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La particular "ley seca" de Sudáfrica

EFE/EPA/KIM LUDBROOK

EFE

Johannesburgo —

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Desde que comenzó su confinamiento por la COVID-19 a finales de marzo, Sudáfrica prohíbe vender bebidas alcohólicas. Es una particular "ley seca" para frenar la violencia que está dando impensadas postales a esta epidemia, desde gente que hace cerveza con piña a surrealistas robos en busca de alcohol.

"Durante 21 días, por favor, permanezcan sobrios", pedía el ministro de Seguridad sudafricano, Bheki Cele, allá por el 25 de marzo, cuando Sudáfrica se preparaba para un cerrojazo general con servicios mínimos por un plazo, en teoría, de tres semanas.

Muchos veían ya entonces excesiva la prohibición y la oposición afeaba al Gobierno su rol de "niñera" de los sudafricanos, mientras la cadena del sector de las bebidas alcohólicas -desde la producción a la comercialización- se preparaba para encajar un duro golpe, al igual que tantos otros.

El Estado, por su parte, también iba a pagar un alto precio a cambio de tratar de frenar el crimen, la violencia doméstica y las urgencias hospitalarias evitables: dejaría de percibir cantidades millonarias de los altos impuestos que aplica al alcohol (para el ejercicio 2019-2020, preveía ingresar 1.500 millones de dólares) y también sobre el tabaco, igualmente prohibido durante la emergencia.

La "ley seca" sudafricana no era una medida única en el mundo. En el África austral también prohibían el alcohol países vecinos como Botsuana y Lesoto y, en el resto del planeta, lugares como Groenlandia, México, Tailandia o Sri Lanka igualmente han estado optando por imponer distintos tipos de restricciones.

Pero las tres semanas de confinamiento inicial de Sudáfrica se extendieron a cinco y, cuando a finales de abril el Gobierno anunció las primeras flexibilizaciones para el 1 de mayo, la vuelta del alcohol era uno de los grandes interrogantes.

La respuesta del Gobierno, sin embargo, fue un rotundo no para decepción de muchos compatriotas que soñaban con saborear una copa de vino o una cerveza bien fría: había que esperar a la siguiente fase de desconfinamiento, que en principio no llegará hasta finales de mayo.

No en vano, Sudáfrica se mantenía -y se mantiene- como el país más afectado por la COVID-19 de todo el continente africano, con 12.074 casos y 219 fallecimientos.

"ATRACOS ALCOHÓLICOS" Y CERVEZA DE PIÑA

Con la prohibición del alcohol y del tabaco ha florecido un mercado negro que se practica en las esquinas o incluso de puerta en puerta, en secreto, dentro de los edificios.

A veces son líquidos destilados de dudosa procedencia. Otras, las bebidas vienen incluso de bares y almacenes paralizados que intentan hacer algún dinero.

Pero los sudafricanos más "cocinillas" también han abrazado con entusiasmo la oportunidad de hacer ellos mismos su alcohol casero.

Lo más popular es la cerveza de piña -que necesita poco más que la fruta, azúcar, levadura y un poco de paciencia para que fermente-, hasta el punto de que las ventas de este producto se multiplicaron casi por diez durante el confinamiento.

"Está bastante buena y no es muy fuerte", explica a Efe uno de estos sudafricanos que ahora tienen en sus cocinas recipientes de cerveza con piña y sidra casera y que, por si las moscas, pide mantener el anonimato.

"Cualquier cosa que sea necesaria para superar esto, la entiendo. No estoy particularmente disgustado por la prohibición si de verdad nos ayuda y reduce el crimen (...). La gente se tendrá que adaptar, todo esto es muy impredecible", expresa comprensivo este ciudadano.

Las alternativas caseras son fáciles con ayuda de recetas que se han hecho virales en el país, si bien no están exentas de riesgo. Los medios locales, de hecho, han informado del fallecimiento de una pareja presuntamente por ingerir cerveza casera.

No es, además, la única imagen ingrata que está dejando esta "ley seca". A la luz de la prohibición, han crecido significativamente los atracos y saqueos a licorerías en todo el país.

Incluso ha habido momentos de película, como el que se vivió en un hotel de la pequeña localidad de Rustenburg, donde unos atracadores se presentaron preguntando por el alcohol a punta de pistola.

"La principal prioridad era el alcohol y después querían que se les diera acceso a las habitaciones, obviamente para ver qué objetos valiosos había", explica Willie Kruger, encargado del establecimiento atracado, a la televisión sudafricana Enca.

PUBS CONVERTIDOS EN COMEDORES

"Alrededor de 400 millones de botellas de cerveza esperan en nuestros tanques. Como Asociación de Fabricantes de Cerveza de Sudáfrica (SA Brewers) no tenemos permiso para empaquetar y transportar esta cerveza a nuestros almacenes", señaló hace días Zoleka Lisa en nombre de los productores de cerveza del país.

"En los próximos días nos veremos forzados, desafortunadamente, a descartar este inventario", agregaba la directiva de SA Brewers.

El renombrado vino sudafricano -que el Gobierno sí permite exportar, para alivio de esta importante industria- y los espirituosos no afrontan tantos desafíos como las bebidas gaseosas como la cerveza, de las que Sudáfrica podría tener que desechar grandes cantidades si la paralización se mantiene a medio plazo.

Pero los costes de almacenaje sí son un problema general, en un momento en el que no se pueden compensar con ningún ingreso.A nivel de calle, sin embargo, muchos negocios basados en la venta de alcohol están reinventándose para capear la crisis y, ahora, por ejemplo, es posible pedir comida a domicilio a algunos de los pubs más populares de Johannesburgo durante la vida "precoronavirus"Otros, incluso, se han transformado para ayudar a sus comunidades. Es el caso del pub Disoufeng, del antiguo distrito de guetos negros de Soweto (suroeste de Johannesburgo), que ahora reparte sopa y pan entre los vecinos necesitados.

"Pensamos ¿qué podemos hacer por la gente de alrededor? Han estado viniendo a pedir comida, así que dijimos 'los beneficios que estuvimos haciendo en las últimas semanas, sacrifiquémoslos'", compartía Tebogo Phiri, dueño de Disoufeng, en declaraciones a Enca.

El presidente de Sudáfrica aseguró este miércoles, pidiendo aún más paciencia a sus compatriotas, que espera que la mayor parte del país pase a una nueva fase de flexibilizaciones a finales de mayo, lo que implicaría de nuevo la venta de alcohol tras unos dos meses.Pero a falta de planes concretos, la aceleración de los contagios en Sudáfrica -especialmente en las grandes capitales- mantiene el futuro de la "nueva normalidad" sudafricana en vilo.

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Publicado el
15 de mayo de 2020 - 12:33 h

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