Son Gigantes: “El Gobierno de Cantabria apuesta claramente por la especulación eólica en el sur y la turistificación masiva en la costa”
Una fiesta como forma de protesta contra los proyectos eólicos. Música, dj´s y baile. Pero no solo, también un espacio de encuentro y de información. De esto va la romería que ha organizado la plataforma Son Gigantes, en la finca El Rosequillo, en Villaescusa: “Para mostrar que en el medio rural no solo se resiste, sino que se construye y se crea arte frente a la industrialización de los montes”. El matiz lo marca Alejandro Isidro, portavoz de la romería, que señala que todo lo recaudado en el evento irá destinado al fondo jurídico común “para defender a todos los valles de Cantabria frente a estos polígonos”.
Son Gigantes opera fundamentalmente en Trasmiera, pero “como la batalla en Trasmiera parece más controlada gracias a las miles de firmas y la presión vecinal, el foco de la lucha más fuerte está en el centro-sur”, advierte Isidro, portavoz de los Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio. Nacido en 1990, vive en Liérganes y cuenta que se metió en la lucha contra los eólicos porque su familia es de San Roque de Riomiera. En su grupo, dice, participa gente “muy diversa y sin afiliación política”: educadores, agricultores, de Iguña, Campoo o Trasmiera: “Nuestro objetivo es defender el territorio frente a una proyección desorganizada que no cuenta con la opinión local”.
En Son Gigantes denominan a los molinos macroproyectos energéticos. ¿Por qué?, ¿cuál es el riesgo?
Nosotros utilizamos tanto macroproyectos energéticos como el término polígono eólico. No utilizamos parque eólico porque, sea en los montes o en llano, constituyen una industrialización del terreno que requiere una enorme cantidad de hormigonado, elaboración de pistas, anclajes y uso de estructuras metálicas que son prácticamente imposibles de reciclar. A nuestro juicio, esto es un polígono industrial, igual que los que hay a las afueras de Torrelavega o Santander; lo montado en el Escudo es un polígono, no un parque. Son macroproyectos porque, lejos de estar enfocados al abastecimiento local a pequeña escala o de forma descentralizada, constituyen polos de concentración de generación eléctrica para mover la energía a través de redes de distribución, que es donde está el beneficio empresarial. Esto genera impactos en aguas manantiales, corrimientos de tierra y destrucción de bosques autóctonos, invadiendo suelo rústico de protección especial que debería dedicarse a la conservación o al aprovechamiento ganadero para garantizar la soberanía alimentaria. Además, se está proyectando una cantidad de electricidad que supera con creces lo que realmente se puede aprovechar en este país, según informes de expertos.
El Banco de España emitió un informe en el que concluía que los polígonos eólicos no asientan empleo en los entornos rurales
¿Es un reto convencer a las comunidades de que el beneficio, como defiende Son Gigantes, es menor que el riesgo?
Depende mucho de la propaganda y la capacidad de presión de las empresas. En Cantabria hemos visto que, cuando hay una respuesta potente, como en la zona pasiega, el Gobierno se pone de perfil o informa desfavorablemente. Sin embargo, cuando hay una presión fuerte como en el Escudo —proyecto de una filial de Iberdrola financiado por el Banco Santander y promovido por el Gobierno—, se despliega una maquinaria de propaganda difícil de contrarrestar. Aun así, en los pueblos y en los puntos nacionales afectados por el polígono del escudo hay de todo; hay gente que se ha mostrado a favor y hay gente que se ha mostrado en contra. Hubo mucha gente que se mostró en contra al principio, pero cuando el propio gobierno se salta la normativa aplicable y termina haciendo la construcción a pesar de todas las irregularidades que hemos ido enunciando, pues llega un momento en el que también juegan un poco con el desgaste y con ciertas promesas de que la luz va a ser gratis. Luego hay mantras que se repiten como la lucha contra la despoblación y la generación de empleo, que son los dos grandes mantras con los que se intenta convencer de las bondades de estos polígonos. Hay informes que lo desmienten claramente: en 2023 el Banco de España emitió un informe en el que concluía que los polígonos eólicos no asientan empleo en los entornos rurales donde se instalan. Generan cierto empleo durante los 18-24 meses de construcción, pero la mayor parte de esos empleos no se dan en las zonas donde se plantan porque requieren de mano de obra cualificada. Además, pasados esos dos años de construcción, durante la época de mantenimiento son muy pocos empleos, altamente cualificados y la mayoría de ellos en remoto. Es decir, que pasados dos años no se ha generado prácticamente empleo y en muchos casos tampoco hay una fijación de población, sino todo lo contrario. En el caso de Cantabria tenemos el ejemplo de Soba, el único ayuntamiento con polígonos eólicos instalados; desde 2006 ha perdido habitantes al ritmo similar al que los venía perdiendo antes, incluso más, y sigue siendo el municipio con menor renta per cápita de Cantabria, con lo cual ni dinero, ni empleo, ni fijación de población. Nosotros intentamos convencer con esos argumentos porque consideramos además que las desventajas que traen —afecciones al suelo, a las aguas, a la salud que se han constatado por distintos estudios científicos, afecciones de tipo ecológico y medioambiental— son mucho mayores que los beneficios que puede aportar, sobre todo cuando no hay una planificación real ni un objetivo de transición ecológica real con una reducción del consumo y una descentralización.
