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“El tráfico internacional de órganos humanos es una realidad palpable, no se trata de rumores”

El profesor Romeo-Casabona

Raúl Rejón

Cada año, según la Organización Mundial de la Salud, el mercado negro de órganos humanos mueve 10.000 trasplantes por los que se paga y cobra una cantidad a cambio de un corazón, un riñón o una porción de hígado. El negocio ilegal de partes vitales genera un comercio difícil de cuantificar pero que la organización Global Financial Integrity calcula en, al menos, 550 millones de euros anuales (sin descartar que llegue a los 1.000 millones).

Este 25 de marzo se firma el Convenio contra el Tráfico de Órganos Humanos del Consejo de Europa. Un marco que compromete a los estados firmantes a incorporar delitos específicos sobre esta actividad al tiempo que busca la protección de “las víctimas de este crimen”. El catedrático de Derecho Penal de la Universidad del Deusto, Carlos María Romeo-Casabona, ha participado en el comité de expertos que ha elaborado el convenio. El penalista incide en la importancia de afrontar un fenómeno que cada vez es “más palpable” y que relaciona directamente “con redes de crimen organizado internacional. No estamos hablando de casos aislados”.

¿Cómo funciona el llamado 'turismo de trasplantes'?

Es un concepto que engloba más bien diferentes conductas próximas. Una persona que está esperando un órgano viaja donde puede hallar un donante clandestino. Suele involucrar pacientes ricos que viajan a países en vías de desarrollo donde personas en necesidad, muy vulnerables, están dispuestas a vender. Aunque el tráfico abarca más delitos: puede haber incluso negocio con los cadáveres.

¿Cuál es la dimensión que han comprobado?

Al ser clandestino, es difícil ponerle unas cifras exactas. No hay unos datos 100% fiables por la misma idiosincrasia del negocio. Pero lo que no cabe duda es que no nos referimos a un trasplante aquí o allá, sino a una actividad organizada, con una red compleja que se beneficia. Una estructura dentro del crimen internacional.

¿Con sus tarifas, su oferta y su demanda?

Se habla de precios pero está todo muy atomizado. Depende de las zonas en la que se haga, de la dificultad de encontrar sujetos dispuestos. Hay muchas variables: si hay que pagar para sacar los órganos del país... es difícil de cuantificar. Se oyen precios pero es muy conjetural. Otra variable que influye es si existe un sistema público fuerte que atienda estas necesidades.

Pero es lo suficientemente grande como para merecer un convenio internacional.

Eso desde luego. Ya es una realidad bien palpable. Está más que acreditado. Es un fenómeno que está delante de nuestros ojos. En tiempos pasados se hablaba de rumores. Hoy en día se habla sobre seguro.

¿De dónde provienen los órganos que se venden en este mercado negro?

Los países donde más se dan estas prácticas son, lógicamente, aquellos que presentan una mayor vulnerabilidad social. Una población sin recursos es débil. Pueden estar tentados y pensar que vender uno de sus riñones les solventará la vida. Podemos estar hablando de zonas de India, Pakistán o Filipinas, donde también se han detectado casos. No me refiero a cosas puntuales sino a redes de delincuentes especializados. También depende de áreas donde sean más fácil viajar para los receptores, o sacar los órganos si van a hacerse los trasplantes en otro estado. O lugares en los que las infraestructuras sanitarias son más deficientes.

¿Pero quiénes están dispuestos a recibir un órganos en estas circunstancias, sin garantías?

Se trata de casos de urgencia vital. Personas a las que se les ha dado una corta esperanza de vida –sobre todo en lo tocante a órganos como el corazón o el hígado– y que tienen un tiempo máximo. Las vías legales no les satisfacen. Y a eso se le une que sean personas con altos recursos económicos. Tanto como para, incluso, no aguardar a un conducto reglado aunque no estén en situación de vida o muerte.

¿Han detectado estados específicos?

Podemos estar pensando en países del este de Europa, o estados con muy altas rentas en Oriente Próximo. Pero se han dado estas prácticas también en EEUU. Incluso saltó a la luz pública el caso de un ciudadano libanés que necesitaba un hígado y, buscando, buscando, dio con un donante dispuesto a venderle un trozo suyo en España. Lo que pasa es que luego renunció porque se trataba de un mujer y eso no lo aceptaba. Lo que no quita para que se investigue.

¿Dentro de Europa dónde se da el tráfico con más frecuencia?

Puedo poner el ejemplo de la delegación rusa que estaba preocupada por la redacción del convenio para luego poder incluirlo de manera efectiva en su legislación. Allí se encuentran con la doble vertiente. Por un lado grupos de personas con alto poder económico pero, al mismo tiempo, ciudadanos dispuestos a buscar una salida a su precariedad mediante estas prácticas.

¿Puede concretarlo?

Las autoridades desmantelaron una red en Kosovo. Una clínica situada en la capital, Prístina, pagaba un dinero a donantes vivos allí en sus instalaciones para dejarse sacar algún órgano. Entre ellos había bastantes rusos. Luego los pacientes viajaban para recibir las donaciones. Bueno, más bien se trata de ventas.

¿Qué aporta el convenio del Consejo de Europa?

Es un texto sobre Derecho penal. Es decir, la base del convenio es que se incluyen delitos sobre el tráfico de órganos. Por un lado se busca que haya un consentimiento expreso de la persona (viva) que dona o de sus familiares y por otro lado, que no haya un beneficio económico para ese donante o para un tercero. Porque eso lleva aparejado otro fenómeno muy peligroso como es el tráfico de cadáveres. Hay que tener en cuenta que en el momento de la extracción se debe tener la seguridad de que esa persona no ha fallecido por una enfermedad infecto-contagiosa.

¿También se censura la venta de órganos legalizada?

Aunque los estados tienen libertad para regularse, sí que se considera algo insolidario. Existe una visión ultraliberal en este campo que considera que la venta de órganos legal es positiva e incentiva el número de trasplantes. Por ejemplo en Gran Bretaña.

Además de redactar leyes que criminalicen estas prácticas, ¿qué muros de contención han analizado que pueden levantarse contra este tipo de negocio ilícito?

Un buen sistema público de trasplantes es una salvaguarda. No sólo porque atiende las necesidades de la población sino porque actúa como vigilante en caso de que se den focos o puntos que faciliten las operaciones ilegales. La propia OMS entiende que esta manera de trasplantar es un peligro para la salud pública. La transparencia es una herramienta perfecta. Como ocurre con los sistemas español, francés, italiano... hay buenos ejemplos.

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