La lideresa
A todos nos ha tocado lidiar con alguna de ellas. En el colegio, en el trabajo, en la pandilla, en los bares. Ese tipo de personas que les gusta llamar la atención no por sus cualidades positivas (inteligencia, creatividad, amabilidad, persuasión), de las que carecen, sino por el recurso pendenciero de las almas mediocres y narcisistas. Son esas personas que destacan por sus insultos, su chabacanería, sus mentiras, sus gritos, su chulería, sus malos modos, su agresividad, su matonismo. Lo que está bien lo destruyen, crean problemas donde no los hay y lo que está mal lo empeoran. ¿La culpa? Siempre es de los demás. Para identificar un mediocre basta con fijarse en que nunca asumen ninguna responsabilidad por sus actos cuando salen mal, siempre externalizan la culpa. Los madrileños tenemos la desgracia de tener a una de estas personas como Presidenta de la Comunidad. Ha vuelto a hacerlo, el numerito, esta vez en México. A la mayoría de los madrileños les gusta y la votan. La minoría agachamos la cabeza para que no se nos descubra el rubor de la vergüenza ajena en el rostro. No es una cuestión ideológica, hay personas decentes en todo el espectro político, es una cuestión de vergüenza ajena. Alipori, se llama.