en los Valles Pasiegos, un argumento de peso fue la devaluación del precio de las cabañas ante el potencial turístico
A la hora de apelar a los vecinos indecisos, ¿las afecciones del impacto ecológico en el territorio surten efecto o tienen más impacto las afecciones directas a la vida humana?
Ambas cosas están entrelazadas. Por ejemplo, en los Valles Pasiegos, un argumento de peso fue la devaluación del precio de las cabañas ante el potencial turístico. Pero cuando el polígono del Escudo destroza turberas protegidas por la Unión Europea, eso pone en peligro los acuíferos de los que se abastece buena parte de Cantabria; ahí lo ecológico toca directamente la salud humana. En nuestros colectivos hay gente muy diversa con perspectivas distintas. Recuerdo a ganaderos decir: “nosotros no podemos ni desbrozar un poco para el ganado y luego vienen ellos y montan esta pista de hormigón”. Al final, lo que un urbanista ve como algo no ecologista, para un ganadero es poner por delante el uso sostenible del suelo frente a la industrialización.
Echando la vista atrás, a la última gran lucha ambiental en Cantabria, ¿tiene la impresión de que cuesta más interiorizar la gravedad de un proyecto eólico versus el impacto del fracking?
Sí, porque ahora hay una apuesta muy fuerte de las instituciones y los gobiernos por lo que llaman energías renovables, lo cual dota a estos proyectos de una propaganda verde que el fracking no tenía. El fracking era imposible de recubrir de esa pátina y ya había casos probados de contaminación muy graves en otros países. Además, mucha gente en ámbitos urbanos vive de espaldas al medio rural y no ve los perjuicios directos. Aun así, se ha generado ya un caldo de cultivo para la respuesta porque territorios como Aragón, Galicia o Castilla y León ya están saturados, aunque cueste más que con el fracking.
¿Qué caracteriza empresarialmente a los proyectos eólicos que han tratado de implantarse en Cantabria?
Hay de todo. Desde empresas subsidiarias creadas ad hoc sin experiencia previa en el sector, que buscan captar subvenciones europeas, hasta grandes multinacionales como Iberdrola o Repsol. Detrás hay financiación de entidades como el Banco Santander y fondos de inversión. También denunciamos el papel de la Universidad de Cantabria, que da espacio a talleres y encuentros de este entramado empresarial, funcionando a veces como un altavoz de proyectos privados en lugar de generar un debate público y científico sobre la implantación masiva de estas energías y sus contradicciones. Creemos que es una burbuja especulativa, similar a la inmobiliaria, que no responde a una planificación ordenada para reducir el consumo.
Cantabria tiene muchos cordales con viento, aunque muchos molinos no podrían funcionar en picos de viento sur por seguridad
¿Cuál es la zona más atractiva de Cantabria para estas empresas y por qué?
