Subcampeona del mundo en muay thai, fue la primera española en competir en un cuadrilátero que estaba vetado para las mujeres
La historia de Desirée Rovira es la de una mujer gaditana que llegó a lograr lo impensable en Tailandia. A sus 38 años, esta luchadora se convirtió en 2022 en la primera española en subir al ring del mítico estadio Rajadamnern. Este recinto, considerado un auténtico templo del muay thai, mantuvo sus puertas cerradas a las mujeres durante 67 largos años por antiguas supersticiones. Rovira fue una de las ocho pioneras elegidas para derribar este muro histórico, marcando así el inicio de una nueva era en el deporte. Su valentía no solo rompió un tabú cultural, sino que también puso el nombre de España en la cima de las artes marciales. Un auténtico espaldarazo para los logros de las mujeres en el deporte.
Antes de convertirse en una figura mundial, Desirée llevaba una vida convencional en Cádiz trabajando como traductora e intérprete. Empezó a practicar la disciplina de muay thai tarde, casi por casualidad al buscar ponerse en forma en su gimnasio local. En aquella época atravesaba un mal momento y este arte marcial se convirtió en el salvavidas que le devolvió la felicidad. Al darse cuenta de que este deporte llenaba su alma, decidió dejar su trabajo para perseguir su sueño en la cuna de la disciplina. Su entrenador Carlos Coello fue clave al animarla a dar ese salto definitivo hacia la competición profesional en Tailandia.
El debut en el Rajadamnern fue precedido por una ceremonia solemne con monjes, incienso y ofrendas florales para bendecir el cuadrilátero. Antiguamente, las mujeres no podían ni siquiera tocar la lona por miedo a perturbar a los espíritus que protegían el recinto deportivo. Rovira recuerda con emoción cómo rompió esa prohibición junto a otras siete luchadoras internacionales en el prestigioso campeonato RWS. Aunque respeta profundamente las tradiciones locales, reconoce que la sociedad tailandesa está evolucionando para valorar el talento femenino. Este hito personal representa para ella un orgullo sentimental que llevará siempre grabado como parte esencial de su carrera. A pesar de la apertura, aún persisten normas diferenciadas que Desirée acepta con respeto absoluto por la cultura del país anfitrión. Por ejemplo, las mujeres deben entrar al cuadrilátero por debajo de las cuerdas, a diferencia de los varones que saltan sobre ellas.
La propia Desirée entiende que estos cambios requieren tiempo y que su papel es demostrar competencia a través del esfuerzo constante. Su entrenamiento en el gimnasio 7MuayThai de la provincia de Rayong ha sido fundamental para alcanzar este nivel de maestría. Allí comparte su preparación con otros grandes luchadores, manteniendo una disciplina de hierro que le permite competir contra las mejores. Su consagración deportiva definitiva llegó al proclamarse subcampeona del mundo en la categoría de 51 kilogramos. Durante el campeonato mundial de la IFMA en Tailandia, Rovira cuajó una actuación brillante superando a rivales de Siria, Singapur y Estados Unidos. Aunque cayó en la final contra la representante de Turquía, su medalla de plata tuvo un enorme mérito histórico.
Este logro la posicionó como una de las mejores luchadoras del planeta y le valió el reconocimiento oficial del CSD. Con su éxito, sumó la cuarta medalla femenina para España en la historia de esta exigente competición internacional. La trayectoria de éxito de la gaditana continuó con la obtención de una medalla de bronce en los World Combat Games de Riad. En este torneo de élite en Arabia Saudí, se midió ante oponentes de altísima calidad tras su gran papel en el mundial. A pesar de sufrir una herida importante en el labio que dificultó su desempeño, logró subir al podio internacional. Estos triunfos han consolidado su estatus como deportista de élite y referente para las nuevas generaciones de mujeres luchadoras.
Recientemente, el Comité Olímpico Español, la Federación Española o la Fundación de la Mujer de su ciudad natal también han premiado su constancia y sus logros deportivos históricos. Y es que la resiliencia de Desirée Rovira se ha puesto a prueba en numerosas ocasiones debido a lesiones graves y problemas de salud. En una ocasión, compitió en Cádiz tras haber sido ingresada por una infección en el pie de la que recibió el alta voluntaria. También llegó a pelear en Hong Kong con una fractura de peroné sin saberlo, demostrando lo que muchos llaman un “corazón guerrero”. Su profesionalidad y compromiso con las organizaciones de los eventos la han llevado a ignorar el dolor físico para cumplir sus metas. Para ella, el muay thai no es solo golpeo, sino una fuente de autoestima y una herramienta de defensa.
Sacrificios personales
No obstante, la vida de una luchadora de élite en Tailandia conlleva sacrificios personales y limitaciones económicas significativas para la gaditana. Para sobrevivir entre combate y combate, Rovira complementa sus ingresos vendiendo material deportivo y trabajando intensamente en otros ámbitos. En sus inicios, tuvo que enfrentarse a la falta de apoyo de su entorno, aunque su cabezonería y la ayuda de sus amigas más cercanas le permitieron seguir adelante a pesar de las dificultades.
El futuro de Desirée Rovira sigue ligado indisolublemente al deporte que le dio una nueva oportunidad de vida y plenitud. Su sueño inmediato es alzarse con el título de campeona mundial en Tailandia para coronar una carrera llena de hitos pioneros. A largo plazo, planea regresar a España para fundar su propia escuela de muay thai enfocada en niños y mujeres. Quiere transmitir los valores de sacrificio y disciplina que ha aprendido durante sus años de entrenamiento y competición en Asia. Mientras tanto, continúa preparándose para nuevos desafíos, demostrando que nunca es tarde para cambiar el rumbo y hacer historia.
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