El felino más escaso del planeta sobrevive con 27 ejemplares y el conflicto en Irán pone su futuro al límite

Quedan muy pocos ejemplares del guepardo asiático

Héctor Farrés

14 de abril de 2026 16:27 h

Un animal puede ser famoso por su velocidad y, aun así, quedar fuera del grupo que concentra toda la atención. El guepardo se queda fuera de los llamados cinco grandes de África, una etiqueta que se asocia a león, elefante, búfalo, rinoceronte y leopardo, pero aun así sigue siendo uno de los depredadores más buscados en safaris por su forma de cazar y su capacidad de alcanzar más de 100 km/h.

Esa ausencia no reduce su valor como símbolo del continente, aunque sí cambia cómo se protege y cómo se percibe su situación. El caso resulta aún más llamativo cuando se mira a su pariente asiático, que comparte origen y rasgos, pero vive en condiciones mucho más duras. La diferencia entre su popularidad global y el riesgo real que afronta abre una pregunta que solo se entiende al mirar lo que ocurre hoy fuera de África.

La población iraní cae a cifras mínimas bajo vigilancia individual

El guepardo asiático en Irán ha quedado reducido a menos de 30 ejemplares y la guerra reciente ha agravado una situación ya crítica para su supervivencia, según Mongabay. Bagher Nezami, director nacional del Conservation of the Asiatic Cheetah Project, explicó a medios estatales iraníes que los 27 individuos identificados en libertad están “documentados y monitorizados”, lo que permite seguir cada caso de forma individual.

La guerra y la falta de medios dejan a la especie sin apoyo

La cifra había subido desde los 20 registrados el año anterior, pero ese avance quedó en suspenso tras un cambio brusco en el contexto del país. La presión sobre una población tan reducida convierte cualquier alteración en un problema inmediato.

Nueve días después de que guardas forestales grabaran a una hembra con cinco crías en la provincia de Jorasán del Norte, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques coordinados sobre territorio iraní. La respuesta militar desencadenó un conflicto que ha afectado también a zonas donde viven estos animales.

El conflicto militar reciente agrava la situación en las reservas

Un conservacionista local citado por Mongabay advirtió que los vehículos de campo pueden ser confundidos con objetivos militares en áreas remotas del desierto, lo que obliga a reducir la presencia humana en los hábitats. Sarah Durant, investigadora de la Zoological Society of London, explicó que “la protección de quienes trabajan sobre el terreno se ha convertido en una cuestión urgente a nivel internacional”. Esa reducción de actividad deja sin vigilancia espacios donde cada individuo cuenta.

El seguimiento de estos animales depende en gran parte de cámaras automáticas que se activan con el movimiento, un sistema que permite identificar a cada ejemplar por el patrón de sus manchas. Sin embargo, las sanciones internacionales han limitado la entrada de equipos y han impedido usar dispositivos conectados a redes móviles o satélites.

En territorio persa apenas quedan 27 ejemplares controlados uno a uno mediante registros precisos

Los collares GPS, que ya se emplearon en 2007 para estudiar sus desplazamientos, ofrecen información más detallada, pero su uso se ha visto frenado por restricciones técnicas y políticas. Los estudios recientes recogidos por Wild Tomorrow indican que estos sistemas resultan necesarios para entender cómo se mueven en territorios amplios y dispersos.

Ya solo viven en una pequeña zona de Irán

Las diferencias entre el guepardo asiático y los africanos ayudan a entender su situación. El asiático es más pequeño y presenta un pelaje más claro, adaptado a zonas áridas y montañosas, mientras que los africanos suelen tener mayor tamaño y tonos más oscuros. Ambos alcanzan velocidades similares, en torno a 100–110 km/h en carreras cortas, ya que comparten la misma base física. La diferencia principal está en el entorno y en el tamaño de las poblaciones, mucho más amplias en África.

El área en la que vivía este felino se extendía desde la península arábiga hasta la India, aunque hoy se limita a una pequeña parte de Irán. Durante el siglo XX desapareció de la mayor parte de ese territorio por la caza, la pérdida de presas y la degradación del entorno.

En 1959 obtuvo protección legal y se crearon parques nacionales, pero la revolución de 1979 y la guerra con Irak interrumpieron esos esfuerzos. Esos años se describen como un periodo perdido para la conservación, porque la población cayó sin seguimiento ni medidas eficaces.

Las carreteras provocan la mayoría de muertes registradas

Las carreteras se han convertido en uno de los mayores riesgos para la especie. Más de la mitad de las muertes registradas se deben a atropellos, y algunos casos muestran hasta qué punto influye este factor. Una hembra conocida como Helia perdió a una de sus crías tras cruzar una vía en la provincia de Semnan. Durante varios días permaneció cerca del lugar, mientras voluntarios trataban de frenar el tráfico para evitar otro accidente. Las autoridades han instalado vallas y pasos subterráneos, pero la expansión de infraestructuras sigue atravesando zonas donde estos animales necesitan moverse.

Los nacimientos recientes no compensan la baja supervivencia

El número de individuos sigue siendo extremadamente bajo, aunque hubo señales recientes de mejora. El avistamiento de cinco crías en 2026 marcó un récord, ya que nunca se habían observado más de cuatro juntas. Entre 2020 y 2024 nacieron al menos 31 cachorros en el norte del país, aunque menos de la mitad sobrevivieron más de un año. Wild Tomorrow advierte que una población de 27 ejemplares no tiene margen para otro periodo sin control ni seguimiento.

La crisis política reduce los recursos para proteger la especie

La situación económica y política complica cualquier plan de recuperación. Peter Zahler, director de conservación de campo en Zoo New England, explicó a Mongabay que “los programas ambientales rara vez se consideran prioritarios tras un conflicto”. Jamshid Parchizadeh, investigador en Michigan State University, añadió que la reconstrucción del país absorberá la mayor parte de los recursos disponibles. Antes del conflicto ya había limitaciones de financiación, y ese escenario reduce aún más la capacidad de actuar sobre el terreno.

A estos factores se suman problemas ecológicos que ya estaban presentes. La fragmentación del hábitat obliga a los animales a cruzar zonas sin protección, donde aumenta el riesgo de caza y conflictos con humanos. La escasez de presas también afecta de forma clara, porque sin ungulados suficientes no pueden mantener su alimentación.

El conservacionista citado por Mongabay explicó que “la disponibilidad de presas es esencial para su supervivencia”, y añadió que la presión sobre estos animales puede aumentar en momentos de dificultad económica. En ese contexto, cada desplazamiento fuera de las reservas expone a los últimos ejemplares a un entorno cada vez más difícil de sostener.

Etiquetas
stats