Más de 14.500 ballenas en un verano: el inesperado efecto del cambio climático en Groenlandia
El calentamiento global está transformando rápidamente los ecosistemas del Ártico y, aunque muchas especies sufren sus consecuencias, otras están encontrando nuevas oportunidades. Es el caso de las ballenas barbadas en el mar de Groenlandia, donde miles de ejemplares llegan durante el verano atraídos por la abundancia de alimento. Se ha publicado ahora un estudio en Frontiers in Marine Science en el que se ha documentado el espectacular aumento de estos cetáceos durante las últimas décadas.
Los investigadores estiman que al menos 4.000 ballenas jorobadas, 6.000 ballenas de aleta y otras 4.500 ballenas Minke visitaron el mar de Groenlandia durante el verano de 2024. En conjunto, más de 14.500 ejemplares de tres especies que históricamente eran mucho menos habituales a lo largo de la costa de esta fría isla.
Detrás de este fenómeno se encuentra la transformación de estas aguas por culpa del cambio climático. La temperatura de la superficie del mar al este de Groenlandia ha aumentado alrededor de dos grados desde la década de 1990, mientras que el borde del hielo durante el verano retrocedió considerablemente hacia el norte después de mediados de los años 2000. “El aumento de la temperatura del océano y la disminución de la capa de hielo marino han facilitado la presencia generalizada de ballenas barbadas a lo largo de la costa este de Groenlandia, hasta los 70° N”, explica Mads Peter Heide-Jorgensen, del Instituto de Recursos Naturales de Groenlandia y uno de los autores de la investigación.
De no verse a contarse por miles
Durante el estudio, el equipo reconstruyó la evolución de las poblaciones a través de observaciones realizadas durante décadas. Para ello combinó registros en barcos desde 1987, estudios aéreos, testimonios de cazadores inuit y datos de 15 ballenas equipadas con transmisores satelitales entre 2019 y 2025.
Los resultados muestran un cambio muy significativo en las jorobadas. Los estudios realizados desde embarcaciones no observaron ninguna ballena de esta especie hasta 2006. Un año después se contabilizaron siete avistamientos, en 2015 fueron 26 y en 2024 ya superaron los 150. También aumentó considerablemente la presencia de ballenas Minke y de aleta.
Este fenómeno ha dejado imágenes hasta ahora poco habituales en estas latitudes. En agosto de 2025, la tripulación de un barco encontró concentraciones de hasta 50 ballenas barbadas simultáneamente alrededor de los 69 grados norte, por encima del círculo polar ártico. Los científicos han observado incluso “frenesíes alimenticios” (el estado de agitación en el que entran los predadores cuando hay una gran cantidad de presas disponibles) protagonizados por ejemplares de las tres especies.
Siguiendo la comida hacia el norte
La razón de esta llegada masiva parece encontrarse principalmente en el capellán, un pequeño pez de aguas frías que constituye una importante fuente de alimento para estos cetáceos. Desde mediados de la década de 2000, sus zonas de alimentación se han desplazado desde las aguas relativamente más cálidas situadas al norte de Islandia hacia el mar de Groenlandia. Las ballenas habrían respondido rápidamente siguiendo a sus presas. “Hay pocas dudas de que las tres especies de ballenas barbadas que pasan el verano en las aguas costeras del este de Groenlandia lo hacen principalmente para alimentarse”, señalan los autores.
Sin embargo, que determinadas especies encuentren nuevas oportunidades no significa que el calentamiento esté beneficiando al conjunto del ecosistema. La llegada de estos grandes cetáceos puede modificar la cadena alimentaria y aumentar la competencia con animales tradicionalmente asociados a las aguas árticas.
“Groenlandia Oriental está experimentando un importante cambio de régimen ecológico”, advierte Heide-Jorgensen. Entre los posibles afectados están los narvales, estrechamente vinculados a los ambientes cubiertos por hielo. Según el investigador, estos animales comparten cada vez más su hábitat con ballenas barbadas procedentes de zonas templadas o pueden verse desplazados por ellas a medida que el hielo continúa retrocediendo.
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