Cantabria tiene muchos cordales con viento, aunque muchos molinos no podrían funcionar en picos de viento sur por seguridad. Tras la fuerte respuesta en Valles Pasiegos y Trasmiera, el actual Gobierno redactó un Plan Regional de Ordenación del Territorio (PROT) que declara esas áreas, junto con el Saja y Picos, como zonas de exclusión eólica. Solo quedan como aptas Campoo, el sur de Cantabria y Valderredible. El argumento oficial es que tienen menos valor natural o paisajístico, lo cual es falso. El criterio es claramente electoralista: hay menos población, menos resistencia y así no se molesta a tanta gente. Básicamente se sacrifica el sur para no perjudicar el modelo de “turismo infinito” de la costa y los valles del norte, donde un polígono eólico “no quedaría bien” visualmente.
¿Cuántos proyectos eólicos hay vigentes?
Tenemos un total de 18 polígonos eólicos en distintos estados de tramitación. La mayoría de ellos están en el centro-sur de Cantabria, pero todavía quedan algunos en tramitación en otras áreas. En Trasmiera tenemos cuatro polígonos en información pública, Moncubo y luego tres muy próximos entre sí, Fuente del Pico, Las Mazas y Sierra del Sel, que realmente deberían conformar un solo proyecto y que se encuentran a apenas 2 km del Parque Natural de las Marismas de Santoña. En los Valles Pasiegos y zonas aledañas tenemos Astillero I y Astillero II en información pública, pero con informe desfavorable del Gobierno de Cantabria (los tramita el Estado al ser de más de 50 MW). En Soba, donde están los únicos dos polígonos en funcionamiento y que según el PROT sí podría albergar más; tenemos el polígono Sierra de Zalama, que de momento solo cuenta con autorización administrativa previa. Se ubica en una zona conocida por la importancia de sus turberas, al igual que la Sierra de El Escudo.
El caso de Somaloma-Las Quebradas ha sido nuestra primera victoria jurídica importante y debería sentar precedente
Menciona El Escudo, ¿cuál es la zona que más preocupa actualmente a la plataforma?
La amenaza se centra en el sur de Iguña y comarca Campoo-Los Valles, zona declarada por el Gobierno para el desarrollo eólico. De norte a sur, aquí tenemos por supuesto El Escudo, (Luena, Campoo de Yuso y Molledo), construido casi en su totalidad a pesar de todas las irregularidades e incumplimientos que hemos denunciado de mil formas posibles; ahora está paralizado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD), sin que sepamos del todo por qué, lo cual no deja de ser un tanto sospechoso. Al norte del embalse del Ebro, en terrenos de Campoo de Yuso, Santiurde de Reinosa y San Miguel de Aguayo, tenemos Campo Alto-La Costana, Alsa y Cuesta Mayor. Estos son los siguientes más avanzados, pues cuentan con Declaración de Impacto Ambiental (DIA) favorable y autorización de construcción. A todos ellos hemos presentado demanda contencioso-administrativa con pericial, pendiente de resolución. Al sur del embalse del Ebro tenemos, por un lado, el PE Somaloma-Las Quemadas, en términos de Las Rozas de Valdearroyo, Campoo de Enmedio y Valdeprado del Río. Lo de este polígono también es surrealista: tenía autorización de construcción y DIA favorable, por lo que lo llevamos a contencioso-administrativo y lo ganamos. Luego, el Tribunal Superior de Justicia anuló la autorización y condenó a costas a la administración y a la codemandada, fundamentalmente por inadecuada evaluación ambiental de los impactos sinérgicos, es decir, los impactos derivados de la acumulación de hasta 6 polígonos en un radio de apenas 10 km, que deberían evaluarse conjuntamente. Ha sido nuestra primera victoria jurídica importante y debería sentar precedente. Sin embargo, el Gobierno regional va y saca a información pública un nuevo proyecto, prácticamente igual, tras declararlo de utilidad pública. Vamos a intentar tumbar este proceso remitiendo a la sentencia firme de la magistrada. Cerca tenemos el PE Bustatur (Las Rozas de Valdearroyo), que ha sufrido varias modificaciones y también ha sido declarado recientemente de utilidad pública, a lo cual hemos presentado también un recurso de alzada, por el momento sin respuesta. Los siguientes en estado avanzado serían los PE Cotío (Campoo de Enmedio y Las Rozas de Valdearroyo) y Morosos (Valdeolea). Cuentan con DIA favorable y autorización administrativa previa, ante la cual hemos presentado recursos de alzada, de momento sin respuesta. En Valdeolea hay otros dos con DIA favorable, pero aún sin autorización administrativa previa: Ornedo y Henestrosas. Y por último, recientemente salió a información pública otro polígono de gran extensión, llamado Anjana, que abarcaría terrenos de Campoo de Enmedio, Valdeolea, Valdeprado del Río, Valderredible y Alfoz de Santa Gadea en Burgos. Parece una tomadura de pelo que le den el nombre de un hada mitológica de los bosques a un proyecto que precisamente afectaría a uno de los robledales más importantes de España, el Monte Hijedo. De momento, está en información pública, sin ninguna autorización. Veremos.
