Una tumba medieval china revela un castigo brutal: una mujer sufrió la amputación de la nariz posiblemente por robo o adulterio
La lapidación figura entre las penas mortales que distintas sociedades históricas reservaron para conductas sexuales consideradas delitos graves contra el orden establecido. El adulterio se castigó porque determinadas normas lo vinculaban con la fidelidad matrimonial, la legitimidad de la descendencia, el patrimonio familiar y el control social de la sexualidad, aunque las sanciones variaron enormemente según el periodo y la comunidad.
Entre las respuestas documentadas hubo multas, repudio, humillación pública, mutilaciones y muerte, de modo que establecer un único peor castigo exige un criterio subjetivo que las fuentes históricas no pueden resolver. Dentro de ese amplio repertorio, las mutilaciones tuvieron un lugar especialmente severo porque podían permitir la supervivencia mientras dejaban una alteración corporal permanente asociada al castigo.
Una tumba de Henan reveló una amputación facial punitiva
Una de esas mutilaciones aparece ahora en el esqueleto de una mujer de entre 40 y 45 años hallado en Henan, considerado en Journal of Archaeological Science: Reports la primera evidencia esquelética publicada de mutilación facial utilizada como castigo en la antigua China.
El cementerio descubierto durante unas prospecciones previas a unas obras contenía 299 tumbas, mientras que esta mujer había sido enterrada sola y boca abajo. La datación por radiocarbono sitúa su vida entre 1298 y 1404, entre el final de la dinastía Yuan y los comienzos de la Ming, aunque el diseño de la tumba apunta al periodo Yuan.
La amputación nasal tenía antecedentes escritos muy anteriores a aquella mujer, pues las inscripciones chinas sobre huesos oraculares ya representaban esta pena durante la dinastía Shang mediante un carácter asociado a un cuchillo colocado junto a la nariz. Qian Wang, antropólogo biológico de la Universidad de Texas A&M y coautor del estudio, planteó en Live Science dos posibles delitos relacionados con la mutilación, el robo de ganado y el adulterio.
Al describir el contexto económico de la época, Wang señaló que “en la economía agrícola de la antigua China, el robo de ganado, como vacas y burros, no era infrecuente, aunque podía haber otras razones, como el adulterio”. Los investigadores presentan estas posibilidades como hipótesis y carecen de pruebas capaces de determinar qué conducta concreta fue castigada.
La cicatrización demuestra que la mujer sobrevivió al castigo
El cráneo conserva una abertura nasal agrandada y muestra que parte del hueso y de los tejidos fue retirada desde abajo hacia arriba, mientras los investigadores valoraron explicaciones alternativas como una enfermedad, una anomalía congénita, un accidente o una automutilación. La posición funeraria y otros indicios llevaron al equipo a considerar más probable una amputación punitiva.
Los huesos nasales presentan cicatrización, por lo que la mujer sobrevivió, y Wang indicó a Gizmodo que habría recibido cuidados destinados a “detener la hemorragia, prevenir la infección y reducir el dolor”. Las formaciones óseas alrededor de la abertura llevaron además al equipo a plantear que pudo utilizar una prótesis nasal, aunque habría sufrido problemas para respirar y mover el labio superior.
El hallazgo proporciona también un patrón que podrá buscarse en otros esqueletos antiguos, después de que la ausencia de pruebas hubiera contrastado durante mucho tiempo con los testimonios escritos sobre estas penas. Elizabeth Berger, bioarqueóloga de la Universidad de California en Riverside, señaló a Live Science que futuras investigaciones podrían aclarar “a qué personas se sometía a este castigo, cómo se ejecutaba y cómo se trataba médicamente después, incluido el uso de prótesis”.
Wang dirige además el módulo asiático del Global History of Health Project, una iniciativa dentro de la cual está previsto examinar nuevos esqueletos para localizar enfermedades, traumatismos y otras alteraciones conservadas en los restos humanos, ampliando así el conocimiento disponible sobre la salud de poblaciones antiguas.
El aislamiento funerario prolongó la exclusión tras su muerte
El enterramiento boca abajo y apartado de las sepulturas familiares añade una dimensión social a las lesiones que permanecieron visibles durante años después de la amputación. Wang sostuvo en Live Science que “creemos que esta mujer fue una especie de marginada después de morir”, una interpretación apoyada en una posición funeraria que no apareció en ningún otro cuerpo del cementerio.
David Shaye, cirujano de la Universidad de Harvard especializado en procedimientos de cara, cabeza y cuello y ajeno al estudio, explicó a New Scientist que “las deformidades faciales pueden afectar profundamente a la identidad, la interacción social y el lugar de una persona dentro de una comunidad”. La supervivencia como tal, por tanto, convivió durante años con una mutilación a la vista de cualquiera, y el aislamiento de su sepultura indica que esa diferencia pudo acompañarla incluso después de morir.
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