza y la muerte de gente negra a la que no quieren dentro de este país. Entre los que intentaban cruzar la valla, como explica el comunicado de RegularizaciónYa, “había solicitantes de asilo y refugio, personas que huyen del expolio y los daños gravísimos ocasionados por el norte global en sus territorios”. Pero para hacerlo deben desgarrarse en las vallas. Quien no ve racismo en la imagen de cientos de personas heridas, detenidas, agonizantes, muertas y, en la contraparte, el discurso del presidente del gobierno de España felicitando la acción, es porque es racista. Y ante la discriminación sólo queda organización antirracista.

Todavía se comenta entre las personas racializadas que la manifestación más numerosa que se ha vivido en los últimos años en este país contra los crímenes racistas fue la que se convocó por un asesinato ocurrido en Estados Unidos, la de George Floyd. Es triste pero cierto. En este país no se sale a la calle por las vidas que se truncan en el mar o en la valla. No se sale por los asesinados por violencia policial en nuestras calles. No se sale por la explotación laboral de miles de personas sin papeles. No se sale por las vidas negras. En este país no importan. Como si no hubiera crímenes racistas en este territorio, en sus fronteras, en sus campos, la sociedad civil española ante ello se parece a su gobierno progresista: tibia, ausente, cada vez más parecida a lo que combate. 

Ha pasado ya una semana de la masacre en Melilla, producto de la “cooperación” entre España y Marruecos, y aún resuenan en nuestros oídos ese “bien resuelto” con cuarenta muertos de Abascal, perdón de Pedro Sánchez, que para el tema son lo mismo. Todavía pesan como una losa en el alma las austeras voces de Podemos, ese silencio que parece tan cómodo, su voluntad conservadora para mantener fuera de riesgo la coalición de gobierno, pero pagando un precio altísimo, traicionando sus consignas electorales con los migrantes y haciéndonos perder la esperanza en la izquierda en el poder. No, esto no es una tragedia, es una masacre. Esperamos más de alguien como Ione Belarra, que fue activista y portavoz de SOS Racismo Madrid, algo más que un tuit sentido y un lejano pedido de cambio del modelo migratorio. Y más de Enrique Santiago, exSecretario General de CEAR. ¿Es con esta moderación que Yolanda Díaz quiere ser la próxima presidenta de la izquierda española? Ni asomo de pronunciamientos más fuertes, gestos, acciones, más presión al PSOE.