Ni tanques ni amenazas: la Guerra del Whisky entre Canadá y Dinamarca se libró con botellas y sentido del humor
Los disparos obligan a vaciar una aldea cuando dos ejércitos reclaman la misma franja de tierra y ninguno acepta retroceder. Las luchas territoriales suelen avanzar con tropas que cruzan fronteras, artillería que alcanza viviendas y controles militares que cortan carreteras usadas por la población.
Una ciudad cercada puede quedarse sin alimentos, mientras una familia abandona su casa porque el frente se acerca y los soldados convierten los campos cercanos en posiciones defensivas. También aparecen expulsiones, detenciones y ataques destinados a cambiar quién vive en una zona o quién puede circular por ella. Frente a ese patrón, algunos desacuerdos han seguido una vía distinta y han mantenido la disputa lejos de las armas.
Canadá y Dinamarca defendieron la isla Hans con banderas y botellas
Canadá y Dinamarca llevaron esa alternativa al extremo en la isla Hans, donde cada visita oficial terminaba con una bandera retirada, otra colocada y una botella abandonada sobre la roca. El islote permaneció deshabitado, pero ambos países lo reclamaron durante casi medio siglo y trataron cada desembarco como una afirmación de soberanía.
De esta manera, la llamada Guerra del Whisky convirtió una discusión fronteriza en una sucesión de provocaciones calculadas, con protestas diplomáticas y humor en lugar de combates.
Tom Høyem inauguró una cadena de respuestas entre ambos países
Tom Høyem, ministro danés para Asuntos de Groenlandia, viajó en helicóptero hasta la isla en julio de 1984 después de que una empresa canadiense realizara allí un estudio. Su equipo levantó un montículo de piedras, izó la bandera danesa y dejó una botella de brandy junto a una nota que daba la bienvenida a la isla danesa.
Høyem reconoció años después a TV 2 Nyheder que temía que el desacuerdo pudiera agravarse: “Estaba un poco nervioso, porque una disputa fronteriza podía llegar a ser bastante seria y sabía que probablemente atraería mucha atención”. Canadá respondió retirando la enseña danesa, colocando la suya y dejando whisky con un cartel que daba la bienvenida a Canadá.
Las visitas posteriores repitieron ese ritual durante años y convirtieron la isla en un depósito pasajero de banderas, mensajes y bebidas. Funcionarios, militares y científicos retiraban lo dejado por la otra parte, colocaban sus propios objetos y se marchaban. Canadá y Dinamarca eran socios comerciales y aliados de la OTAN, por lo que ambos gobiernos daban por hecho que las provocaciones no acabarían en una guerra. La disputa siguió abierta porque ninguno quería aparecer como el primero que renunciaba a su reclamación.
El desacuerdo procedía de las negociaciones celebradas en 1972 y 1973 para fijar la frontera marítima del estrecho de Nares. Los dos países trazaron una línea para dividir sus respectivas plataformas continentales, pero dejaron sin resolver la soberanía sobre la isla Hans, situada justo en medio del área discutida. Canadá vinculaba su reclamación a la compra de territorios de la Compañía de la Bahía de Hudson realizada en 1880, mientras Dinamarca defendía la relación histórica del islote con la población inuit de Groenlandia. El tratado de 1973 aplazó la decisión y abrió un desacuerdo que sobrevivió durante décadas.
Los gobiernos abandonaron aquella política de aplazamiento en 2018, cuando crearon un grupo de trabajo para negociar una salida aceptable. El paso puso fin a años de protestas medidas y permitió estudiar una división basada en la propia geografía de la roca. Las conversaciones avanzaron mientras el Ártico ganaba peso por las rutas marítimas, la pesca y los posibles recursos bajo el lecho marino, asuntos que hacían difícil cualquier renuncia unilateral.
Los dos gobiernos acordaron repartir la isla en 2022
El pacto llegó en 2022 y trazó una frontera de norte a sur siguiendo una hendidura natural de la isla. Canadá y Dinamarca recibieron porciones parecidas, aunque la parte groenlandesa quedó con una superficie algo mayor. Los representantes firmaron el acuerdo en Ottawa e intercambiaron botellas por última vez, cerrando casi 50 años de desacuerdo. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Dinamarca publicó los términos del reparto, sujeto a la aprobación parlamentaria de ambos países.
Mélanie Joly, entonces ministra canadiense de Asuntos Exteriores, defendió que el acuerdo demostraba que dos estados podían resolver sus diferencias mediante reglas aceptadas por ambas partes: “Es posible resolver un desacuerdo y siempre es mejor hacerlo mediante principios y normas que ambas partes reconozcan”.
Jeppe Kofod, que ocupaba el mismo cargo en Dinamarca, situó el derecho internacional por encima de la presión militar: “Cuando existen asuntos en disputa, la resolución debe basarse en el derecho internacional, mediante la fuerza de la ley y no mediante la ley de la fuerza”.
La isla Hans conserva un valor político pese a su tamaño
La isla Hans, llamada Hans Ø en danés y Tartupaluk en groenlandés, se encuentra en el estrecho de Nares, entre la isla canadiense de Ellesmere y el norte de Groenlandia. Su nombre recuerda al explorador groenlandés Hans Hendrik, que participó en una expedición llegada a la zona en 1853, mientras Tartupaluk significa “con forma de riñón”.
El islote carece de población permanente y apenas permite que crezcan plantas, aunque los inuit conocían la región y la usaban para desplazarse y cazar mucho antes de las reclamaciones estatales.
Su superficie reducida nunca eliminó el valor político de controlar una posición en el Ártico. Canadá y Groenlandia se encuentran a unos 18 kilómetros de la isla, una cercanía que permitió a ambas partes defender sus derechos conforme al derecho internacional.
Reuters informó de que la nueva delimitación completaría una frontera marítima de 3.882 kilómetros. Soren Norby, historiador militar del Colegio Real de Defensa de Dinamarca, interpretó el acuerdo como un antecedente para otros países interesados en la región: “Es una señal para las demás partes con intereses allí arriba de que esta es la manera de hacerlo”. La roca siguió en el mismo lugar, pero las botellas dejaron de disputar por ella.
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