Los neandertales fabricaban una sustancia negra con corteza de abedul y la usaban como antibiótico mucho antes de la medicina moderna

Un sistema enterrado y otro sobre superficie dura dieron lugar al mismo tipo de material

Héctor Farrés

24 de marzo de 2026 16:41 h

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Las infecciones bacterianas cambiaron de forma radical cuando se encontró una manera de frenarlas sin cirugía ni aislamiento prolongado. Los antibióticos son sustancias que atacan bacterias y evitan que se reproduzcan, algo que permite tratar heridas, neumonías o infecciones internas con fármacos en lugar de dejar que el cuerpo luche solo.

Ese uso tan extendido hoy tiene un origen bastante concreto, ligado a observaciones accidentales y a pruebas de laboratorio que confirmaron su efecto. También existen compuestos naturales con ese mismo tipo de acción, aunque se descubrieran mucho antes sin saber exactamente cómo funcionaban.

La idea de que una sustancia pueda bloquear microbios marcó un cambio enorme en la medicina. Ese mismo principio aparece en materiales mucho más antiguos.

Un estudio analizó un material usado hace miles de años

Ese uso de sustancias que frenan bacterias aparece en un estudio que, según recoge PLOS One, llevó a investigadores de la Universidad de Colonia, la Universidad de Oxford, la Universidad de Lieja y la Cape Breton University a probar un material prehistórico.

El equipo produjo alquitrán de abedul con técnicas asociadas a los neandertales y comprobó que ese material podía limitar el crecimiento de bacterias. El trabajo muestra que ese compuesto no solo servía para herramientas, sino que también pudo aplicarse sobre heridas. La investigación, por lo tanto, apunta a que ya existía una forma básica de tratar infecciones mucho antes de la medicina moderna.

Los fármacos cambiaron el tratamiento de infecciones bacterianas

Para llegar a ese resultado, los investigadores reprodujeron métodos que se usaban hace miles de años para obtener ese material. El proceso consistía en calentar corteza de abedul en condiciones con poco oxígeno, lo que provoca una destilación seca que libera una sustancia espesa.

En uno de los sistemas, la corteza se quemaba bajo tierra dentro de un espacio cerrado. En otro, se colocaba cerca de una superficie dura, como una piedra, para que el alquitrán se condensara sobre ella. Ambos procedimientos generan el mismo tipo de producto, aunque cambie la forma de recogerlo. Ese detalle resulta importante porque indica que no hacía falta una técnica única para obtenerlo.

La resistencia actual empujó a buscar alternativas en materiales antiguos

El interés por ese material también encaja con un problema actual muy claro. Muchas bacterias han desarrollado resistencia a los antibióticos actuales, lo que complica tratar infecciones comunes en hospitales. Esa situación empuja a buscar alternativas en sustancias naturales que ya mostraban algún efecto.

Las evidencias sitúan un cuidado básico de la salud en tiempos antiguos

Tjaark Siemssen, de la Universidad de Colonia y la Universidad de Oxford, explicó que “nuestros hallazgos muestran que podría valer la pena examinar antibióticos de contextos etnográficos o prehistóricos con más profundidad”. Ese enfoque abre la puerta a revisar compuestos antiguos con métodos actuales. El objetivo, en este sentido, es entender si alguno puede servir como base para nuevos tratamientos.

El alquitrán se entendió durante años como adhesivo para herramientas

Durante años, el alquitrán de abedul se interpretó casi siempre como un pegamento para herramientas. Aparece adherido a piezas de piedra en yacimientos europeos, lo que llevó a pensar que su función principal era unir partes, como mangos y filos. Ese proceso de unión se conoce como enmangue y resulta básico para fabricar herramientas más complejas.

Sin embargo, el propio Siemssen indicó que “nuevos estudios sugieren que el alquitrán de abedul también pudo usarse para otros fines”. Existen además ejemplos en distintas regiones del mundo donde se ha aplicado sobre la piel con fines curativos. Esa coincidencia llevó a plantear que los neandertales podían haber aprovechado esa propiedad de forma consciente.

Las pruebas confirmaron que frenaba bacterias comunes en heridas

Las pruebas de laboratorio confirmaron esa posibilidad al exponer el alquitrán a bacterias conocidas por causar infecciones. Todas las muestras frenaron el crecimiento de Staphylococcus aureus, una bacteria muy común en heridas y que hoy presenta resistencia a varios tratamientos. Ese resultado se repitió con el material obtenido por distintos métodos, lo que refuerza la idea de que la propiedad antibacteriana no depende de una técnica concreta.

Siemssen explicó que “los resultados sugieren que las propiedades antimicrobianas ya tenían un papel en tiempos de los primeros neandertales y que podían usarse de forma dirigida”. El equipo también comprobó que el contacto con el material implicaba un proceso complejo, ya que su producción resulta pegajosa y difícil de manejar.

Los ensayos mostraron que todas las muestras detenían el crecimiento de un microorganismo frecuente

Ese conjunto de datos encaja con otras pistas sobre el comportamiento de los neandertales. Se sabe que fabricaban herramientas, recogían objetos y utilizaban materiales de forma intencionada. También hay indicios de que cuidaban a individuos heridos o enfermos dentro de sus grupos.

La posible aplicación del alquitrán sobre heridas encaja con esa idea de atención básica. Además, existen prácticas en comunidades del norte de Europa y Canadá donde se usa este tipo de sustancia para tratar la piel. Esos paralelismos refuerzan la hipótesis de que el uso no era casual.

El uso repetido convirtió la observación en conocimiento útil

El estudio también apunta a que ese conocimiento no surgió de golpe, sino a partir de la observación repetida de efectos concretos. Si una sustancia reduce la infección en una herida, su uso se repite. Con el tiempo, esa repetición se convierte en una técnica.

Ese mismo proceso explica cómo se descubrieron los antibióticos modernos, aunque en ese caso se identificaron de forma más controlada en laboratorio. La diferencia es que ahora se conoce el mecanismo, mientras que en el pasado bastaba con ver el resultado.

El recorrido que conecta ese material antiguo con la medicina actual no es lineal, pero sí deja una idea clara. Algunas soluciones eficaces ya existían antes de que se entendiera su base científica. El alquitrán de abedul aparece como uno de esos ejemplos que muestran cómo una sustancia natural puede tener más de un uso. Hoy se investiga con instrumentos modernos y precisos. Hace miles de años bastaba con observar qué funcionaba y repetirlo.

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