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Sevilla homenajea a las víctimas del franquismo frente a la Macarena: “No es democrático que haya miles de personas en cunetas y fosas”

Carlota Luna, nieta de un militar fusilado por los golpistas en los albores de la Guerra Civil

Sara Rojas

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Con la mirada empañada, Carlota tararea el himno de la resistencia partisana mientras sostiene entre sus manos la foto de su abuelo Rafael Luna. Se lo ha llevado consigo al acto de homenaje a las víctimas del franquismo, organizado en la Macarena por Sevilla por la República y respaldado por otras asociaciones memorialistas de la capital andaluza y Málaga, 86 años después de que se produjera el golpe militar franquista contra el gobierno legítimo del Frente Popular. Un día en el que Rafael, militar jubilado y padre de nueve hijos, “se presentó en el cuartel para echar una mano” en un gesto generoso que sentenció su muerte y la “ruina” de su familia.

Al mes, los sublevados “lo fusilaron en la tapia del cementerio” y creen que su cuerpo yace en la fosa de Pico Reja. “Dejaron a mi abuela sin paga y con nueve hijos”, lamenta Carlota. “Mi padre estaba estudiando y tuvo que ir de voluntario con los mismos que habían matado al suyo”, prosigue en un esfuerzo por contener el nudo que aflora al recordar el sufrimiento de su familia. “Los hundió por completo”, los condenó a vivir con “miedo de por vida” y a ser esclavos del silencio, cuenta con la voz quebrada por la emoción.

La historia de Carlota es la de tantas víctimas de la represión franquista que aún libran una lucha en busca de sus familiares asesinados y, todavía, desaparecidos. Como ella, cientos de personas han acudido al encuentro celebrado “para exigir una vez más que se abra definitivamente el proceso de verdad, justicia y reparación”, como ha anunciado Juan Manuel García, de Sevilla por la República, antes de proceder a la lectura del manifiesto. “No es democrático, no es justo y, sobre todo, no es digno que haya miles de personas tiradas en las cunetas y las fosas comunes”, prosigue este activista por los derechos democráticos antes de concluir: “por eso hemos venido aquí a gritar un año más que el fascismo no pasará”.

“Fuera Queipo de la Macarena”

Junto al monolito erigido a los pies de las murallas “ante las que cientos de hombres y mujeres fueron asesinados por la barbarie fascista organizada por el general Queipo de Llano”, también se encuentra José Luis C. Márquez. Ha acudido acompañado de su hija para llevar un ramo de claveles buganvilla. Su familia no sufrió la represión - “no eran de izquierda, no eran de nada” - pero asegura que su generación, la de los 50, sí padeció el miedo y la tortura. Aun así, explica que ha asistido “por solidaridad” y porque su amigo y compañero militante sindical Miguel Guerrero le ha pedido que lo hiciera, ya que él no podía ir y quería homenajear de alguna forma a su abuelo, uno de los mineros de Huelva traicionados en 1936.

Al término de la lectura del manifiesto, en el que la entidad convocante ha dejado patente que “la lucha por la democracia” continúa en aras de “poner fin a la impunidad fascista”, se ha llevado a cabo una ofrenda floral en el monolito, junto al ramo de José Luis. Culminado el acto de homenaje a las personas fusiladas y represaliadas por el franquismo, los asistentes se han desplazado hasta las puertas de la basílica de la Macarena para exigir, un año más, que los restos general franquista Gonzalo Queipo de Llano y su auditor de guerra, Francisco Bohórquez, salgan del templo macareno.

Al respecto, fuentes de la Hermandad de la Macarena indican a elDiario.es Andalucía que “la familia” de Gonzalo Queipo de Llano “sigue sin ningún movimiento” respecto al traslado de sus restos al columbario, que fue bendecido en noviembre de 2020 y ya es posible utilizarlo. Con todo, la nueva Ley de Memoria Democrática se perfila a ojos del movimiento memorialista como una nueva “herramienta” para conseguir este fin.

Una ley de luces y sombras 

Para Paqui Maqueda, presidenta de la asociación nuestra memoria de Sevilla y familiar de varias víctimas, se trata de “uno de los mayores símbolos fascistas” que quedan hoy en Andalucía y que “incumple la Ley de Memoria Histórica andaluza”. En declaraciones a este periódico, espera que este sea el último año que se concentran frente a la Macarena para reclamar esta reivindicación. La reciente aprobación en el Congreso de la nueva ley estatal de Memoria Democrática tiene mucho que ver con estas esperanzas. Porque en su artículo 37, el texto legislativo establece que en el “procedimiento de eliminación de elementos contrarios a la memoria democrática”, “la administración competente” podrá acometer la retirada “subsidiariamente”.

A tenor de lo expuesto, Paqui reconoce que le ha emocionado leer “una ley llena de aciertos” que devuelve “a la sociedad civil y al movimiento memorialista muchas de las reivindicaciones” que históricamente han pedido. “Pero también tiene sus sombras”, apunta poniendo el foco en que “no deroga la Ley de Amnistía” y en que “tiene que estar suficientemente dotada económicamente y reglamentada” para que se pueda avanzar de manera efectiva en la senda de la justicia democrática. Algo que también celebra José Luis. “Todo lo que sea tratar de subsanar, dignificar un poco a esas personas” es bienvenido, toda vez que la “la injusticia ya está cometida”, defiende.

La celebración con “orgullo”

Se abre así “un horizonte muy esperanzador”, reforzado con las últimas declaraciones del alcalde de Sevilla. Preguntado por esta cuestión durante una convocatoria de prensa, Antonio Muñoz ha hecho suyas las palabras del hermano mayor de la Macarena para garantizar que el Ayuntamiento “cumplirá los dictados del texto legislativo”, que todavía podría sufrir algunas modificaciones tras pasar por el Senado. Asimismo, el regidor de la ciudad hispalense ha manifestado su convicción de que “tarde o temprano” los restos del genocida saldrán del templo macareno. “Y yo espero que sea cuanto antes”, ha remarcado.

Por todo ello, Paqui conmemora el 18 de julio desde el orgullo. “Es un día de tristeza, de echarlos de menos, pero también de orgullo porque fueron nuestros familiares los que, con los pocos recursos que tenían, hicieron frente al monstruo del fascismo en las calles”, recuerda emocionada. Y aunque asegura que seguirá llorando a sus familiares, siente que conforme pasa el tiempo, cada vez es más optimista y ve “más cerca el final” de su lucha.

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