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Una tortuga boba en la playa del calentamiento político

Un ejemplar de tortuga boba. EFE/Angel Medina G.

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Al mismo tiempo que ayer empezaban a votar algunos de nuestros vecinos europeos, se publicaba esta noticia: “La tierra registra 12 meses seguidos con récord de temperatura”. Leo estos titulares y no puedo evitar sentir vergüenza anticipada. Me embarga una sensación extraña, un bochorno prospectivo al imaginar lo que pensarán de nosotros en el futuro: “Veían estas noticias del calentamiento del planeta en 2024, ¿y no salía nadie a rezar el rosario en la calle Ferraz? ¿En serio? ¿Pero en qué estaban pensando?” Pues en otras cosas, la verdad, pero relacionadas. 

Hasta hace un par de años, creía que no íbamos a estar aquí cuando las generaciones futuras se hicieran esas preguntas. Pero ahora veo que nos las van a tirar a la cara: son muchas las señales. El otro día apareció en una playa de Getxo una tortuga boba. Es un animal que vive en aguas cálidas como las del Mediterráneo y de pronto se presentó en la costa vasca. Es tan extraño ver una tortuga boba en Getxo como ver irrumpir a un juez en una campaña electoral. Lo mismo les ocurre a algunos jueces: ven que sube la temperatura política y nadan a toda prisa hacia aguas electorales, para citar a Begoña Gómez como investigada con un mes de antelación: las temperaturas de los océanos suben, la tortuga se desorienta y llega a otras latitudes. donde las aguas ya no son tan frías como solían.

El aumento de la temperatura recalienta la sesera de muchos animales. También el salmón del Pacífico aparece cada vez con más frecuencia en el Ártico canadiense. Lo han detectado investigadores de la Universidad de Alaska Fairbanks, mano a mano con los pescadores de la zona. Se trata de un fenómeno insólito, tanto como que el partido gobernante en una autonomía ponga en marcha una comisión de investigación contra el presidente del Gobierno de España. El PP va a investigar en la asamblea de Madrid la relación de la Universidad complutense con Begoña Gómez. Les digo por qué es raro: la Comunidad de Madrid tiene una Dirección General de Universidades, que se encarga de pedir explicaciones a los rectores sobre su gestión. Pero claro, un expediente administrativo no hace ruido: la Asamblea es la caja de resonancia perfecta. Así aparece una comisión sobre Begoña Gómez en la asamblea, como el salmón del Pacífico en el Ártico. 

Para mí está claro que el PP ha activado su modo extinction rebellion. La campaña les estaba saliendo mal. Abascal estaba logrando protagonismo porque estas elecciones están planteadas a escala europea como lo que son: un antagonismo entre la ultraderecha y los partidos progresistas. Al tratarse de una pugna global, Abascal trajo a Milei para azuzarlo contra Sánchez. Luego se fue a abrazar a Netanyahu mientras el Gobierno reconocía el estado palestino. Y así. El antagonismo Sánchez-Abascal cobraba relevancia, mientras el PP estaba quedando desdibujado. Para evitarlo han tirado de lo que no les suele fallar: las barbudas togas, perdón, quiero decir las tortugas bobas. 

Cuando aparecen donde no deben tortugas, salmones y jueces, algo peligroso está sucediendo. Es verdad que los ecosistemas, incluso recalentados, tienen mecanismos para defenderse de un ejemplar desorientado. Lo malo es lo que significa como síntoma. Cuando los animales se extravían tanto, un cataclismo está a punto de ocurrir. Es lo que nos quiso decir Alberti con aquellos versos: “Se  equivocó la paloma./ Se equivocaba./ Por ir al norte fue al sur”. El instinto es una brújula que a los animales nunca les falla. Si las alteraciones de temperatura han logrado trastornar esa brújula, la cosa es grave. 

Los científicos climáticos aseguran que estos fenómenos insólitos no tienen precedentes cercanos, por la intensidad con que se producen y la rapidez del cambio. Nos están avisando. No podremos decir que no lo sabíamos. Esgrimir que andábamos prestando atención a los jueces que aparecían en aguas cálidas no va a ser suficiente en nuestro descargo. 

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