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Acosados por los pesticidas y cazados por su canto: proteger los jilgueros es cuidar lo cotidiano

Un jilguero posado sobre un cardo.

Raúl Rejón

17 de abril de 2026 22:22 h

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Acosado por los pesticidas y atrapado a miles por su canto durante años, el jilguero, el pájaro más vistoso de España, lleva años declinando. Como son muchos parecen inagotables, pero sus poblaciones van para abajo. Salvarlos supone cuidar de lo cotidiano.

“Es ubicuo”, explica el técnico de SEO/Bird life, Luis Martínez, para explicar su popularidad mientras pasea por el parque forestal de Valdebebas en la ciudad de Madrid. Un vecino casi universal. De hecho, se trata de una de las aves más comunes y reconocibles. Tanto como para lucir numerosos nombres. Si no te suena jilguero, a lo mejor lo conoces por colorín, cardelina, sirguero, golorito o sietecolores. Son todos el mismo Carduelis carduelis. El pájaro del cardo.

Su popularidad le hace ser un ejemplo perfecto para ilustrar las amenazas que los pájaros afrontan derivadas de las actividades humanas: desde la destrucción de sus hábitats hasta la captura indiscriminada. Su defensa es la protección de lo cercano. Por eso ha sido elegido el ave del año 2026 por la SEO/Birdlife.

No dejarse engañar por los números

Esta historia se genera en un parque periurbano madrileño, pero valdría lo mismo hablar de un solar en Sevilla u otro jardín cualquiera. También cuadra en las llanuras de cultivo en Ciudad Real o campos abiertos de Castilla y León. En Canarias y en las Balears.

“No hay que esperar a que la especie esté ya en peligro de extinción para protegerla”, comenta Luis Martínez mientras prepara el telescopio para fisgar alguna pareja de jilgueros. “Lo suyo es poner medidas cuando se detecta que las poblaciones pueden estar reduciéndose”. Estos pajaritos, por su propia naturaleza, suman millones de ejemplares. A simple vista, a nadie –no interesado– puede parecerle que jilgueros (o serines, gorriones y verderones) puedan atravesar una mala racha. Parece contraintuitivo hablar de declive si puedes estimar que hay 15 millones de estos pájaros.

Sin embargo, no hay que dejarse engañar. “Tenemos el ejemplo de la paloma migratoria americana, apunta Martínez. La Ectopistes migratorius fue en su momento el ave más abundante de Norteamérica –se estima que había entre 3.000 y 5.000 millones de estas palomas–, pero, en tan solo un siglo se extinguió. Martha, el último ejemplar, murió en el zoológico de Cincinnati el 1 de septiembre de 1914.

Un jilguero en vuelo

La caza comercial masiva y la degradación de su hábitat unidas a una pobre variedad genética acabaron con una especie en 100 años cuando tenían en sus alas una historia evolutiva de decenas de miles. Estaban adaptadas a vivir en grandes bandadas, pero, cuando sus grupos se hicieron más pequeños de manera brusca, no pudieron soportarlo. Su caso ha demostrado que, incluso las poblaciones grandes y estables están en peligro por cambios ambientales repentinos.

El jilguero, según SEO, ha padecido un declive del 20% entre 2002 y 2023. No es el único. La Agencia Europea del Medio Ambiente (EEA en inglés) ha advertido de que “entre 2002 y 2023, el índice de los 168 pájaros más comunes ha caído un 15% en la Unión Europea”. El desplome insiste, es mucho más acusado en las especies agrarias –como el jilguero– que llega al 42%. “Parece improbable que esta situación se revierta para 2023. Los estados miembro deben reforzar las medidas actuales y poner en marcha nuevas para asegurarse su recuperación”.

Los pájaros son mucho más que unas plumas vistosas o un canto armonioso. “Juegan un papel crucial en el funcionamiento de los ecosistemas”, explica EEA. “Proporcionan una variedad de servicios que van desde el control de plagas a la dispersión de semillas al tiempo que contribuyen al ciclo de los nutrientes”.

Una investigación publicada en 2025 en la revista Science demostró que la extinción de aves evapora roles muchas veces insustituibles en los ecosistemas. El trabajo calculó que la humanidad ha provocado hasta ahora la desaparición de unas 600 especies de aves y que, en los próximos dos siglos, las actividades humanas pueden extinguir otras 1.300 variedades en lo que supone “una devastación masiva de biodiversidad”.

Luis Martínez detalla que los jilgueros padecen la agricultura intensiva, por el uso masivo de pesticidas y fertilizantes que destruyen sus hábitats y fuentes de alimento, además de haber sido uno de los trofeos de caza favoritos de los silvestristas (los aficionados a los pájaros cantores).

Los pesticidas les dejan sin comida, pero además, la agricultura intensiva que hace que todos los campos se pongan en cultivo al mismo tiempo y no deja espacio para parcelas en barbecho donde crecen las plantas que luego generan las semillas que comen, también les afecta.

El silvestrismo, por su parte, está parado por prohibición legal desde 2019. La Comisión Europea advirtió a España de que debía parar esta variedad cinegética que atrapa pájaros indiscriminadamente en redes colocadas en sus zonas de paso. Sin embargo, los cazadores no se han resignado y reclaman recuperar su actividad sin cortapisas. Continúa además activo un mercado negro de pajaritos cantores como el jilguero que alimenta un tráfico ilegal de aves nacional e internacional.

El parque de Valdebebas por el que vuelan estos jilgueros urbanos es un conjunto variado de matorrales, lavandas, almendros, olmos o encinas, mezclados con hierbas silvestres y toda su variedad de flores y semillas. En primavera están verdísimos. Luego pasarán a marrón y amarillo.

Este paseo genera un contraste mental con las praderas verdes uniformes de césped que permanecen como el paradigma de jardín y parque ideales en las ciudades. En realidad, son un paisaje de biodiversidad más bien pobre obtenido a precio de joya: el mantenimiento y la exigencia de agua a mansalva son un alto coste.

“Hay que entender que el marrón también es un color de la naturaleza, subraya Luis Martínez. ”Y, quizá, el que permite la biodiversidad“.

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