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Cuando los asesinatos machistas se producen en lugares públicos: “Es la escenificación de un crimen moral”

Foco
Guardias civiles durante la concentración en repulsa ante el asesinato por violencia de género ocurrido en Llanes (Asturias).

Marta Borraz

7 de agosto de 2026 22:13 h

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Viajó casi 300 kilómetros para matarla. Dámaso Fernández, de 49 años, se trasladó desde Zamora hasta Llanes (Asturias) para asesinar a Laura Cruz, su exmujer y madre de sus tres hijos. Lo hizo en el cuartel de la Guardia Civil de la localidad tras romper una taquilla y robar el arma a un compañero. Conocía bien las dependencias porque ambos eran guardias civiles y él había estado trabajando allí antes de ser destinado a Zamora, tras ser condenado por violencia machista hacia ella. Ya dentro del cuartel, se dirigió al despacho en el que Laura estaba trabajando y abrió fuego.

Es uno de los dos crímenes mortales por violencia de género el pasado miércoles, ambos en menos de 24 horas y los dos perpetrados por hombres en lugares abiertos al público: el segundo ocurrió en el centro comercial Carrefour Infante de Murcia, donde un hombre mató a su expareja en la zapatería en la que él trabajaba. Tenían una hija de cinco años en común. Pasadas unas pocas horas, el Ministerio de Igualdad confirmó ambos casos, elevando a 36 el número de asesinatos machistas en lo que va de año.

Los dos crímenes han dejado a cuatro menores de edad huérfanos, algo que es habitual —en torno a la mitad de las mujeres asesinadas tenían hijos— y comparten la circunstancia de no haber sido cometidos en el hogar, a pesar de ser lo más habitual. Según el informe del Consejo General del Poder Judicial que analizó los 1.000 asesinatos ocurridos desde 2003, la inmensa mayoría se producen en el domicilio —el 75%—, pero el resto ocurren en el vehículo, el lugar de trabajo de la víctima o en plena calle.

“No es lo más frecuente, pero sí ocurre a veces. Hay que recordar que la violencia de género es un crimen moral, no instrumental, es decir, no se consigue nada a cambio, sino que se lleva a cabo para ejercer poder, control y subordinación. El objetivo es reivindicarse, defender su imagen de autoridad y dejar claro que esa mujer 'es suya' y no va a permitir que no sea así”, explica el exdelegado del Gobierno contra la Violencia de Género y médico forense, Miguel Lorente.

De esta forma, los crímenes en el espacio público se convierten en una “escenificación” de ese papel frente a la mujer y sus decisiones y, según el experto, “mandan un mensaje” colectivo: “El agresor actúa sobre la víctima, pero muestra ante la sociedad lo que los hombres son capaces de hacer y advierte a las mujeres de lo que les puede pasar si hacen lo que ellos entienden como un desafío hacia su autoridad o control”.

En el caso de Llanes, el asesino falleció horas después al ser trasladado al hospital por los disparos recibidos cuando trataba de huir del cuartel abriendo fuego. Laura se había separado de Dámaso en 2014 y en 2019 le denunció por malos tratos. Fue condenado y se le impuso una orden de alejamiento que venció el pasado diciembre. Según El País, la mujer volvió a denunciarle y pidió nuevas medidas, pero la Justicia no vio riesgo y las denegó. Tras la condena, el Instituto Armado retiró el arma reglamentaria a Dámaso, que había recibido la notificación de que iba a ser expulsado del cuerpo tras la condena.

Por su parte, el hombre detenido en Murcia había sido condenado recientemente, en abril, y en su caso su expareja tenía medidas de protección vigentes que él se saltó. El servicio de emergencias recibió el miércoles por la tarde un aviso en el que alguien comunicaba el hallazgo de un cuerpo sin vida en la zona del almacén de Súper Rápido, el establecimiento del centro comercial en el que trabajaba el hombre.

El punto “en lo más alto”

“Normalmente decimos que la violencia se ejerce de puertas para dentro y pertenece al terreno íntimo. En estos dos casos vemos que no, que la violencia más extrema se ha provocado fuera. Llega un punto en el que si ese deseo de los agresores de que la vida de las mujeres sea de ellos y de nadie más está en lo más alto, nada importa y eso está por encima de todo”, afirma la psicóloga especializada en violencia de género Olga Barroso, autora de El amor no maltrata (Shackelton).

Concentración contra el asesinato por violencia machista perpetrado en Llanes (Asturias).

Ese punto al que se refiere la experta lo alcanzan algunos agresores machistas debido a que la violencia “no suele ser estática”. “El patrón siempre va a ir a más porque el agresor quiere más control y más dominio y para eso deben ejercer cada vez más violencia”, sostiene Barroso, que explica que, al final, hay un deseo de “poseer la vida” de la mujer “y decidir cuándo vive y cuándo no”. “No porque quiera matarla, sino porque quieren ser los que decidan sobre su vida. No soportan que ellas puedan vivir si no están ellos controlando y menos si es con otro hombre. Cuando el comportamiento de estos hombres llega a ese máximo, son muy peligrosos”.

En algunas ocasiones, este punto se entrecruza con el factor que puede precipitar la violencia: la separación. En el caso de Murcia, la denuncia y la condena eran recientes, solo de hace cuatro meses. En el de la guardia civil de Llanes, había ocurrido hace años, pero el hombre acababa de recibir la notificación de su expulsión debido a la condena firme. Una circunstancia que, según Barroso, hace aparecer la violencia como “un intento aleccionador y de castigo” debido a que el hombre siente que las decisiones de la mujer le están perjudicando pese a ser él el agresor.

Es por eso este un caso que “muestra muy bien lo estructural de la violencia machista”, cree la psicóloga. Porque ya el hombre no solo quiere que la mujer “sea para él”, sino que se venga de ella. “Solemos decir que las agresiones son el instrumento para conseguir el ejercicio del poder, pero a veces también lo son para lograr ese objetivo de que ella pague por lo que él considera que es un desacato a su autoridad. Es esto de '¿quién te crees que eres para hacer esto?'. Es un castigo aleccionador”, afirma la experta.

Para la también psicóloga especializada en violencia de género María Bilbao, el caso también cuenta con otro elemento diferenciador: el hecho de haber ocurrido en un lugar en el que están las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado “puede aumentar la percepción de indefensión de otras mujeres”. La experta lamenta, además, que las órdenes de protección como la que tenía hasta diciembre Laura “decaigan” solo por el paso del tiempo, mientras no “se desarrollan programas ni presupuesto con agresores para revertir su violencia”.

En medio de un verano en el que se han producido 12 asesinatos machistas, la experta apunta a una “cierta fatiga” en las instituciones en el abordaje de la violencia machista y cree que es momento de “repensar las estrategias”. Eso mientras se abre paso el negacionismo de un sector social y político, capitaneado por Vox, que acaba de recibir de la mano del PP las competencias en Andalucía para gestionar los servicios forenses que evalúan a las víctimas y sus hijos e hijas. La misma formación que lleva años batallando en las instituciones para derogar las leyes de violencia de género.

El 016 atiende a todas las víctimas de violencia machista las 24 horas del día y en 53 idiomas diferentes, al igual que el correo 016-online@igualdad.gob.es; también se presta atención mediante WhatsApp a través del número 600000016, y los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. No hace falta haber interpuesto denuncia ni hacerlo para recibir asistencia psicológica o asesoramiento.

En una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) y en caso de no poder llamar se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización

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