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Diez minutos de política internacional en el debate como excusa para hablar de Venezuela, Cuba, Catalunya y las fronteras

Casado, Rivera y Abascal han aprovechado el bloque internacional para atacar a Sánchez con Catalunya y el viaje de los Reyes a Cuba

Abascal ha sido el único que ha abanderado el soberanismo patriótico frente a la integración europea, en la línea de la extrema derecha europea

Sánchez ha reivindicado el puesto de Borrell como futuro jefe de la diplomacia europea y se ha atrevido a aventurar la entrega de Puigdemont por parte de Bélgica

Iglesias, por su parte, ha reclamado protección social frente a las multinacionales

GRAF2880. MADRID, 04/11/2019.- Los candidatos a la presidencia del Gobierno, (i-d) Pablo Casado, Pedro Sánchez, Santiago Abascal, Pablo Iglesias y Albert Rivera, momentos antes de comenzar el debate electoral que tiene lugar este lunes en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid, y que será moderado por los periodistas Ana Blanco y Vicente Vallés.

Los candidatos a la presidencia del Gobierno, (i-d) Pablo Casado, Pedro Sánchez, Santiago Abascal, Pablo Iglesias y Albert Rivera, momentos antes de comenzar el debate electoral que tiene lugar este lunes en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid, y que será moderado por los periodistas Ana Blanco y Vicente Vallés. EFE/Juan Carlos Hidalgo

Diez minutos cuando ya habían pasado dos horas y media de debate: en torno a las 00.25 llegó el bloque internacional. El Brexit lleva meses en un laberinto, la futura Comisión Europea está atascada; los equilibrios geopolíticos del sistema mundo están en cambio continuo. Pero fue fugaz, prácticamente dos minutos por interviniente y, sobre todo, fue una excusa para el raca-raca habitual de la política española: Catalunya, Venezuela, Cuba y las fronteras. Junto con un discurso soberanista patriótico frente a la integración europea de Santiago Abascal (Vox), en la línea del brexiteer Nigel Farage, la extrema derecha de Marine Le Pen y Matteo Salvini; los ultraconservadores húngaros de Viktor Orbán o los gobernantes polacos del PiS.

Abascal no se ha encontrado con una réplica, salvo una de Casado en clave española –"estar en Europa es bueno para la unidad de España"–. Quizá porque el resto de participantes sepan que, de momento, es un discurso con poco éxito electoral; quizá porque no la tenían preparada; quizá porque piensen que la integración europea no necesita defensa. Sea lo que fuere, Abascal sentenció: "La UE burocrática no representa a Europa".

El líder de la extrema derecha española fue quien más habló de la UE, para criticarla, eso sí. Casado y Rivera, por su parte, prefirieron golpear a Sánchez con la omnipresente Catalunya, con la eterna Venezuela y con la histórica Cuba. 

Sánchez presumió de Josep Borrell como futuro jefe de la diplomacia de la UE, y de que la cumbre del clima se vaya a celebrar en Madrid en lugar de en Chile por la crisis interna que vive el país. Y también de la reducción de los flujos de migrantes: "Con nosotros llegó la política migratoria. Se ha reducido en un 50% la migración, dialogando con los países de origen".

En línea con la extrema derecha europea, Abascal acusó "a las élites de Bruselas" de querer "inmigración masiva y la islamización. Antes era un club en el que se quería entrar y ahora es una secta que persigue a quien quiere salir. El multilateralismo nos ha llevado a la indefensión".

Rivera reclamó un Gobierno a la altura de los "500 millones de hispanohablantes". Y preguntó: "¿Dónde está en Venezuela? Somos iberoamericanos, hay que ser valiente con los dictadores vivos, no sólo con los muertos [en alusión a la exhumación de Franco]".

En la misma línea, Pablo Casado acusó a Sánchez de connivencia con los "jerifaltes chavistas" por "mandar a los reyes a Cuba", y le ha afeado que "no diga nada de Nicaragua". El viaje de los reyes llega después de que hayan viajado líderes internacionales como el presidente francés, Emmanuel Macron, el papa Francisco, el presidente Sánchez y se produce en el ámbito de la celebración de los 500 años de la fundación de La Habana por parte de los españoles. 

Abascal también golpeó en ese flanco –"ha mandado el rey a Cuba, a hacerse una foto con Maduro y Ortega– y Rivera –"es valiente con los dictadores muertos y ahora envía a los reyes a Cuba y olvida al pueblo venezolano"–. 

Casado saltó de ahí a los aranceles de EEUU a los productos españoles –si bien no dijo que era en el ámbito de la represalia comercial con la UE por las ayudas a Airbus–, al terrorismo yihadista, pasando por la prisión permanente revisable y "la seguridad en las calles". Y, de ahí, hasta el Brexit como carretera para asegurar que el PP dejó encarrilada la cosoberanía de Gibraltar; para hablar de Bruselas como el lugar en el que "ir a negociar a cara de perro por el campo y la pesca". ¿El colofón? "Arias Cañete se ha convertido en líder mundial del cambio climático". Y una guinda a Sánchez: "¿Por qué no arregla los disturbios en Catalunya? ¿Por qué no lleva a Barcelona la cumbre del clima?"

El líder de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, afeó al resto sembrar el bloque internacional del debate catalán, y reclamó "protección y seguridad" ante las incertidumbres: "La desaceleración y la guerra comercial". Así, Iglesias pidió "proteger al taxi frente a las empresas que no pagan impuestos en España; poner límites a fondos buitres como Blackstone que son los principales caseros de España. Dar seguridad a la gente frente a las inseguridades. Proteger a trabajadores, contar con elementos soberanos, que no es tener banderas, sino banca pública y una empresa pública de energía".

En sentido contrario, Rivera ha pedido más acuerdos comerciales como el CETA con Canadá –que ya se están alcanzando entre la UE y otras regiones, como Japón y Mercosur–. "Comerciar es lo que trae civilización y riqueza", aseguró el líder de Ciudadanos.

Sánchez aprovechó el bloque internacional, a su vez, para hacer promesas. La más complicada, porque está en manos de la justicia belga y no del Gobierno de España, ha sido dar por hecha la extradición de Carles Puigdemont –la vista ante el juez belga es el 16 de diciembre–, "traerlo de vuelta para que rinda cuentas".

Iglesias ha reprochado en este punto a Sánchez que la extradición de  Puigdemont "no depende de que haya un presidente u otro", e insistió a Sánchez en buscar un gobierno "de coalición y progreso que proteja derechos y sea un modelo desde el sur de Europa".

Sánchez no se comprometió a ese pacto que le ofrecía Iglesias, pero sí hizo otra promesa: la exhumación de las víctimas del franquismo como colofón a la exhumación de Franco y como homenaje al exilio español a México y Argentina, del que se cumplen 80 años.

Sánchez señaló a Casado y Rivera por el "cordón sanitario al PSOE" en lugar del "cordón sanitario a la extrema derecha". En la discusión se oyó un alegato de Rivera: "Macron nos defendió". Si Rivera se refería a sus pactos, la realidad es la contraria: El Gobierno de Macron desmintió haber felicitado a Rivera por sus alianzas.

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