¿Por qué desaparecieron los grandes herbívoros de África? La respuesta puede estar en su lenta evolución
África estuvo habitada durante millones de años por una población de grandes herbívoros que hoy en día ya no existe. Animales de más de una tonelada compartieron el continente con antepasados de los actuales elefantes, hipopótamos, antílopes o jirafas. Hasta ahora, una de las explicaciones para entender su desparición apuntaba a que su enorme tamaño los hacía especialmente vulnerables a la extinción, pero una nueva investigación apunta en otra dirección: su problema no era desaparecer más rápido, sino generar nuevas especies demasiado lentamente.
El estudio, publicado en la revista científica Nature Communications, ha contado con la participación de investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (Cenieh) y la Universidad de Alcalá. Para reconstruir esta historia evolutiva, los científicos analizaron 3.327 registros fósiles correspondientes a 396 especies de mamíferos herbívoros que habitaron África durante los últimos 23 millones de años.
El modelo utilizado tuvo en cuenta características como por ejemplo la masa corporal de estos animales, la altura de las coronas dentales, las relaciones evolutivas entre diferentes familias y los cambios ambientales experimentados por el continente.
Un continente cada vez más seco
Uno de los grandes puntos de inflexión se produjo hace aproximadamente 7,2 millones de años, cuando el clima de África comenzó a volverse más árido. Los cambios en las precipitaciones modificaron los paisajes y la vegetación disponible, provocando una reorganización de las comunidades de ungulados (los mamíferos que caminan apoyados sobre una pezuña). En un primer momento aumentaron tanto la aparición de nuevas especies como las extinciones, pero luego ambos procesos dejaron de avanzar al mismo ritmo.
Hace unos 3,6 millones de años, la aparición de nuevas especies comenzó a ralentizarse, mientras las extinciones continuaron creciendo. Esta tendencia se intensificó con el comienzo del Pleistoceno, hace aproximadamente 2,58 millones de años. Entre los animales afectados se encontraban el Deinotherium, un pariente extinto de los elefantes con colmillos curvados hacia abajo, y los Anthracotheriidae, relacionados con los hipopótamos.
Además, cuestionan lo que se pensaba de que los animales gigantes se extinguían más facilmente. “Hemos comprobado que, al contrario de lo que se pensaba, las especies de mayor tamaño no se extinguieron más deprisa que las pequeñas. De hecho, sus tasas de extinción fueron algo menores”, explica Juan López Cantalapiedra, investigador del MNCN. La diferencia estaba en su capacidad para diversificarse ya que los megaherbívoros se reproducían mucho más lentamente.
Durante los periodos de máxima aridez, los herbívoros de menos de 45 kilos se extinguían incluso un 15% más rápido que aquellos que superaban una tonelada. Sin embargo, generaban nuevas especies a un ritmo 2,2 veces superior, suficiente para compensar las pérdidas. Por otro lado, la aridificación agravó el desequilibrio al favorecer la diversificación de los ungulados pequeños y reducir cerca de un 20% la de los megaherbívoros.
Un declive anterior a la aparición humana
La cronología aporta además otra conclusión importante. El declive de los grandes herbívoros comenzó mucho antes de que existieran humanos con capacidad tecnológica para cazar animales de semejante tamaño, por lo que la actividad humana difícilmente puede explicar el inicio de este proceso.
Esto no significa que las poblaciones humanas no influyeran posteriormente en algunas desapariciones. “Aunque la actividad humana pudo contribuir a algunas extinciones recientes, no fue la causa principal de la pérdida generalizada de estos grandes herbívoros”, señala Ignacio A. Lazagabaster, investigador del Cenieh.
La progresiva expansión de ambientes abiertos, la reducción de la productividad de los ecosistemas y una África cada vez más seca fueron transformando el continente durante millones de años. Para los gigantes herbívoros, esa transformación escondía una desventaja decisiva: cuando una especie desaparecía, sus linajes tenían muchas menos posibilidades de producir otra que ocupara su lugar.
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