Dos gotas, una de agua y la otra de plomo
Dos hermanos, misma sangre, misma infancia… y, sin embargo, dos mundos. Dos gotas, una de agua, la otra de plomo. Uno cree en la paz, en la empatía, en la dignidad de todos los seres vivos;, el otro siempre en guardia, viendo en el conflicto una forma de orden. Uno acaricia perros abandonados y denuncia el maltrato animal, el otro se emociona en la plaza, defendiendo la tradición taurina como si en ella se jugara algo esencial. Uno no cree en nada más allá de lo humano, el otro es capillita, de los que sienten que la fe estructura el mundo.Uno sueña con una república más justa, el otro se aferra a la monarquía y al legado del emérito Juan Carlos I.
Uno se informa escuchando la Cadena SER, TVE, el otro prefiere las voces de Federico Jiménez Losantos o Carlos Herrera. Uno abre los brazos al que llega de fuera, entiende el dolor ajeno como propio, el otro levanta muros, mira con recelo, teme lo distinto. Uno se reconoce en la izquierda, el otro, sin complejos, en la derecha. Como ves, no es un jeroglífico. Y pese a todo, comparten mesa en Navidad. Porque a veces la vida es eso, dos extremos irreconciliables… obligados a recordar que, en algún lugar, siguen siendo ¿hermanos?