Claves para comunicar la emergencia climática: “Tenemos que hablar de las soluciones que nos hacen la vida mejor”
Al 70% de la población le preocupa mucho o bastante el cambio climático, según el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas. Con olas de calor más intensas y tempranas, días con las temperaturas más altas y noches tórridas, incendios que arrasan miles de hectáreas y ponen en peligro a poblaciones enteras, la emergencia global que supone la crisis climática es una evidencia que constata la ciencia. Los divulgadores tratan ahora de que la sociedad “una los puntos”.
Esta temática se ha abordado en el coloquio 'Descarbonizar el futuro: cómo comunicar la emergencia climática', organizado por elDiario.es en colaboración con Acciona. Un encuentro en el que se ha apostado por informar desde las soluciones y se ha trasladado un mensaje optimista: la ciencia sabe cómo paliar la crisis.
“Alarmar, meter miedo, ya no funciona”, explicaba la divulgadora Carmen Huidobro, la mitad de Climabar, quien apuesta por “las soluciones que, además, nos hagan la vida mejor a todos”, en lugar de transmitir lo sostenible “como un rollo” o una obligación. Su compañera, Belén Hinojar, reclama que esa transición se haga sin dejar a nadie atrás, incluyendo “a todas las capas, no solo a unos pocos que viven en el centro de la ciudad o que pueden comprarse un coche eléctrico” y escapando de paradojas como la 'gentrificación verde': “Que aislen los edificios y luego te echen del piso o te suban el alquiler”.
Edith Guedella, la Responsable de Sostenibilidad del Negocio de Construcción de Acciona y divulgadora científica, también coincide en esa estrategia de las soluciones. “Cuando demuestras que es factible, que se puede hacer... es cuando generas más confianza”. Esta experta trabaja midiendo la huella de carbono en un sector donde es “bastante elevada”, por lo que se centra en “poner el foco” donde esta es mayor: el transporte.
“Desde las empresas, tenemos que demostrar que las tecnologías funcionan, incorporar diseños que puedan hacer que la temperatura disminuya sin necesidad de ahora acondicionado, utilizar aerotermia y trabajar en las certificaciones que surgieron en materia de sostenibilidad”, indica. Guedella, que trabaja divulgando internamente, explica que son los trabajadores los primeros que valoran los cambios, como “el operario de las máquinas eléctricas que ve que solo tiene ventajas, no tiene ruido, ni emisiones y solo tiene que acostumbrarse a cargarla mientras se toma el bocadillo”.
Hacia afuera, la experta de Acciona apuesta por la “transparencia” y los datos frente al greenwashing. “Afortunadamente, tenemos una normativa muy exigente”, celebra Guedella, que defiende que las empresas trabajen para que “la sociedad realmente perciba que estamos aportando”, más allá de un informe de sostenibilidad de cientos de páginas.
El meteorólogo de la Agencia Estatal de Meteorología, Rubén del Campo Hernández, coincide en que aunque “los datos son abrumadores”, en ocasiones, “de tanto repetirlos no invita demasiado a la acción”. Desde la AEMET, que ha estado en el punto de mira de bulos y desinformación científica —“mucho más de lo que nos hubiese gustado”, apunta el experto—, han comprendido que generar solo información técnica ya no es suficiente: “Hemos tenido que aprender a traducir esa información, que no siempre es sencilla, y a defender el trabajo que hacen nuestros compañeros y compañeras”.
Del Campo es óptimista, porque “las soluciones ya existen”. “No tenemos que inventar una máquina que chupe CO2 o irnos a otro planeta. Las soluciones ya están aquí, lo que tenemos que hacer es implementarlas. Tengo la esperanza de que esto no está perdido y que puede hacer que las comunidades puedan vivir mejor, que nos cuidamos más y cambiar el paradigma”.
En la tarea hacen falta referentes en todos los ámbitos. “Mi abuela, a la que llevo dándole la brasa muchos años con el cambio climático, no me ha escuchado jamás”, recuerda Belén, “hasta que un día dijo que había que proteger el planeta porque los había dicho el Papa [Francisco]”. “Creía que me estaba vacilando”, bromea. Pero, con esa anécdota, descubrió que se necesitan diferentes voces: “¡Incluso a Bertín Osborne explicando que si nos quedamos sin bellotas no tendremos jamón!”
Para las fundadoras de Climabar, una de las principales barreras a la hora de difundir información sobre la emergencia climática es el algoritmo de las redes sociales, que premia aquellos contenidos que generan conversación y tienen potencial para viralizarse. Y, en ese terreno, los bulos tienen ventaja: un estudio publicado hace unas semanas señaló que las noticias falsas sobre cremas solares tienen mucha más difusión en Tiktok que la información científica sobre sus beneficios. Ellas tienen claro cómo educar al algoritmo en estos casos: “Cierra la app”.
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