¿Por qué los peces se juntan más cuando el agua está turbia? La estrategia que les ayuda a encontrar alimento

Imagen de recurso de unos peces moviéndose en aguas turbias

Daniel Casanova

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El agua turbia supone un problema para los peces que dependen de la vista para desenvolverse en su entorno. Las partículas de barro, limo o algas reducen la visibilidad y dificultan tareas tan básicas como localizar alimento o detectar lo que ocurre a su alrededor. Pero cuando ver se vuelve más difícil, algunos peces parecen recurrir más a sus compañeros.

Un estudio de la Universidad de Bristol ha observado que los espinosos de tres espinas modifican la forma en la que se relacionan cuando nadan en aguas con mayor turbidez. En estas condiciones tienden a permanecer más cerca unos de otros, nadan de forma más alineada y prestan mayor atención a los movimientos de los que tienen alrededor. Una coordinación que puede ayudar al grupo a compensar parte de la información visual que pierde cuando el agua deja de ser clara.

Cuando ver menos hace más importante al grupo

Los investigadores analizaron bancos de espinosos de tres espinas, una especie de agua dulce habitual en estanques, arroyos y ríos del hemisferio norte. Observaron su comportamiento tanto en aguas claras como turbias y estudiaron cómo reaccionaban cuando aparecía alimento de forma inesperada.

La turbidez complicaba la tarea. Los peces tardaban más en dirigirse hacia la comida cuando el agua estaba turbia que cuando podían verla con claridad. Sin embargo, el tamaño y la organización del grupo podían reducir esa dificultad: en general, los individuos que formaban parte de grupos más grandes reaccionaban más rápido ante la aparición del alimento.

Imagen de recurso de aguas turbias

La diferencia estaba también en cómo nadaban. En los grupos pequeños sometidos a aguas turbias, los peces alcanzaban antes el alimento cuando permanecían próximos y avanzaban en una dirección similar. Incluso antes de que apareciera la comida ya tendían a acercarse más entre ellos y a ajustar sus movimientos a los de los peces vecinos.

De esta manera, cuando la información que proporciona el entorno se reduce, aumenta la importancia de la información que puede aportar el grupo. Un pez puede tener dificultades para localizar por sí solo una fuente de alimento, pero puede reaccionar al movimiento de otro individuo que la haya detectado. Cuanto mayor es la coordinación, más fácil resulta que esa información se extienda entre los miembros del banco.

Una respuesta que cambia según las condiciones

El experimento también muestra que agruparse más no siempre supone una ventaja. En grupos grandes que nadaban en aguas claras, una coordinación demasiado estrecha llegó a ralentizar la respuesta colectiva ante el alimento. La estrategia que resulta útil cuando apenas se puede ver, por tanto, no tiene necesariamente el mismo efecto cuando la visibilidad es buena.

Para los investigadores, esta diferencia es relevante porque indica que los peces no mantienen unas reglas de agrupación invariables. Su comportamiento colectivo puede modificarse dependiendo de las condiciones que encuentran en el entorno.

La turbidez, además, no es únicamente una característica natural de determinados ríos o arroyos. Puede aumentar por la presencia de partículas procedentes de fenómenos naturales, pero también por actividades como la agricultura, la minería o la construcción. Los episodios de lluvias intensas pueden igualmente arrastrar barro y sedimentos hacia los cursos de agua y reducir rápidamente su visibilidad.

Los resultados no significan que el agua turbia beneficie a los peces: el propio experimento muestra que encontrar comida resulta más difícil cuando disminuye la visibilidad. Lo que revela es su capacidad para modificar el comportamiento ante ese problema. Cuando ver el alimento se vuelve más complicado, mantenerse más cerca y prestar atención a lo que hacen los demás puede convertirse en una forma de encontrarlo antes.

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