¿Las Cartas del Cofre demostraban que María Estuardo participó en el asesinato de Lord Darnley?
La lectura de documentos antiguos asociados a figuras polémicas suele generar dudas sobre si un escrito puede demostrar por sí mismo la participación en un crimen, especialmente cuando el tiempo ha alterado su contexto original. La interpretación de ese tipo de pruebas depende de cómo se leen, quién las presenta y qué intereses rodean su aparición, lo que convierte cualquier conclusión en algo frágil y discutido.
Las acusaciones contra María Estuardo se apoyaron en esos escritos
El conjunto conocido como las Cartas del Cofre se ha entendido durante siglos como parte de un episodio en el que se intentó atribuir a María Estuardo la implicación en la muerte de su esposo Enrique Estuardo, más conocido como Lord Darnley, aunque su valor como demostración directa sigue siendo objeto de controversia histórica.
Estos documentoscontienen, según las copias que han llegado hasta hoy, tres tipos de textos: cartas personales, sonetos amorosos y contratos de matrimonio. Todo gira en torno a una idea muy delicada: una relación íntima entre María Estuardo y James Hepburn, conde de Bothwell, mientras su esposo, Lord Darnley, seguía vivo.
En el entorno político de la época, estos escritos fueron utilizados para sostener que la reina y el conde estaban compinchados para acabar con el monarca y casarse después, algo que sí sucedió, aunque su lectura nunca cerró de forma definitiva la cuestión de la responsabilidad.
Todo comenzó tras la caída de María en 1567, cuando un cofre de plata dorada fue incautado por el conde de Morton a un sirviente de Bothwell. El objeto fue llevado ante el Consejo Privado escocés en Edimburgo y abierto por la fuerza para examinar su contenido, aunque no quedó registro claro de lo que se encontró en ese momento. Ese vacío documental permitió que, poco después, el contenido atribuido al cofre adquiriera un peso político enorme.
Su utilización en el conflicto político quedó reforzada cuando se presentaron como pruebas de una relación y de una supuesta conspiración, lo que amplificó su alcance más allá del ámbito privado en el que habrían surgido. La carga que adquirieron no dependió solo de su contenido, sino también del momento en que fueron mostradas y de la interpretación que se hizo de ellas en espacios de decisión política.
George Buchanan impulsó una versión concreta del conflicto
La difusión pública de las acusaciones llegó en 1571, cuando George Buchanan publicó un libro que recogía el contenido atribuido a esas cartas. El texto describía una trama de asesinato, adulterio y matrimonio concertado que presentaba a María como responsable de la muerte de su marido. Esa publicación amplificó el impacto de unas pruebas que ya circulaban en círculos políticos y contribuyó a fijar una imagen negativa de la reina.
Sin embargo, las dudas sobre la autenticidad de las cartas han acompañado al caso desde el principio. La ausencia de firmas, fechas o direcciones, junto a inconsistencias en los hechos narrados, debilitaba su credibilidad. Además, el material procedía de James Stuart, conde de Moray y rival político de María, lo que alimentó la sospecha de manipulación.
Por lo tanto, el debate sobre su autenticidad se mantiene abierto desde entonces, con posiciones que señalan la posible manipulación del contenido y otras que defienden que reflejan, al menos en parte, materiales reales reinterpretados.
El historiador John Guy considera que una parte importante del contenido fue alterada con fines políticos. En su análisis sostiene que “las Cartas del Cofre fueron un montaje de los enemigos de María para destruirla”, lo que apunta a una operación diseñada para influir en la percepción pública.
Otros especialistas van más allá y plantean que todo el conjunto pudo ser una falsificación completa, lo que deja abierta la pregunta que sigue sin respuesta clara: si esas cartas reflejaban una conspiración real o una historia construida para justificar la caída de una reina.
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