La típica 'derrota' de Estados Unidos
“Derrota de Trump en Irán”, “Trump firma la derrota de Estados Unidos ante Irán”, “Derrota sin paliativos de Estados Unidos”, “Irán, la gran derrota de Trump”, “Estados Unidos capitula”, “Trump firma una derrota histórica en Versalles”, “Trump busca esconder su derrota ante Irán”, “Humillación”, “Debacle”, “Capitulación”. ¡Zasca!
¿Qué pasa, Isaac, que has estado el fin de semana leyendo la prensa oficial iraní? Qué va. Aunque los titulares del primer párrafo parecen tomados de la agencia de noticias del régimen y de arengas de los ayatolás, están copiados de medios internacionales, españoles entre ellos, y también prensa estadounidense. El editorial del New York Times de hace unos días no podía ser más claro: “President Trump lost this war”. ¡Zasca y zasca!
Podemos añadir opiniones similares de miembros del Partido Republicano, el entorno MAGA y periodistas afines. Su exvicepresidente Pence ve en el acuerdo “el tufillo de política de apaciguamiento que tanto rechazamos de Obama”. Para el senador republicano Bill Cassidy, es “el peor error en décadas de la política exterior norteamericana”. Y hasta Israel califica el acuerdo de “capitulación catastrófica”. ¡Zasca y zasca y bazinga!
A la espera de comprobar si el acuerdo de paz es de verdad un acuerdo de paz, si acaba en papel mojado, o si Israel lo consigue reventar, el consenso mundial es la derrota estadounidense. Ningún objetivo conseguido (ni cayó el régimen, ni se ha desarmado), vuelta a la casilla de salida, acuerdos sobre lo acordado antes de la guerra, régimen iraní reforzado y más represor en el interior, desestabilización regional, pérdida de crédito y prestigio de Estados Unidos en la zona, incertidumbre económica mundial, y un enorme gasto en material militar que Washington tardará años en reponer.
Hay quien equipara la derrota en Irán con las sufridas en Vietnam o Afganistán, y en esa comparativa es donde podemos comprobar si de verdad es una derrota para Estados Unidos: porque si algo tienen en común las “derrotas” norteamericanas, es la desproporción brutal entre las víctimas propias y las del enemigo supuestamente victorioso. La forma de perder de Estados Unidos es siempre la misma: costándole mucho más cara al país ganador.
En el caso de Vietnam, considerada histórica y cinematográficamente la gran derrota norteamericana, el mayor trauma de su historia reciente, el ejército “derrotado” se dejó 58.000 muertos, mientras el ejército pírricamente victorioso sufrió más de un millón de combatientes muertos, y al menos otro millón de civiles asesinados. Además, un país arrasado en sus infraestructuras, ciudades y selvas, porque ese es otro elemento común a las “derrotas” de Washington: que su único coste material es el armamento empleado, pues siempre hace las guerras muy lejos de casa.
Lo mismo con Afganistán, de donde Estados Unidos huyó con el rabo entre las piernas tras veinte años de lucha contra los talibanes: 2.500 muertos propios, frente a más de 175.000 afganos muertos, entre civiles y combatientes de ambos bandos, además de un país devastado. Otro tanto en Irak, donde la marcha estadounidense no fue vista como derrota, pero tampoco pudo cantar victoria: 4.500 soldados y 1.500 contratistas estadounidenses volvieron a casa en féretros, por más de 300.000 iraquíes muertos, la mayor parte civiles, según Irak Body Count. Hasta en la fallida invasión de Bahía Cochinos, en Cuba, los atacantes perdieron 4 soldados norteamericanos y 114 anticastristas, frente a 176 cubanos muertos.
Si miramos al breve conflicto con Irán, las cifras de víctimas apuntan en efecto a otra típica “derrota”: 15 estadounidenses muertos, frente a más de 3.500 iraníes, incluida su cúpula dirigente, y enormes daños materiales y económicos para el país “vencedor”. Así es como pierde Estados Unidos.
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