Perfil José Ángel González, ex-DAO de la Policía
Comisario Jota: la Policía de siempre en un “Gobierno de rojos”
Los aspirantes a mandar en la Policía Nacional cuando se produzca un probable cambio de Gobierno llevan tiempo tomando posiciones. Observar las corrientes marinas que agitan estos meses el pequeño océano de los comisarios ayuda a entender el arribismo en el Cuerpo. Nunca se sabe quién puede dar tu nombre al próximo ministro del Interior o qué sobremesa frecuentaste que ahora va a encumbrarte. Hay nombramientos cantados y otros improbables, como el de José Ángel González, conocido internamente como Jota, director adjunto operativo desde 2018. Antiguo teniente de la Policía armada, primera línea de los antidisturbios en tiempos, Jota reinó hasta el martes por la tarde en la Policía de un “Gobierno de rojos”. Sin ser él nada de eso.
La denuncia por violación de una subordinada, acompañada de las coacciones que le habrían seguido, ha puesto fin a la carrera de Jota. De la promoción del 84, como de tantas otras, todos salían con un mote. Algunos lo conservan durante su carrera. A otros se les cae en el ascenso y pasan a ser llamados por su apellido. Pero Jota lo conserva. A fin de cuentas, él no llegaba de los despachos, ni de la investigación: José Ángel González será siempre “un botas”, como se conoce en la Policía a los antidisturbios. “Siempre estaba en primera línea cuando había que intervenir, como en las huelgas de los mineros, dando la cara. Su gente lo idolatraba”, le alaba un antiguo compañero que pide no ser citado.
Fernando Grande-Marlaska había conseguido con el comisario González y con el director general de la Policía, el socialista Francisco Pardo, su objetivo: que nadie supiera quiénes eran. Y eso, a pesar de ser los responsables de 80.000 funcionarios públicos con placa y pistola. Cuando se preguntaba al ministro por ellos, Marlaska aludía al perfecto desarrollo de acontecimientos internacionales que son competencia de la Policía, como la Cumbre de la OTAN celebrada en Madrid en 2022, un arriesgado escaparate para el país.
El ministro niega taxativamente que Pardo y González hubieran sido tolerantes con las expresiones radicales que se prodigan en la Policía desde el proceso soberanista en Catalunya, pese a las evidencias en redes sociales y medios de comunicación. Los expedientes disciplinarios se anuncian a partir de los escándalos en la prensa y luego se les pierde la pista. Rara vez concluyen en una sanción relevante. Tampoco se les podía preguntar por ello. Ni Pardo ni González daban ruedas de prensa. Como el resto de mandos del Ministerio del Interior. Allí solo habla el ministro.
El jefe del comisario González, el manchego Francisco Pardo, fue secretario de Estado de Defensa con José Bono y una persona unida fuertemente al exministro y antiguo presidente del Congreso. A Pardo le gusta repetir una cita que se atribuye a San Vicente de Paúl: “El bien no hace ruido y el ruido no hace bien”. Y así fue en la Dirección de la Policía, con el tándem perfecto entre Paco Pardo y Jota. Hasta que trascendió el martes la denuncia por violación contra el DAO. Este miércoles, Pardo reunió a la cúpula de la Policía para impartir directrices a raíz del escándalo. En privado, jura que desconocía la denuncia contra su 'número dos'.
La tibieza de Pardo y González con los ultras de la Policía ha permitido que estos proyectaran su ruido hacia fuera. El máximo exponente es Jupol, sindicato con mayor afiliación, que frente a un grave caso de violencia sexual contra una compañera ha decidido fijarse en el ministro del Interior, del que no hay hasta ahora un solo indicio de que conociera la denuncia contra José Ángel González.
