El PP no deja de hacer regalos a Vox

8 de febrero de 2026 22:29 h

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Dos elecciones en mes y medio para apuntalar la estrategia de Feijóo contra Sánchez y dejar claro a Vox quién manda aquí. Dos fracasos edulcorados por el primer puesto en votos. El PP ha tropezado dos veces en la misma piedra y eso que fueron ellos los que compraron la piedra. Empezó apostando a la condición de favorito de Jorge Azcón y confiado en la debilidad de Pilar Alegría y acabó pidiendo ayuda a Vito Quiles. Solo le faltó invitar al alcalde de Móstoles.

Al igual que en Extremadura, el PSOE tendrá que armar un discurso basado en lo que no ha conseguido el PP, porque sus propios resultados no admiten lecturas positivas de ningún tipo. Vuelve a repetir en Aragón el destrozo de las elecciones extremeñas, pierde cinco puntos y repite el peor resultado en la comunidad con 18 escaños. Esta vez no puede culpar a un candidato como Gallardo que inicialmente no contaba con las bendiciones de Moncloa. La factura lleva el nombre de Pedro Sánchez.

Ya no hay margen para camuflar el análisis. Alegría fue elegida personalmente por Sánchez y enviada a una derrota segura. Su campaña en ningún momento dio muestras de remontar los pronósticos. Lo peor para los socialistas es que el escenario puede repetirse en los próximos meses en Castilla y León y en Andalucía. La hemorragia de votos continuará y esta vez será complicado que esa tendencia pueda revertirse cuando lleguen las elecciones generales.

Mientras tanto, la izquierda continúa con su depresión colectiva. La Chunta Aragonesista (CHA) tuvo un claro éxito subiendo de tres a seis escaños con un 9,7%. La imagen de conjunto revela un descenso constante. En las elecciones de 2015, la suma de Podemos, CHA e IU alcanzo el 29% en Aragón. Ahora no llegan juntos al 13%. Podemos desaparece y no llega al 1%. IU-Sumar se queda por debajo del 3% con el partido de Alvise Pérez pisándole los talones. Con estos números sobre la mesa, los debates sobre la unidad de la izquierda pierden bastante valor.

Cuantas más dudas tenía el PP sobre las posibilidades de Azcón de acercarse a la mayoría absoluta, más radicalizada estaba su campaña. No había aprendido sobre esta legislatura en la que el encanallamiento en su estilo de hacer oposición ha ido en paralelo con el ascenso de Vox en los sondeos. El PP anuncia a los españoles que Sánchez es un peligro para España poniendo la política en niveles radiactivos y los votantes de derecha responden aumentando sus preferencias a la extrema derecha.

Cuando Feijóo dijo en la campaña aragonesa que “hay que poner el cabreo a trabajar, no a bloquear”, ya era demasiado tarde. La gente cabreada con todo no está pensando en trabajar. Prefiere mostrar su apoyo a los que están más enfurecidos y ahí Vox lleva ventaja por mucho que Miguel Tellado haga lo posible por sonar como si fuera el mejor amigo de Abascal.

En campaña, el PP tuvo tiempo para intentar aplicar a Vox en Twitter el mismo tratamiento abrasivo que dedica a Sánchez y al PSOE. Una pelea en redes sociales con la que atizar golpes bajos. “Hasta aquí hemos llegado”, dijo la cuenta del PP en redes, curiosamente repitiendo una de las frases más duras que dedicó Pablo Casado a Vox cuando Abascal presentó su moción de censura. Solo sirvió para confirmar los análisis aparecidos en los medios de comunicación que decían que el PP había entrado en estado de pánico al ver los resultados de sus encuestas internas.

Feijóo hizo campaña en Aragón con el mensaje de que había que votar contra “el bloqueo”, lo que responsabilizaba a Vox por no haber apoyado los presupuestos. Lo que ha conseguido Azcón con la convocatoria electoral es que Vox doble sus escaños con el 17,8% de los votos y salga fortalecido y, por tanto, con más ganas de hacer sufrir al presidente o poner un precio muy alto a su apoyo. La búsqueda de la mayoría absoluta se convirtió en una pérdida de dos escaños.

Antes de las elecciones, José F. Peláez, columnista de ABC, se preguntaba por la complacencia de la dirección del PP ante Vox y su error al no ver que los adelantos electorales solo sirven para hacer crecer a Vox y frenar al PP: “¿Qué más tiene que hacer Vox para que el PP se dé cuenta de que no son sus socios sino sus rivales? ¿Qué niveles de ingenuidad hay que tener para esperar honestidad de un partido cuyo único objetivo es dividir al PP, destruirle y finalmente sustituirle?”.

El Partido Popular decidió hace tiempo que sumará la mayoría absoluta con Vox en unas elecciones generales y que Abascal no tendrá más remedio que apoyar sin rechistar a Feijóo en la investidura, los presupuestos y todas las leyes importantes. Es una premisa que se apoya en sus deseos que ni siquiera se ven alterados cuando Vox desprecia al PP de todas las formas posibles. Solo hay que ver cómo está tratando a María Guardiola en Extremadura.

Los dirigentes del PP siguen con sus historias, las mismas que benefician al discurso de Vox. Azcón hizo bromas con el parador de Teruel al pedir al Gobierno central que haga una reforma total del edificio solo porque Ábalos estuvo por ahí. Tellado elogió a Vito Quiles, un agitador de la extrema derecha al que el PP invitó a su mitin final, y le llamó “valiente”. Isabel Díaz Ayuso denunció “la islamización de Europa”, como si eso fuera a producirse, calcando el mensaje xenófobo y racista de Vox.

Contra lo que pueda parecer, el objetivo declarado del PP no es fortalecer a Vox ni validar su mensaje antitodo, pero esa es la impresión que dan. Es exactamente lo que ha ocurrido en Extremadura y Aragón.