La prioridad humana
Este viernes pasado se terminaron las clases. Por los colegios e institutos públicos de toda España se celebraron ceremonias de graduación en las que niños y adolescentes se despedían de compañeros y profesores.
Quien acudió a una de esas ceremonias se encontró, con seguridad, con una mezcla de lo más variopinta: muchachos y muchachas de pieles con distintas tonalidades; estudiantes de padres senegaleses, venezolanos, chinos… hablando en perfecto castellano y, en la mayoría de los casos, con el acento típico de su región; y también, claro, niños y niñas provenientes de familias españolas. Todos ellos compartiendo apuntes, chistes, juegos, amistades, amores…
Las nuevas generaciones nos dan un ejemplo maravilloso de convivencia multicultural que contrasta con esa prisión monocultural y endogámica en que algunos pretenden convertir España. Porque de eso va, ni más ni menos, la asquerosa «prioridad nacional» que quieren importar los de Vox. Con la connivencia, por supuesto, de ese Partido Popular de principios tan sólidos que, si se deja un micrófono abierto, se les puede cazar diciendo que si tienen que arrodillarse ante uno de Vox para gobernar, se convierten sin ningún problema en la más complaciente de las princesas de saldo y esquina.
La «prioridad nacional», el punto estrella del programa con que las derechas pretenden hacerse con el gobierno en 2027, no es otra cosa que un originalísimo «españoles first». El caso es que ni uno solo de los puntos de esa «prioridad nacional» va destinado a mejorar la vida de los españoles. No se habla, ni muchísimo menos, de aumentar los salarios; ni de topar los precios de los alquileres; ni de construir viviendas de protección oficial; ni de incrementar las ayudas para incentivar la natalidad; ni de subir las pensiones para garantizar una vejez digna a quien se pasó toda una vida construyendo este país…
No se habla de nada de eso porque no es lo que la «prioridad nacional» busca. Lo único que busca esa «prioridad nacional» es endurecer las condiciones de acceso a becas y ayudas sociales para los que han inmigrado o piensan inmigrar a nuestro país. Y es que, como ya reconoció abiertamente Abascal, la idea es importar a España las políticas xenófobas del «americans first» de Trump y del «viva la libertad, carajo» de Milei. Políticas que, por cierto, han empobrecido (y mucho) a los pueblos estadounidense y argentino.
Con lo cual, a esos españoles a los que llaman prioridad lo que les espera son precios de productos básicos disparados; alquileres por las nubes; medicamentos esenciales que se dejan de financiar por el Estado; pensiones congeladas; funcionariado despedido en masa…
Y lo peor es que no han sido, ni serán, pocos los que, formando parte de la clase trabajadora, los voten. Porque, por lo visto, muchos vapuleados por este sistema capitalista parecen encontrar consuelo en la idea de que, al menos, pueden hacer que otro aún tenga menos que ellos. Una manera de pensar mediocre que permite cerrar el círculo de la derecha, representante política de los «dueños de todo» que, esos sí, son responsables de la miseria de las clases populares.
Solo debería existir una «prioridad nacional»: crear un país mejor para todos sus ciudadanos, presentes y futuros. Un país como el que ya construyen a diario quienes trabajan en España, sean nativos o inmigrantes. Un país donde no se mira el linaje de la persona, sino su comportamiento. Un país donde, en definitiva, se premia al intentar ganarse la vida honradamente y se penaliza al criminal, sin que la nacionalidad importe lo más mínimo.
Ese país está en las antípodas del que aspiran a instaurar los politicuchos que ansían convertirnos a todos en lo que ellos son: racistas, clasistas e insolidarios.
Muy mal le irá a España si se desvía del camino de la solidaridad, ese que nos ha conducido a las escenas de concordia y convivencia que se pudieron ver, el viernes pasado, en las graduaciones de los colegios e institutos.
Nos irá tan mal, de hecho, como a esos estadounidenses que ahora emigran en masa o a todos esos argentinos que precisan tres trabajos simplemente para sobrevivir. También por aquellos lares compraron el discurso vomitivo, odioso y xenófobo de la falsa «prioridad nacional».
Así que más nos vale tomar nota para no caer en las trampas de la derecha insolidaria que sólo busca desunir al pueblo.
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