Las notas de prensa y las declaraciones de Jupol suelen dar pistas de las iniciativas que van a seguir PP y Vox en materia de seguridad. En el caso de la agresión sexual a la mujer policía, el sindicato anticipó el martes por la tarde la bronca sesión de control al Gobierno que protagonizaría la derecha y la ultraderecha parlamentarias a la mañana siguientes. González estaba amortizado y Pardo no tiene relumbrón mediático. Había que volver a hacer política y Jupol se apresuró a exigir la dimisión del ministro.
Copa de balón y “a sus órdenes”
Pero volvamos a la Policía. Sin dejar la política. González habría cometido la violación borracho de poder, al cumplir siete años en el cargo. En él había permanecido por su habilidad para “no hacer ruido”. Tanta habilidad como para que el Gobierno incluyera en un decreto ómnibus un cambio legal para que siguiera en el cargo cumplidos los 65. Pero cómo pudo llegar a DAO de un Gobierno progresista un mando sin preparación, sin experiencia en la investigación y sin perspectiva global de la seguridad. Jota, un comisario de toda la vida. De copa de balón y un “a sus órdenes”. Para explicarlo hay que remontarse a la convulsa primavera política de 2018.
El inesperado éxito de la moción de censura sorprendió al PSOE sin un banquillo organizado para tomar el relevo. El Gobierno de Zapatero había encumbrado al único (y reducido) grupo de comisarios afines decididamente al partido, un grupo de jóvenes que en la transición tuvieron la quijotesca idea de ingresar en el Cuerpo para cambiar el régimen desde dentro. Pero cuando llegó Pedro Sánchez su momento ya había pasado. Y tampoco estaba Alfredo Pérez Rubalcaba, quien en su etapa logró recabar adhesiones inquebrantables de coroneles y comisarios dispuestos a olvidar su adscripción ideológica por admiración al personaje.
Rubalcaba y su equipo optaron por recomendar a los colaboradores de Sánchez a un comisario que había trabajado con ellos, con idiomas y experiencia en áreas clave. Pero ese comisario tenía una titulación universitaria en el mismo máster que Cristina Cifuentes, como muchos otros mandos por el requisito que impuso el PP para poder detentar cargos de importancia. En 2018 aquel título manchaba.
Entonces, otro policía comisario, amigo de Zapatero, habló al expresidente de José Ángel González. El nuevo Gobierno no tenía mucho donde elegir y Jota se le presentaba como un comisario “dócil”. Esa característica le ha valido para mantenerse ocho años al frente de la Dirección Adjunta Operativa de la Policía de un Gobierno socialista. Un observador privilegiado de varias generaciones de mandos policiales lo describe gráficamente: “Los comisarios son de quien haga falta con tal de mandar. Como si hace falta hacerse de Podemos”.
El arribismo en la Policía experimentará en los próximos días un nuevo episodio. El puesto de director adjunto operativo saldrá a concurso y los comisarios principales que lo deseen tendrán un plazo de una semana para presentarse. La pregunta es cuántos dejarán su nombre por escrito para aspirar a DAO de la Policía con un Gobierno al que anticipan pocos meses de vida. “La peregrinación a Génova es constante”, asegura otra voz autorizada en el Cuerpo.
El ascenso hasta la cumbre policial de un mando de la Unidad de Intervención, como José Angel González, tiene un aciago precedente. Cuando el Partido Popular llegó al Gobierno en 2012, la calle ardía por la crisis económica. En Génova optaron por Eugenio Pino, que había comandado a los antidisturbios de toda España. Siendo DAO (director adjunto operativo), Pino organizó una brigada política contra la oposición democrática. En abril se sentará en el banquillo por sabotear la investigación judicial de la caja B del Partido Popular desde su puesto de mando en la Policía. La Fiscalía pide para él 15 años de cárcel, al igual que para el penúltimo ministro del Interior del PP, Jorge Fernández Díaz. El actual presidente del partido, Alberto Núñez Feijoó, concluyó este miércoles que la acusación por violación contra el DAO de la actual Policía es una muestra de cómo “España se cae a pedazos” por culpa del Gobierno de Sánchez.