¿De todos los mamíferos estudiados cuál podría esconder la próxima gran pandemia? La respuesta está en un viejo conocido que habita en Europa y Asia

A nivel mundial, las estimaciones superan los millones de muertes

Héctor Farrés

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La propagación de infecciones entre especies depende de contactos concretos y de la forma en que los virus se adaptan a nuevos huéspedes. La pandemia de coronavirus mostró que el origen animal no es una hipótesis lejana, sino una realidad estudiada con detalle, y también dejó claro que no todos los animales implican el mismo nivel de amenaza.

El salto de un virus a humanos ocurre en situaciones específicas, sobre todo cuando los entornos naturales se transforman y aumentan los contactos. Además, las secuelas en personas que superan la enfermedad, desde problemas respiratorios hasta alteraciones neurológicas, han ampliado el impacto más allá de la fase aguda. Ese escenario obliga a localizar qué especies concentran mayor riesgo antes de que aparezcan nuevos brotes.

El riesgo se reparte de forma desigual dentro de los quirópteros

Esa necesidad de identificar focos concretos encaja con el trabajo dirigido por Caroline Cummings, de la University of Oklahoma, publicado en Communications Biology, donde un equipo analizó cerca de 900 especies de mamíferos para detectar qué grupos albergan virus con mayor capacidad de provocar epidemias.

El estudio no señala a todos los murciélagos como amenaza, sino que localiza el riesgo en ramas evolutivas específicas. Los investigadores revisaron datos de virus conocidos y su relación con distintos animales, y así delimitaron qué especies han estado vinculadas a enfermedades graves en humanos. La conclusión apunta a una concentración desigual del peligro dentro del mismo grupo animal.

La investigación redefine cómo se evalúa el riesgo entre especies

Dentro de ese reparto desigual, ciertas familias destacan sobre el resto. Los datos muestran que no todos los murciélagos comparten el mismo perfil, ya que algunos concentran valores más altos de riesgo mientras otros apenas aparecen asociados a virus peligrosos.

Entre los grupos señalados figuran murciélagos insectívoros extendidos en varios continentes y especies que viven cerca de construcciones humanas, una circunstancia que aumenta la probabilidad de contacto. También aparecen zonas geográficas concretas donde coinciden estos animales con una fuerte presencia humana, como partes de África ecuatorial o el sudeste asiático, lo que eleva la posibilidad de transmisión.

Esa localización más precisa del riesgo cambia la forma de plantear la prevención. En lugar de estudiar todas las especies, los programas sanitarios pueden centrarse en regiones y animales concretos donde la interacción es más frecuente.

La OMS descarta culpar a especies y apuesta por vigilancia

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha insistido en que no hay que señalar a un animal como culpable, sino vigilar cómo se producen los contactos. Además, eliminar colonias no reduce el problema, ya que altera el equilibrio natural y puede aumentar la circulación de virus. La vigilancia dirigida, en cambio, permite detectar patógenos antes de que se expandan y ajustar las medidas de control en cada zona.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo desarrolló una herramienta específica que mide el riesgo de cada virus. Ese indicador, denominado potencial epidémico viral, combina varios factores, entre ellos la gravedad de la enfermedad, la facilidad de transmisión entre personas y el número de muertes registradas en brotes anteriores.

Estos animales presentes en Europa, África y Asia viven en colonias densas

Con ese sistema, los investigadores compararon especies y detectaron patrones en el árbol evolutivo de los mamíferos. El resultado muestra que el riesgo no depende solo del animal, sino del tipo de virus que alberga y de su comportamiento en humanos.

Las cifras reflejan el alcance y las secuelas de la pandemia

El impacto en personas de estas enfermedades se entiende mejor al mirar las cifras. En España, el Ministerio de Sanidad registró 121.760 fallecidos por COVID-19 hasta finales de 2023, mientras que el Instituto Nacional de Estadística elevó el total a 150.426 al incluir casos confirmados y sospechosos.

Durante 2022, esa enfermedad fue la principal causa de muerte con 31.559 casos registrados. A escala mundial, las estimaciones superan los seis millones de fallecidos, una cifra que refleja la capacidad de estos virus para expandirse con rapidez. A ello se suman las secuelas que afectan a millones de personas, desde fatiga persistente hasta daños en órganos.

Los murciélagos de herradura concentran especial atención científica

Entre las especies señaladas con mayor atención aparecen los murciélagos de herradura, de la familia Rhinolophidae, ya asociados a coronavirus similares al SARS. Estos animales viven en colonias densas en cuevas de Europa, incluida España, el norte de África y amplias zonas asiáticas.

Las cifras de la pandemia reflejan el impacto de estos patógenos

Al haber tantos ejemplares se facilita la circulación de virus entre individuos. Su tamaño reducido, entre cinco y siete centímetros, no impide que desempeñen un papel relevante en la transmisión.

Algunos estudios han analizado virus como el HKU5-CoV-2, capaz de infectar distintos mamíferos y de usar la proteína ACE2 para entrar en células humanas. Aunque no hay evidencia actual de contagio entre personas, la coincidencia entre estas especies y áreas con fuerte actividad humana hace que su vigilancia sea necesaria.

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