Los cuadernos dispersos de Leonardo da Vinci se reúnen tras 400 años y devuelven una visión más completa de su obra
Muchos de los cuadernos, dibujos y papeles que acompañaban el trabajo cotidiano de un artista del Renacimiento estaban expuestos al deterioro, las herencias mal gestionadas, las ventas privadas y las reorganizaciones posteriores. La fama de Leonardo da Vinci no garantizaba la conservación automática de todo lo que produjo, porque gran parte de ese material permaneció durante siglos en manos de propietarios distintos y atravesó cambios de criterio sobre qué debía guardarse y cómo hacerlo.
A eso se suman pérdidas físicas, fragmentaciones y decisiones tomadas mucho después de su muerte que alteraron el conjunto original. Por esa razón, la imagen actual de Leonardo depende tanto de lo que sobrevivió como de lo que desapareció con el paso del tiempo. Pero ya hay remedio, al menos en parte.
El Museo Galileo presentó una herramienta para reunir manuscritos
El Museo Galileo de Florencia presentó el 8 de junio de 2026 la plataforma gratuita Leonardotheka, una herramienta digital que vuelve a unir alrededor de 3.500 páginas de manuscritos de Leonardo da Vinci que permanecían separadas desde finales del siglo XVI. El proyecto cuenta con la colaboración del Ministerio de Cultura italiano, la Embajada de Italia en Londres, la Royal Collection Trust, la Veneranda Biblioteca Ambrosiana y la Biblioteca Leonardiana de Vinci. La iniciativa permite contemplar materiales que durante más de cuatro siglos fueron estudiados como conjuntos independientes.
La presentación del proyecto también ha abierto una reflexión sobre el futuro del patrimonio digital. Según informó Artnet News, el director ejecutivo del Museo Galileo, Roberto Ferrari, defendió que las instituciones culturales mantengan el control intelectual de este tipo de herramientas en un momento marcado por el rápido desarrollo tecnológico. El debate gira en torno a quién debe custodiar y gestionar grandes archivos digitales relacionados con figuras históricas de alcance mundial.
La herencia de Leonardo acabó fragmentada tras varias manos
La raíz del problema que ahora intenta corregirse se encuentra varios siglos atrás. Tras la muerte de Leonardo en 1519, sus cuadernos pasaron a manos de su discípulo Francesco Melzi. Con el tiempo, aquel inmenso conjunto de estudios anatómicos, dibujos, notas, proyectos de ingeniería y observaciones diversas terminó bajo el control del escultor italiano Pompeo Leoni. Convencido de que debía ordenar aquel material, decidió separar los folios y clasificarlos según criterios artísticos o científicos.
Aquella reorganización alteró relaciones que Leonardo había establecido deliberadamente entre ideas muy distintas. En una misma hoja podían convivir un mecanismo, un boceto artístico y una reflexión escrita. Leoni dividió ese conjunto en dos grandes recopilaciones. Una quedó dedicada a cuestiones técnicas y científicas. La otra reunió dibujos figurativos, estudios anatómicos y paisajes.
Las dos colecciones siguieron después caminos completamente distintos. El volumen científico acabaría convirtiéndose en el conocido Codex Atlanticus, integrado por 1.119 folios que llegaron a la Veneranda Biblioteca Ambrosiana de Milán en 1637. El segundo conjunto viajó a Inglaterra durante el siglo XVII y terminó incorporándose a la Royal Collection de Windsor. Durante más de 400 años, documentos que originalmente formaban parte de una misma secuencia permanecieron separados por fronteras e instituciones diferentes.
Los especialistas reconstruyeron páginas mediante análisis comparativos
La reunificación digital exigió una década de trabajo. Especialistas en Leonardo y expertos en documentación compararon dimensiones de los folios, marcas de agua, características de la tinta y métodos de preparación del papel para determinar qué fragmentos habían pertenecido originalmente a una misma página. Ese esfuerzo permitió reconstruir conexiones perdidas desde la intervención de Leoni.
Entre los resultados más destacados figuran 50 reconstrucciones confirmadas. Una de ellas ha permitido volver a relacionar el dibujo de un caballo conservado en Windsor con unas notas localizadas en el Codex Atlanticus sobre el célebre monumento ecuestre que Leonardo proyectó para Francesco Sforza y que nunca llegó a completar.
Paolo Galluzzi, presidente emérito del Museo Galileo y creador de la plataforma, destacó el alcance de esta nueva etapa para los estudios leonardianos. Al presentar el proyecto afirmó que se trata de “una herramienta que ofrece oportunidades sin precedentes para explorar la vasta e invaluable riqueza de información contenida en los manuscritos de Leonardo da Vinci”. En la misma línea, el embajador italiano en Reino Unido, Fabio Cassese, recordó que la obra de Leonardo representa “la unidad del arte y la ciencia, la imaginación y la observación, la creatividad y la razón”.
La plataforma permite realizar búsquedas cruzadas entre colecciones, consultar transcripciones, examinar comentarios académicos y filtrar documentos según técnicas de dibujo o características físicas. Michele Ciliberto, del Instituto Nacional de Estudios del Renacimiento, considera que estas herramientas favorecen nuevas interpretaciones de una etapa decisiva de la historia europea.
De esta manera, más que reunir imágenes dispersas, Leonardotheka devuelve parte del contexto perdido de unos cuadernos que muestran hasta qué punto Leonardo trabajaba sin separar el arte de la investigación científica.
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