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Agustín Zamarrón, el Valle Inclán del PSOE: "En política no estamos los mejores"

"Nuestra sociedad y España solo tiene solución si planteamos para mañana y de forma permanente que seamos más sabios", dice el médico y político del PSOE que presidió la formación del Congreso tras el 28A

"La mala fama de los políticos es justa, porque de nosotros depende que tuviéramos otra. Tendríamos que llevar las cabezas lo más bajas posible y los pensamientos lo más elevados posible"

"Como ciudadano siento un profundo dolor por la repetición electoral y como político siento una enorme vergüenza. O se corrige o el sistema representativo queda en quiebra" 

Agustín Zamarrón, número dos del PSOE por Burgos

Agustín Zamarrón, número dos del PSOE por Burgos

Agustín Zamarrón es el más nuevo y el más viejo del último Congreso de los Diputados. Fue elegido el 28A por Burgos después de jubilarse de una vida dedicado a la medicina en la sanidad pública. Ejerció como presidente cuando se conformó el último parlamento por ser la persona de más edad, y dejó expresiones elevadas, como "dejen expedito el pasillo del tercio izquierda que tenemos que ir con la sacra urna a ver al señor Echenique", un vocabulario que hacía tiempo que no escuchaban las paredes del hemiciclo. "Me lo pasé muy bien, saludaba a todos, les decía picardías", cuenta. Repite como número dos por Burgos, "porque así lo decidió mi agrupación y en la situación en la que vivimos no se puede decir que no". Lo que lamenta de su nueva ocupación es que le quite tiempo para "lo que tengo de más valor, que es mi mujer, o para leer la Ética de Spinoza y a Maimónides, porque esas lecturas le miden a uno con seres y con saberes superiores". 

Usted ha entrado en política como diputado a los 73 años, ¿se siente un novato?

Política hacemos siempre, todos los días. He trabajado en la función pública como médico y he hecho mucha política para defender el funcionamiento de mi hospital, por ejemplo, o los derechos de los enfermos. Siempre me he visto involucrado en situaciones de este tipo, no por buscarlas, sino porque uno debe estar siempre presente. Es lo de ser y estar en el mundo de Heidegger. Si uno no está en el mundo, no es. Hay que luchar por la justicia, que es el ajustamiento de unos con otros, y la justicia como equidad.  

¿Cómo ajustamos Cataluña?

Tenemos que ir a una cultura abierta, universalista, que nos abrirá la posibilidad de acoger a todos. Si el hombre no es común y universal pierde el paso la humanidad entera. En Cataluña hay un problema crónico. Existen las identidades, pero a veces dan lugar a nacionalismos errados y excluyentes -el que está conmigo y el que está contra mí- y eso conduce a la petrificación del que las asume y el rechazo a lo que no es igual.

Entonces ¿cree en la plurinacionalidad que ha incluido el PSOE en su programa?

Uno puede tener todas las nacionalidades que quiera si son identidades que se van sumando como un puzzle, pero hay una universalidad genérica que a todos acoge. Si usted no admite una búsqueda de la universalidad usted no es malo, es profundamente ignorante, voluntariamente ignorante, y por tanto bastante tonto. Y la maldad del tonto es peor que la del inteligente, porque la maldad del inteligente le beneficia a él pero la maldad del tonto no beneficia ni al tonto. Todos los hombres tenemos que buscar un elemento que nos hace iguales para vivir en comunidad y ese elemento son los derechos fundamentales del hombre y el ciudadano, por lo que merece luchar denodadamente… con las palabras.

¿Cuáles son las injusticias más urgentes que debe tratar el nuevo Congreso? 

Hay una genérica y grave que ha expresado una alta dirigente del FMI: la brutal desigualdad de la distribución de la riqueza. Y España, a la cabeza de Europa. Eso genera una sociedad injusta y un ambiente propicio a la violencia que se aparta de los principios de relación política, que son democracia participativa y deliberativa a través de los partidos políticos. O, lo que es lo mismo, el descrédito de los políticos.

De los que forma usted parte ahora...

Efectivamente. El descrédito llega porque no estamos en política quienes deberían estar. Deberían estar en política los mejores de entre nosotros, y no estamos los mejores. No están los mejores porque somos una sociedad ignorante y conturbada, que no quiere reconocer los mecanismos propios de defensa y progreso. Y eso se resuelve con buena voluntad e instrucción. Nuestra sociedad y España solo tiene solución si planteamos para mañana y de forma permanente que seamos más sabios. Si no, seremos más ignorantes y menos competitivos, como dicen ahora. Pero a mí no me interesa para nada competir, me interesa que las personas que me sucedan sean sabias y competentes, no competitivas. Si mis hijos no son mejores que yo he fracasado como padre. Si los que me han de suceder como ciudadanos no son superiores a mí he fracasado como ciudadano. 

Debo decir que en las Cortes he encontrado muy buena gente, muy honesta y con ganas de trabajar. Generalmente, en mi partido y en los otros, siempre entre los más jóvenes. Aunque la mala fama de los políticos es justa, porque de nosotros depende que tuviéramos otra.

