Los antiguos baños de Málaga que la leyenda relaciona con Julio César y huelen a huevos podridos
En el municipio malagueño de Casares se conserva un singular espacio termal con siglos de historia y una característica que se percibe incluso antes de entrar en sus aguas. Son los Baños de la Hedionda, un manantial de aguas sulfurosas cuyo intenso olor, semejante al de los huevos podridos, terminó dando nombre al enclave. Su pasado está además rodeado de relatos que lo vinculan con los romanos y, en particular, con Julio César.
La tradición popular sitúa uno de estos episodios en el año 61 a. C. Según la leyenda, unas tropas romanas acampadas en la zona padecían sarna y habrían encontrado alivio después de bañarse en el manantial. Existe además otra versión que convierte al propio Julio César en protagonista y sostiene que habría recurrido a estas aguas para tratar una infección herpética.
Este último relato añade que, tras experimentar una mejoría, el general romano habría ordenado construir unos baños en el lugar. Sin embargo, no existen documentos históricos que permitan acreditar que Julio César visitara realmente este enclave, por lo que su supuesta estancia debe entenderse como parte de las historias que se han transmitido sobre el manantial y no como un acontecimiento demostrado.
Sí existen, en cambio, referencias antiguas a las cualidades atribuidas a sus aguas. Los tratados geográficos que mencionaban Casares ya recogían las propiedades curativas de la fuente, señal de que el manantial era conocido desde hacía siglos. Su utilización se remonta a finales de la Edad Media, aunque las primeras intervenciones para levantar el edificio que ha llegado hasta la actualidad comenzaron en el siglo XVII.
Un manantial que ganó popularidad en el siglo XVIII
Fue durante el siglo XVIII cuando comenzó a quedar constancia documental de su utilización y el lugar adquirió mayor relevancia. En Málaga crecía entonces el interés por los manantiales empleados con fines terapéuticos y las aguas sulfurosas empezaron a utilizarse por las propiedades beneficiosas que se les atribuían. La popularidad de este tipo de espacios continuó aumentando durante el siglo XIX.
Precisamente el azufre explica una de las particularidades más reconocibles de los Baños de la Hedionda. La composición de sus aguas provoca un fuerte olor que recuerda al de los huevos podridos, una característica que puede resultar desagradable inicialmente para algunos visitantes pero que se ha convertido en una de las señas de identidad del lugar.
El olor llegó incluso a determinar la manera en la que el enclave sería conocido. Su nombre, Hedionda, está directamente relacionado con ese particular aroma de las aguas sulfurosas. De esta forma, una característica natural del manantial ha terminado identificando un espacio cuyo uso se ha prolongado durante siglos y alrededor del cual han surgido diferentes relatos históricos y legendarios.
Quienes quieran conocer los Baños de la Hedionda deben tener en cuenta que el acceso al edificio está regulado durante la temporada alta. Esta medida permite controlar el aforo y contribuir a la protección de un espacio de valor patrimonial que conserva tanto su peculiar manantial como las historias que, con distinto grado de respaldo documental, han acompañado al enclave durante generaciones.
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