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El escandaloso robo en un cementerio de Chicago que se resolvió gracias a un pequeño trozo de musgo

Foto de una de las entradas del cementerio Burr Oak

Raquel Sáez

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En 2009, el FBI llamó a las puertas del Museo Field de Historia Natural de Chicago para pedir la colaboración de sus científicos. La agencia necesitaba que analizaran un trozo de musgo habían encontrado en algunas tumbas del cementerio de Burr Oak en Alsip (Illinois), inmerso en un escándalo sin precedentes. Se había acusado a algunos de sus trabajadores de exhumar tumbas antiguas, arrojar los restos en otros terrenos del cementerio y revender las parcelas.

Y el trabajo del personal del museo terminó siendo determinante para que el tribunal condenase a este grupo de empleados a penas de prisión. Ahora, en un nuevo estudio publicado en la revista Forensic Sciences Research, los investigadores comparten el primer relato científico completo del caso, detallando con precisión cómo el musgo influyó en la prueba de un crimen.

Antigüedad y tipo de musgo

Los hechos se remontan a 2009, cuando se destapó un escándalo en un cementerio a las afueras de Chicago. Los protagonistas eran trabajadores del sitio, que fueron acusados de exhumar tumbas antiguas, arrojar los restos en otros terrenos del cementerio y revender las parcelas. Un caso en el que estuvo implicado el FBI, responsable de recolectar pruebas para demostrar su culpabilidad. 

Fue ahí cuando llamaron a las puertas del Museo Field de Historia Natural. “Un día de 2009, contesté el teléfono y era del FBI, preguntándome si podía ayudarlos a identificar unas plantas”, explica en un comunicado Matt von Konrat, autor principal del artículo y jefe de las colecciones de botánica del Museo Field de Chicago.

El autor principal, Matt von Konrat, en su laboratorio del Museo Field, examinando los diminutos fragmentos de musgo hallados junto a los cuerpos reenterrados en el Cementerio de Burr Oak en 2009

La agencia le entregó un trozo de musgo que se había encontrado a veinte centímetros de profundidad, junto con los restos humanos enterrados de nuevo en el cementerio. A partir de este resto, le pidieron averiguar varias cuestiones: qué tipo de musgo era y cuánto tiempo había estado enterrado en el suelo. Y se puso manos a la obra. 

Pusieron la muestra de musgo bajo el microscopio y la compararon con especímenes que guardaban en las colecciones del museo para determinar su tipo. Así, determinaron que el musgo encontrado en el cementerio correspondía a Fissidens taxifolius. Fue el primer hallazgo importante, porque después cotejaron que, en el cementerio, había una enorme colonia de esa especie creciendo en la misma zona donde se sospechaba que se habían extraído los huesos. 

El otro dato clave fue su antigüedad. Eso se pudo averiguar gracias a la actividad metabólica, que “indica cuánto tiempo hace que se recolectó una muestra de musgo”. A su vez, eso puede estimarse en función de su clorofila, sigue Von Konrat. El musgo encontrado tenía solo uno o dos años, lo que dejaba en evidencia uno de los argumentos de la defensa. Un trabajo que terminó siendo fundamental para el juicio. 

Von Konrat lo celebra: “A menudo se pasa por alto a los musgos, y esperamos que nuestra investigación ayude a generar conciencia sobre el hecho de que existen otros grupos de plantas, además de las plantas con flores, y que estos cumplen una función muy importante en la sociedad y a nuestro alrededor”.

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