Son muchos y en muy distintas situaciones. A veces cuesta seguir el estado de los expedientes de los proyectos y su judicialización...
Cuesta y nos cuesta a nosotros también. Quiero decir, hay un entramado institucional y burocrático asociado a ello. Varias veces se autorizan polígonos en pleno verano, en el momento en que la mayor parte de la gente quizá está de vacaciones. Entonces, es complicado seguirlo todo y es complicado alegar a todo: es una tramitación enrevesada; hay algunos polígonos que han salido varias veces con modificaciones, para poder tramitarlo en función de las condiciones... Muchas veces, vuelven a sacar el mismo proyecto, en el mismo sitio, con otra empresa.
¿Qué postura diría usted que tiene el Gobierno del PP respecto a las empresas que quieren instalar eólicos en Cantabria?
La apuesta del gobierno actual ha sido claramente un desarrollo eólico masivo. Creo que la palabra utilizada por Roberto Media ha sido “desbloquear” la situación del desarrollo eólico en Cantabria. En la zona de los pasiegos, una vez vieron la respuesta social, que fue muy fuerte —esto ya sucedió con el gobierno anterior de Miguel Ángel Revilla, cuando Garma Blanca y Ribota—, el Gobierno contemporizó al sacar un PROT que excluye esa zona. Pero en las otras zonas apuestan por un claro desarrollo eólico con un montón de proyectos sin seguir criterios técnicos y coherentes. Hay proyectos desestimados en ciertas zonas, mientras en otras con similares o superiores valores ecológicos, ambientales, culturales e históricos, como es el caso de la sierra del Escudo o de Somalomas- Las Quemadas, se aprueba e incluso después de los varapalos jurídicos se sigue apostando por ellos. Yo creo que el Gobierno de Cantabria no sigue criterios técnicos, medioambientales, sino que apuesta claramente por facilitar la tramitación a las empresas, dentro de una dinámica general que se puede calificar como una burbuja, pues se está proyectando más generación de energía eléctrica de la que se consume. Y la prueba está en el PROT planteado, con el cual el Gobierno de Cantabria apuesta claramente por la especulación eólica en el sur y la turistificación masiva en la costa y la cabecera de los valles cantábricos. El Gobierno intenta salvaguardar de alguna manera la imagen prototípica de Cantabria y desarrollar turísticamente esa zona, y las otras zonas desarrollarlas eólicamente porque no le importa lo que pase, tampoco importa las especies que haya, ni los bosques que se van a destrozar.
¿Es necesario plantear fórmulas alternativas como una romería para que cale un mensaje al margen de manifestaciones?
Frente a un desarrollo que no consulta a las comunidades, nuestra propuesta es devolver al territorio la dimensión humana: juntarse, hablar y conocer proyectos culturales o agroecológicos locales. Queremos enviar el mensaje de que tenemos voluntad de seguir unidos y resistiendo como comunidad. La romería en Villaescusa sirve para recaudar fondos para la lucha jurídica, pero también para mostrar que en el medio rural no solo se resiste, sino que se construye y se crea arte frente a la industrialización de los montes. El encuentro y la fiesta también son una forma de resistir al pesimismo, la polarización y al enfrentamiento, dotándolo de contenido social con charlas y reflexión sobre cuánta energía necesitamos realmente.
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