Pertenece a dos colectivos, médicos y políticos, que tienen en común la sospecha  de falta de humanidad y empatía 

La relación del médico con el enfermo es especial, porque se encuentra con una persona en situación de falta, de minoría, y eso crea una desigualdad y el médico debe ser consciente, porque no es otra cosa que un servidor del enfermo. Hay muchos que miran el ordenador -en el sentido de el que da órdenes- en vez de mirar a la sustancia, al que tiene delante. De mí jamás se ha quejado nadie, y eso me llena de satisfacción, y fíjese que he hecho esperar, he sido un desastre en el orden… Pero nunca me he sentado delante de alguien que venía a mí con un reloj en la mano ni en el cerebro. 

¿Y los políticos? 

¡Ay los políticos! Es un problema serio, porque vivimos de la política, bueno en mi caso puedo decir que morimos en la política, porque a estas alturas (risas). El oficio de político es complejo. No es tener unos conocimientos, sino procurarlos. Tiene uno que ser el hombre común y por otra parte hacerse conocedor de las cosas que trata. Deberían llegar con una gran cultura del mundo y de sí mismos para no volverse cretinos, porque no son más que nadie, sino que son, como los médicos, servidores del ciudadano. Así que, las cabezas lo más bajas posible, y los pensamientos lo más elevados posible. Tampoco es buen sistema el de la formación de los políticos. No es un buen sistema meterse en las juventudes, no tener otra cosa, y tener una dependencia absoluta de persistir en eso. En la política, la virtud es la lealtad. El vicio, la fidelidad. Si se aplicara, no se daría lugar a grupos casi familiares, en los que uno sube y va tirando de los demás. La lealtad primera es al pueblo que se sirve.

El presidente "Valle-Inclán", el trombo y la "sacra urna" del Congreso

Zamarrón el día que se conformó el Congreso, que presidió por ser el diputado de mayor edad EFE

Ha formado parte de la Comisión de Sanidad, la que trata la eutanasia. Hay aceptación social para que se legalice, pero tampoco ha llegado en la última legislatura. ¿Cuál es el impedimento? 

No sale adelante por todos aquellos que están convencidos de que la vida está por encima de la dignidad, entre ellos los médicos. Debe prevalecer la capacidad de decidir sobre una cosa tan radical y grave frente a imposiciones externas de ideologías o tradiciones. Los médicos estamos a favor mayoritariamente, pero los representantes de los médicos en colegios de médicos no lo estaban. Lo primero no es la conservación de la vida, sino la dignidad de la persona, porque han cambiado los tiempos. Se quiere oponer a la eutanasia los cuidados paliativos, en el sentido de que si son perfectos no se necesita. Es una verdad parcial. Si hay una buena atención al término de la vida, los que se encontrarán en situación de plantearse una eutanasia son menos, pero aunque solo fuera uno, no debe quedar desamparado. La razón de la eutanasia surge cuando el miedo al dolor o la muerte es superado por el miedo a la propia vida porque es inaceptable. 

¿Vive con entusiasmo el movimiento feminista?

Las mujeres lo han tenido siempre muy mal, desde el neolítico, cuando los hombres le robaronn a las mujeres la agricultura y ellas pasaron a ser elementos sucedáneos. Se les negaron todos los derechos y los adquirieron muy difícilmente. Las mujeres han sido los últimos esclavos. He trabajado en equipos mixtos, salvo una época en la que solo había hombres, y en esa época no me encontraba feliz. Las mujeres tienen que ser elementos centrales en todo. 

¿Está de acuerdo con las cuotas de género? 

Soy declaradamente partidario de esa paridad en la política. La igualdad entre hombres y mujeres se hará efectiva y progresará muy deprisa cuando haya exigencia de paridad. Porque desde que hay paridad en la política las cosas funcionan mejor, pero no solo para las mujeres, también para los hombres. No es que sea feminista, es que soy muy egoísta y veo que nos va mejor. 

Le habrán preguntado mil veces, pero cuénteme lo de su barba

Yo era barbilampiño, en mi familia somos así. Mis compañeros se afeitaban todos los días y en la carrera decidí que me tenía que afeitar los sábados. Pero era una desgracia. Usé cuchilla, navaja barbera… Mi piel no toleraba aquellas abrasiones y estaba lleno de rozaduras. Cuando empezó a crecerme pensé que la solución es que no me afeitara, y tardó años y años en crecer. Es una gran ventaja, frente afeitarse, usar gel de baño. Aunque tiene inconvenientes, como comer sopa. 

¿Le parece un esperpento haber llegado a repetir las elecciones?

Siento una enorme frustración. Como ciudadano siento un profundo dolor, porque se nos ha hecho un daño tremendo y no es entendible. La Constitución dice que hay que otorgar a la nación un gobierno. Y si los parlamentarios no cumplimos, ¿para qué demonios valemos? Habrá explicaciones que nos justificarán, pero no se puede entender. Como político siento una enorme vergüenza. Nos afecta a cada uno y a la institución en pleno. Han tenido la culpa todos, no todos como nadie, sino como todos y cada uno. Esto genera una quiebra entre el pueblo representado y sus representantes y una desconfianza absoluta sobre su necesidad o su utilidad. O se corrige o el sistema representativo queda en quiebra. 

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