Alberto Núñez Feijóo, contrabandista de cadáveres
Alberto Núñez Feijóo tiene prisa. En algunas semanas, parece tranquilo y a la espera de que el progresivo desgaste del PSOE le conceda una fácil victoria en las próximas elecciones. En otras, se revuelve rabioso y apuesta por el juego sucio. Estas últimas son ya las más frecuentes. “Las Cámaras no son una red social en la que competir con zascas y palabras gruesas”, dijo al llegar a Madrid en 2022. En un acto interno del PP en 2023 lamentó que el Parlamento se haya convertido en “un show del insulto permanente y la crispación constante”. Ese Feijóo no existe desde hace tiempo o quizá siempre estuvo ahí con un disfraz a la medida de las circunstancias.
El miércoles lo tenía muy fácil ante la comparecencia de Pedro Sánchez en el Congreso, unos días después de conocerse la sentencia de José Luis Ábalos a 24 años de prisión por corrupto. Podía haber consumido su tiempo leyendo frases de la sentencia, unidas a otras relacionadas con la investigación a Zapatero, joyas incluidas. Pero eso ya no es suficiente para él. Cree que los votantes de derecha lo quieren envuelto en la rabia con espuma saliéndole por la boca al denunciar la maldad intrínseca de Sánchez. Sufre al pensar que le puedan tachar de blando, de político amanerado que no da la talla en la jungla del poder en Madrid.
Por tanto, no le vale con resaltar las lógicas diferencias ideológicas con la izquierda ni aprovechar las investigaciones por corrupción que implican a los socialistas. Tiene que convertir la política en algo personal, en destacar que su gran rival es alguien que lleva consigo el mal olor de la podredumbre, incluso desde antes de entrar en política. En su primera intervención, llamó a Sánchez “el yerno de las saunas” por los establecimientos propiedad del padre de Begoña Gómez, ya fallecido. Lo ha hecho en varias ocasiones en esta legislatura.
Después, siguió golpeando en el mismo clavo: “A mí no me ha financiado la carrera ningún magnate de la prostitución”. El PP pasó hace tiempo de no querer meterse en el tema hasta afirmar que el suegro había financiado las primarias que Sánchez ganó a pesar de que para entonces ya había abandonado el negocio.
Feijóo cayó aún más bajo cuando utilizó al padre de Patxi López con el fin de afear su intervención anterior al portavoz socialista: “Señor Patxi López, si se levanta su padre y ve lo que hace usted, le aseguro que no se lo perdonaría jamás”. Se desconoce cómo el líder del PP puede saber lo que pasaría por la cabeza de alguien que falleció en 1992 y a quien presumiblemente no conoció.
Eduardo López Albizu fue obrero de siderúrgica y sindicalista de UGT durante el franquismo, por lo que fue detenido y desterrado a Almería. Como dirigente del PSOE, participó en 1974 en el Congreso de Suresnes. A todo eso se refirió López en su respuesta: “Para que acepte que el señor Feijóo hable de mi padre, tendría que nacer tres veces. Una por las veces que le dieron de hostias en las comisarías de este país, otra por las veces que estuvo encarcelado, y otra por el destierro que tuvo que soportar por defender la libertad”. Siguió hablando para referirse a Manuel Fraga y su etapa de ministro franquista: “El fundador de su partido, del que el señor Feijóo dice siempre que fue su heredero orgulloso, formaba parte del Gobierno de la dictadura que le torturó, que le encarceló, que le desterró y que fusilaba a la gente de este país”.
Los diputados del PSOE se pusieron en pie para aplaudir a su portavoz. Los del PP habían hecho lo mismo, algunos de ellos rugiendo con entusiasmo, cuando Feijóo se refirió al “magnate de la prostitución”.
Después del PP, fuentes de la dirección del partido quisieron explicar el ataque personal contra Patxi López. Su argumento es que aparentemente lo saben todo sobre López Albizu y conocen lo que diría si viviera ahora. Ciertamente, suena algo sobrenatural. “El padre de Patxi pertenecía a ese PSOE al que Pedro Sánchez desprecia”, dijeron, dando por hecho que hubiera estado en contra de negociar con Bildu. Y luego la amenaza: “Que se acostumbren. No les vamos a dejar pasar una”.
Está claro que no dejaron pasar las menciones de Sánchez a Marcial Dorado (“le recomiendo que beba agua y que se ponga crema si este verano utiliza también algún yate para dar una vuelta por las rías de Galicia”). A estas alturas, es dudoso que tenga mucho efecto político hablar de la antigua amistad de Feijóo con el que era un muy conocido contrabandista gallego de tabaco que terminó siendo condenado por una operación de blanqueo de dinero en favor de un grupo de narcotraficantes.
Cuando se supo de la relación entre ambos en 2013 parecía imposible que Feijóo pudiera sobrevivir como presidente de la Xunta. En países como Estados Unidos y Gran Bretaña, su carrera política habría acabado en ese mismo momento. Es obvio que Galicia no es lo mismo. Las fotos de Feijóo y Dorado en el yate del segundo en 1995 dieron lugar a explicaciones del líder del PP muy poco creíbles sobre sus vacaciones juntos –“creo que no fui a Andorra, no lo sé, recuerdo que había nieve”–, pero el control del PP de la política y los medios de comunicación gallegos fue suficiente para protegerle.
Sánchez podría haber aprovechado su comparecencia para pedir perdón por la confianza que tuvo en Ábalos durante tantos años y por haberle nombrado ministro. Fue cuando estaba en el Gobierno cuando Ábalos cometió los delitos por los que ha sido condenado. Excepto un breve comentario (“lo lamento, pido perdón”) al explicar a Gabriel Rufián las normas contra la corrupción que su Gobierno puso en marcha después, no se explayó ni dio ninguna solemnidad a la vergüenza por pasar por este trago. Lo máximo a lo que llegó fue a compartir con Rufián “su indignación y frustración” y a decir después que “tampoco somos infalibles”.
La comparecencia solo era un mal trago por el que tenía que pasar. El portavoz de Esquerra le dijo que parecía que se había presentado en el hemiciclo a dar explicaciones sobre la corrupción del PP, de la que había dado numerosos ejemplos. Pero no fue ningún dirigente del PP ni de otro partido los que nombraron a Ábalos y luego a Santos Cerdán.
Sánchez fracasó a la hora de convencer a sus socios. Rufián hizo su discurso más duro contra el Gobierno y dejó claro que resistir sólo porque la alternativa del PP y Vox es peor se ha convertido en un argumento inútil. “¿Qué diríamos si hubieran encontrado un millón y medio de euros en joyas en la casa de Aznar, de Feijóo o de Ayuso?”, preguntó, al referirse a Zapatero. Sánchez no tuvo respuesta para esa pregunta. No la tiene porque Zapatero aún no ha encontrado la manera de explicar cómo aparecieron en su caja fuerte.
Por lo que dicen el PNV y Junts, no tienen ninguna intención de apoyar una moción de censura. Eso no significa que crean que el Gobierno está vivo. La portavoz del PNV, Maribel Vaquero, definió su situación con estas palabras: “Está nadando su último largo si es que no le vacían antes la piscina”.
A Feijóo le encantaría llevarse toda el agua. De momento, se conforma con orinar en la piscina. Esa es su gran contribución al debate político.
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