Taylor Swift ya tiene cuatro especies de insectos con su nombre

La chinche que ha sido objeto de estudio

Antonio Baena

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Taylor Swift tiene desde ahora un inesperado vínculo con la biodiversidad australiana. Un equipo de investigadores ha bautizado un género de insectos que, hasta ahora, era desconocido para la ciencia y ha decidido nombrarlo como Swiftiephylus, en referencia al nombre con el que se conoce a los seguidores de la artista. Dentro de este nuevo género se han identificado cuatro especies, cuyos nombres también esconden referencias a la cantante: S. taylorae, S. amator, S. intrepidus y S. poetorum

La responsable de ponerles nombre es Sarah Schroeder, doctorada por la Universidad de California en Riverside y, además, seguidora de Swift desde hace años. Para ella, la elección no es solo un homenaje personal, sino que su intención es aprovechar la popularidad de la cantante para llamar la atención sobre un campo que considera fundamental. Ni más ni menos, que el conocimiento y la conservación de las especies de insectos que todavía permanecen sin identificar. 

Una similitud muy subjetiva 

Cabe destacar, que esta nomenclatura no es casualidad. Estos pequeños insectos presentan una combinación de tonos amarillo pálido y rojo. Según Schroeder, estas tonalidades le recuerdan a algunos de los rasgos más reconocibles de la imagen de Taylor Swift. Además, sus colores parecen ayudarles a pasar desapercibidos entre las flores de los she-oaks australianos. 

Estos desconocidos ejemplares pertenecen a los Miridae, una enorme familia de chinches que reúne más de 11.000 especies en todo el mundo. Viven estrechamente asociados a los she-oaks, árboles y arbustos capaces de crecer en ambientes muy distintos de Australia. A pesar de que se alimentan de estas plantas, no se conocen como una amenaza para ellas ni representan un peligro para las personas o los animales. 

Asimismo, lo curioso de este hallazgo es que estos insectos no acaban de ser descubiertos ahora. Los ejemplares llevaban décadas esperando en colecciones científicas. Fueron recogidos entre 1995 y 2004 durante una gran campaña de biodiversidad, que permitió reunir más de 50.000 especímenes. Algunos, como los que ahora forman el género Swiftiephylus, han necesitado años de trabajo antes de recibir una descripción científica

Un hallazgo extremadamente tardío 

Para estudiar estas especies, Schroeder y Christiane Weirauch, profesora de entomología de la Universidad de California en Riverside y coautora del trabajo, analizaron 593 ejemplares procedentes del American Museum of Natural History y del Australian Museum. El estudio permitió comprobar que, pese a compartir una apariencia similar, los insectos pertenecen a grupos evolutivos diferentes.

En este sentido, el trabajo publicado en la revista Insect Systematics and Evolution describe un total de 12 nuevas especies de insectos. Para Schroeder, casos como este demuestran que la taxonomía sigue teniendo un papel esencial, ya que identificar y poner nombre a los organismos no es simplemente una cuestión de clasificación, sino el primer paso para saber que existen y poder protegerlos. 

El homenaje tiene una finalidad científica 

Poner el nombre de Taylor Swift a estos insectos también tiene una dimensión simbólica. A pesar de que bautizar especies en honor a personas es una práctica con siglos de historia y genera cierto debate entre los especialistas, Schroeder considera que puede servir para acercar la ciencia al público. En este caso, una estrella de la música y cuatro diminutas chinches australianas comparten nombre, pero el objetivo de fondo es otro: recordar que todavía queda una enorme parte de la biodiversidad por descubrir. 

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