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Netanyahu al rescate

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En una reciente alocución de Netanyahu para explicar la posición de su gobierno tras el memorando de entendimiento firmado entre EEUU e Irán, el primer ministro israelí ha vuelto a ceñirse el traje de superhéroe salvador de la tierra elegida. Según Netanyahu, sin la operación militar contra Irán llevada a cabo de forma conjunta con los EEUU, el pueblo de Israel hubiera sido completamente aniquilado bajo la amenaza nuclear del régimen de los ayatolás. La consabida y obsesiva acusación de enriquecer uranio para desarrollar armamento nuclear no es una novedad. Netanyahu lleva más de treinta años pregonando la misma amenaza que pone en serio peligro la existencia de Israel y que comienza a ser anodina a fuerza de repetirse y multiplicarse. Pero, versado demagogo, el primer ministro israelí sabe perfectamente que el miedo es un instrumento de manipulación muy poderoso y que su sueño secreto del Gran Israel pasa irremisiblemente por exacerbar el sentimiento de unidad nacional frente a un supuesto peligro exterior que amenaza la supervivencia del actual Estado de Israel.

De hecho la retórica del miedo que Netanyahu viene empleando desde hace más de treinta años le asegura la movilización de un inconsciente colectivo que resucita fobias e imágenes atávicas de odio y violencia ligadas al doloroso recuerdo del holocausto y el antisemitismo. Fobias que el primer ministro y la ultraortodoxia sionista esgrimen como un arma arrojadiza cada vez que los intereses de Israel chocan con las críticas de líderes europeos y organizaciones internacionales contrarias a la guerra y a la política expansionista de ocupación ilegal de su gobierno. Porque más allá del discurso alarmista y las amenazas de exterminio subyace el deseo soterrado de una expansión territorial que permita al gobierno de Netanyahu cumplir con ese sueño esquizofrénico del Gran Israel. Un sueño que solo se obtendría a costa de la guerra, los desplazamientos forzados, el genocidio y la progresiva implantación de colonos por medio de la violencia y la intimidación.

La realidad es que el primer ministro israelí nunca ha tratado de esbozar consensos generales para buscar una salida pacífica al conflicto árabe-israelí. Para él solo se trata de hallar pretextos que le permitan justificar el mantenimiento de un estado de excepción en todo el país para, de ese modo, poder cerrar filas en torno a un sionismo que alienta actitudes xenófobas, ahonda las diferencias entre pueblos de diferente religión, fomenta psicosis colectivas y, más grave aún, engaña a sus propios ciudadanos. ¿Será casualidad que durante las conversaciones de paz cada acercamiento entre EEUU e Irán se viera interrumpido por la intervención armada de Israel en Líbano? Llamarlo casualidad sería simplificar irrisoriamente la realidad del papel que desempeña Israel en el Medio-Oriente.

No nos engañemos: el problema siempre ha sido Israel. Ni Hamás, ni Hezbollah, ni Irán. La desestabilización de Oriente Medio es la consecuencia directa de la política expansionista del gobierno Netanyahu para el que el reciente memorando de entendimiento de los EEUU con Irán supone todo un varapalo. Ni Irán ha sido borrado del mapa ni Netanyahu ha conseguido aislar aún más al régimen de los ayatolás. Todo lo contrario: las cesiones de Trump al régimen iraní sugieren que Irán sale más reforzado que nunca del conflicto. A eso hay que añadir el problema del Líbano, que le ha valido a Netanyahu las reprimendas de Trump. Y es que nadie está contento con Israel. Ni siquiera su aliado más poderoso parece estar por la labor de mostrarle un apoyo ciego e incondicional. Lejos de eso, los EEUU esgrimen dudas respecto a la intervención de Israel en el sur del Líbano y Trump ha llegado a sugerir que debería ser el ejército sirio el encargado de combatir a Hezbollah y no Israel, ya que los avances de su ejército han sido exiguos comparados al daño ocasionado y al costo de una guerra financiada parcialmente por los contribuyentes americanos.

He aquí, en este laberinto de intereses cruzados, que Netanyahu vuelve a embutirse la capa de salvador del pueblo elegido para advertir a sus ciudadanos que todavía se hallan bajo la amenaza inminente de Hezbollah, Hamás, Irán o Yemen y que, pese al cese de las hostilidades entre Irán y EEUU, su gobierno seguirá manteniendo las tropas desplegadas en el sur del Líbano. Porque si no lo hiciera y diera marcha atrás Israel podría sucumbir a la conspiración internacional antisemita que se cierne sobre ella.

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