¿No te atreves con los baños de hielo? Prueba con el agua helada en la cara

Darío Pescador

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Un buen número de famosos (y otros humanos como el autor de este artículo) han adquirido la costumbre de darse una ducha fría todos los días. Otros incluso aparecen en sus redes sociales sumergiéndose en toneles de agua con hielo. La exposición al frío está de moda, y por muy buenas razones. 

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Las duchas frías o los baños de hielo causan la vasoconstricción de los vasos sanguíneos, que al salir del frío se relajan, lo cual es un ejercicio que los mantiene flexibles y previene las enfermedades cardiovasculares. También se estimula la grasa marrón del cuerpo, un tejido con la capacidad de quemar la grasa de la barriga que tanto nos molesta. Además se mejora la función del sistema inmunitario y aumenta la producción de glóbulos blancos, aumenta la energía y el estado de alerta durante el día, mejora la calidad del sueño por la noche y se potencia la fortaleza mental y nuestra capacidad de enfrentarnos a las adversidades. 

¿Por qué no lo hace todo el mundo? Para muchas personas es demasiado. Durante los primeros 10 segundos de la ducha fría se dispara la adrenalina y el cuerpo entra en un estado de alarma que no resulta agradable. A partir de ahí, las cosas se vuelven más fáciles, pero vencer la resistencia a ese primer contacto con el frío requiere de fuerza de voluntad. 

No hay alternativa, pero sí una versión menos intimidante: refrescarse la cara con agua helada.

La cara, la temperatura y el reflejo de inmersión

Desde hace años circula por Internet un ritual de belleza facial practicado por las coreanas: sumergir la cara en un bol de agua con hielo por las mañanas durante unos 30 segundos, y repetir el proceso un par de veces. Los beneficios, según la Clínica Cleveland, incluyen reducir la inflamación y el aspecto hinchado de la cara, reducción de las ojeras y mejora en el acné. Pero el agua helada en la cara va mucho más allá.

La piel de la cara en la frente y alrededor de los ojos tiene algo en común con la piel de de las palmas de las manos y las plantas de los pies: las arterias se conectan a las venas directamente, sin pasar por los capilares, lo que convierte a estas partes del cuerpo en radiadores (o refrigeradores) que permiten cambiar la temperatura interna. Enfriando la cara obtenemos la respuesta en adrenalina y noradrenalina que produce la ducha fría, aumentando el estado de alerta.

Salpicar con agua fría la cara estimula el nervio trigémino, que a su vez está conectado con el nervio vago. La estimulación del nervio vago disminuye la inflamación, reduce el estrés y mejora la circulación sanguínea, y se ha comprobado que puede ayudar en los casos de epilepsia, autismo y depresión.

Aún hay más. Sumergir la cara en agua fría tiene el efecto instantáneo de calmarnos. Esto se debe a algo llamado reflejo de inmersión de los mamíferos, y lo tienen otros muchos animales. Cuando se detecta agua fría en las entradas de aire (nariz y boca) disminuye el ritmo cardíaco, la sangre se redirige hacia los órganos internos y se optimiza la conservación de energía y el oxígeno. Esto es algo que se había observado en las focas, cuyos corazones se ralentizaban al bucear. En los años 60 se realizaron experimentos con voluntarios humanos, y se observó el mismo efecto. Las pulsaciones del corazón se mantenían bajas incluso cuando hacían ejercicios intensos bajo el agua. Además, la bajada de las pulsaciones era mayor al bajar la temperatura del agua.

El reflejo de inmersión se observa también en los bebés hasta los seis meses. En la mayor parte de los casos, los bebés contienen la respiración de forma refleja cuando se sumergen para proteger sus vías respiratorias, y se reducen sus pulsaciones, algo que experimentalmente se puede comprobar simplemente soplándoles en la cara.

Si eres de esas personas que se despiertan sin energía y de mal humor, puedes aprovechar este reflejo primitivo para calmar los nervios, aumentar el estado de alerta sin necesidad de café, y reducir la inflamación, tanto de la cara como internamente en tu organismo. Además, te servirá de entrenamiento para, un día, empezar a darte duchas frías o baños de hielo.

* Darío Pescador es editor y director de la revista Quo y autor del libro Tu mejor yo publicado por Oberon.

¿En qué se basa todo esto?