Quince días sin tregua: Zapatero, Ábalos, Cerdán y el juicio a su hermano asfixian a Sánchez en los tribunales
De cuantas lecciones haya aprendido Pedro Sánchez desde que puso un pie en la Moncloa, hay una que le quedará marcada a fuego para los restos: no confiar nunca en que ya pasó lo peor. Hace justo un año, cuando el escándalo de Santos Cerdán hizo temblar los cimientos del Gobierno y del PSOE, muy poca gente pensó que el presidente pudiera sobrevivir políticamente. Incluso él lo dudó. Y cuando se sobrepuso, nadie imaginó entonces que pudieran existir montañas más escarpadas que coronar. Pero la imputación esta semana de José Luis Rodríguez Zapatero volvió a validar la premisa principal de los pesimistas. Es decir, que todo, siempre, es susceptible de empeorar.
Referente destacado de un partido con 140 años de historia, faro de la izquierda y escudero principal del presidente del Gobierno, la caída en desgracia de Zapatero por, presuntamente, “liderar una estructura estable y jerarquizada de tráfico de influencias”, pone en jaque otra vez al PSOE. En las próximas dos semanas, Sánchez afrontará sin solución de continuidad la declaración ante el juez del expresidente, el juicio a su hermano, la sentencia a José Luis Ábalos y la investigación patrimonial de Santos Cerdán. Un tsunami en los tribunales que volverá a acorralar la acción política del Ejecutivo para dejarla a merced de los vaivenes judiciales.
El ánimo entre las filas socialistas lo describía esta semana en el Congreso una dirigente del partido con una metáfora macabra. “Nos han cortado un brazo, luego el otro, luego las piernas. Nos faltaba el tiro de gracia”. La determinación del Ejecutivo es achicar agua. Día a día. Sin muchos más planes que sobrevivir a los sobresaltos de las siguientes 24 horas. Aunque nadie atisba ahora la rendija de supervivencia que siempre supo encontrar Pedro Sánchez en los peores momentos para escapar de un horizonte en el que muchos ya temen la tormenta perfecta: condena durísima a Ábalos, condena al hermano del presidente, complicaciones para Santos Cerdán y un laberinto judicial nada halagüeño para Zapatero. “¿El futuro puede ser peor? Siempre. Pero ese pensamiento es paralizante, así no se puede vivir. Así que paso a paso, toda la cautela y vamos a ver qué pasa en los próximos días”, resumen en la Moncloa.
El primer sobresalto se espera este mismo lunes, cuando es previsible que vean la luz nuevos detalles del sumario del ‘caso Zapatero’. La sensación de ‘shock’ de las primeras horas tras su imputación ha dado paso a un ánimo generalizado de que, más allá de su horizonte judicial, el expresidente ha llevado parte de su actividad profesional a un terreno muy pantanoso, con vínculos evidentes con entornos empresariales poco ejemplares. Algo que ya resultará, al menos desde la mera ética política, difícilmente defendible pase lo que pase.
El principal temor es que ese sumario o los informes de la UDEF aporten pruebas contundentes sobre el presunto comportamiento delictivo del expresidente. En el PSOE aún da pavor recordar la documentación que aportó en su día la Guardia Civil con Cerdán, en forma de conversaciones, fotos o pantallazos que dejaron al número 3 del PSOE contra las cuerdas. Y nadie quiere ni imaginar algo parecido en el caso de Zapatero.
En cualquier caso, el Gobierno defiende con uñas y dientes que, de existir esa pruebas, nada pueden tener que ver con el rescate de Plus Ultra. El Ejecutivo se ha lanzado esta semana a dar detalles de esa operación de ayuda a la aerolínea, consumada en el marco de otros préstamos otorgados en idénticas condiciones por la crisis de la Covid, para intentar desterrar una idea que ya había puesto en liza la oposición: que si Zapatero consiguió influir en las ayudas a Plus Ultra para cobrar una comisión, solo pudo hacerlo en connivencia con el Consejo de Ministros de Pedro Sánchez. “La adjudicación de los préstamos se basa en un marco reglado donde no cabe la discrecionalidad”, ha salido al paso Moncloa, que insiste en que Plus Ultra cumplía con todos los requisitos para ser beneficiaria del rescate, justo lo contrario de lo que piensa el juez.
Por lo que cruzan los dedos en el Gobierno y en Ferraz es por que la defensa de Zapatero, que trabaja con un prestigioso equipo de abogados de cara a su declaración del 2 de junio, sea lo suficientemente sólida como para desbaratar la línea de puntos que traza el juez en su auto. Una línea que va de los casi 700.000 euros cobrados por él mismo y por la empresa de sus hijas por trabajos que José Luis Calama ve dudosos y poco acreditados hasta las empresas a las que facturaba, investigadas por blanqueo de capitales y beneficiarias de dinero público del Gobierno de España.
La única esperanza en las filas socialistas es que no exista esa documentación probatoria contundente que acredite lo que piensa el magistrado de la Audiencia Nacional: que ese dinero cobrado por Zapatero y sus hijas era, en realidad, una comisión ilegal que recompensaba su influencia en decisiones de administraciones públicas. De conseguirlo, Sánchez y su equipo se muestran bastante convencidos de ser capaces de volver a remontar lo que ahora parece imposible. Y de salvaguardar un legado político, el de la figura de José Luis Rodríguez Zapatero, del que los socialistas de toda condición presumen con orgullo.
Lo que sí se da por hecho es que la condena que se conocerá en los próximos días a José Luis Ábalos, ex número tres de Ferraz, será muy dura, algo que el Gobierno da por amortizado. Nadie confía tampoco en que el hermano del presidente salga absuelto tras una causa que el Ejecutivo sí enmarca en la campaña orquestada del “que pueda hacer que haga” que denuncia Ferraz. Pero lo único que quita el sueño a estas alturas es la posibilidad real de que la situación procesal del expresidente se complique y amenace con convertirse en otra vía de agua inabordable.
Nadie en el PSOE quiere oír hablar de una decisión de prisión preventiva para Zapatero, una imagen improbable pero que pesaría como una losa histórica en el socialismo y tendría consecuencias devastadoras para el conjunto de la izquierda. Así que la opción, por ahora, es contener la respiración a la espera de noticias. Con la nostalgia de aquellos tiempos lejanos en los que, allá por el pasado lunes, el mayor de los problemas de Pedro Sánchez era gestionar la derrota electoral de Andalucía.