La brecha salarial llega hasta la inteligencia artificial: los agentes masculinos cobran más que los femeninos por el mismo trabajo

La apariencia de los asistentes condiciona las relaciones laborales

Héctor Farrés

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Un robot de sobremesa sin rostro ni capacidad de movimiento puede hacer el mismo trabajo que un asistente con apariencia humana, pero su aspecto influye en el trato que recibe. Esta diferencia, que podría parecer una cuestión de diseño sin demasiadas consecuencias, adquiere otra dimensión cuando entran en juego la confianza y el dinero.

Los investigadores han comprobado que las personas valoran de manera distinta a los asistentes artificiales según su representación, hasta el punto de conceder mayor reconocimiento a aquellos que tienen características humanas.

Los prejuicios laborales también perjudican a las inteligencias artificiales femeninas

Una investigación de la Universidad de Limerick, en Irlanda, ha descubierto que los prejuicios de género también afectan a la remuneración de los asistentes de inteligencia artificial. El estudio, publicado en la revista científica Proceedings of the ACM on Human-Computer Interaction, demuestra que los sistemas presentados como mujeres reciben menos dinero que sus equivalentes masculinos, pese a utilizar la misma tecnología y desarrollar tareas idénticas. Los resultados plantean nuevas dificultades para las empresas que incorporan agentes artificiales a sus equipos de trabajo.

Para examinar este comportamiento, los investigadores reunieron a 189 participantes en una oficina de realidad virtual, donde debían completar diferentes actividades laborales con ayuda de asistentes artificiales. Al terminar, recibían dinero real que tenían que distribuir entre ellos mismos y los sistemas con los que habían colaborado. Este procedimiento permitió estudiar decisiones económicas efectivas, en lugar de limitar la investigación a cuestionarios sobre preferencias o actitudes ante la tecnología.

La identidad atribuida a la IA modifica su remuneración

Las diferencias aparecieron al comparar las recompensas concedidas a dos agentes que únicamente se distinguían por su presentación masculina o femenina. Johan recibió una remuneración superior a la de Johanna, que obtuvo un 10,25% menos por realizar exactamente las mismas funciones.

Los participantes también consideraron al asistente masculino más humano que su equivalente femenino. La desigualdad surgió, por tanto, entre sistemas con capacidades idénticas, sin que existiera una diferencia de rendimiento tecnológico que justificase el reparto económico.

El experimento descubrió igualmente una separación entre las preferencias que expresaban los participantes y las decisiones que adoptaban posteriormente. Muchos aseguraron que preferían interactuar con sistemas reconocibles como máquinas y que el género de un asistente carecía de importancia para ellos.

Sin embargo, sus valoraciones y recompensas económicas favorecieron a los agentes antropomórficos, especialmente a los masculinos. Esa contradicción permitió observar cómo determinadas características de presentación podían influir en el comportamiento incluso cuando las personas negaban concederles importancia.

Los asistentes antropomórficos despiertan mayor confianza entre las personas

La profesora adjunta Mary Hausfeld, de la Kemmy Business School y coautora del estudio, destacó en un comunicado de la Universidad de Limerick que “lo sorprendente de nuestros hallazgos es que la tecnología que había detrás de estos agentes de inteligencia artificial era exactamente la misma, pero las personas no los trataron de la misma manera”.

La investigadora también advirtió de que atribuir características humanas a estas herramientas puede reproducir prejuicios presentes en las relaciones laborales. Su preocupación se extiende a las decisiones empresariales sobre la apariencia y presentación de los futuros asistentes.

Johan obtuvo más dinero que Johanna por idénticas tareas

Los resultados amplían una línea de investigación que ya había examinado cómo las características humanas modifican las relaciones con los sistemas artificiales. Un trabajo publicado en 2025 en Journal of Organizational Behavior había encontrado una mayor disposición inicial a confiar y colaborar con agentes antropomórficos.

Sus experimentos también estudiaron las reacciones provocadas por el género y el temperamento de esos asistentes, con resultados diferentes según las características atribuidas a cada uno. La nueva investigación incorpora a ese debate las consecuencias económicas de tales percepciones.

Las empresas deben considerar cómo presentan a sus agentes artificiales

La creciente incorporación de agentes de inteligencia artificial como colaboradores laborales plantea decisiones sobre su representación que pueden afectar al reconocimiento de sus aportaciones. Hausfeld advierte de que la apariencia de estos sistemas influye potencialmente en la confianza que generan, en la valoración de su trabajo y en las recompensas económicas que reciben.

Estas cuestiones adquieren importancia a medida que las organizaciones incorporan asistentes artificiales a tareas que hasta ahora realizaban sus empleados. En ese contexto, la forma de presentar a estos sistemas puede influir en cómo sus compañeros humanos interpretan sus capacidades, cuánto valor atribuyen a sus aportaciones y qué lugar les conceden dentro del equipo.

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