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Un viaje por la Selva Negra, el corazón de la Alemania más bucólica

Schiltach, en la Selva Negra.

Roberto Ruiz


En el suroeste de Alemania, en la esquina que encaja entre Suiza y Francia, se encuentra una de las zonas más bonitas, más conocidas y más turísticas de todo el país germano: la Selva Negra. Una región naturalmente verde y frondosa, rica en contrastes, relajante y salpicada por bonitos pueblos de arquitectura tradicional, que puede ser el plan perfecto para una escapada de una semana. 

Desde Baden-Baden, en el norte, hasta Friburgo de Brisgovia, en el sur, a nuestro paso dejaremos bosques, lagos, viñedos y montes mientras unimos pequeñas poblaciones con encanto, en las que las casas con entramados de madera repletas de flores nos harán sentir en un escenario de película entre ambientes rurales, románticos y bucólicos.

Dos ciudades que ver en la Selva Negra

Quizá a la Selva Negra llegues buscando pueblos de arquitectura típica, o frondosos bosques, pero eso no quita que haya un par de ciudades en las que bien merezca la pena dedicar unas horas para comparar tradición y futuro: Baden-Baden y Friburgo de Brisgovia.

  • Baden-Baden

Baden-Baden, gracias a su aeropuerto, bien podría ser el comienzo de tu ruta por la Selva Negra. Es una ciudad pequeña pero curiosa. Ganó gran fama en el siglo XIX gracias a sus baños termales, algo que sigue atrayendo hoy día un gran número de turistas, y desprende lujo y elegancia allá por donde pasamos. El casino puede presumir de ser uno de los más bonitos del mundo y el parque Lichtentaler Allee es un lugar idílico por el que pasear entre recios edificios señoriales.

  • Friburgo de Brisgovia

En Friburgo nunca falta la actividad, como en buena ciudad universitaria que es. Es un lugar joven y tranquilo, con un centro histórico acogedor, adoquinado y cuidado, y con una catedral, la de Brisgovia, monumental y rodeada por una plaza, la Münsterplatz, que se convierte en mercado cuando corresponde. Fuera del centro, merece mucho la pena acercarse a conocer Vauban, uno de los barrios más ecológicos y profamiliares del país.

Cuatro pueblos con encanto en la Selva Negra

Los pueblos de la Selva Negra son uno de los principales atractivos de toda la región. Son tan bonitos, y tan perfectos, que parecen sacados de un cuento de hadas. Son muchas las paradas que puedes hacer en este viaje, pero hay cuatro que te recomendamos no pasar de largo.

  • Sasbachwalden

Sasbachwalden es un pueblo de paso, pero en el que sin duda hay que parar aunque sea para dar un paseo, por ejemplo al empezar la ruta en Baden Baden y dirigirnos hacia el sur. Puede ser un primer contacto perfecto con la arquitectura tradicional de la Selva Negra, con bonitos jardines y rodeado de viñedos que llegan hasta el propio pueblo. 

  • Triberg

Triberg es uno de los pueblos más conocidos de la Selva Negra, y uno de los más turísticos también. Y no porque sea el más bonito de todos precisamente, sino porque tiene dos elementos que lo han hecho especialmente característico. Uno de ellos es su cascada, que con una caída de agua de 163 metros se encuentra entre las más altas del país. Y otro lo encontramos en sus relojes de cuco, que son característicos de toda la Selva Negra, pero aquí tienen un protagonismo indiscutible, con tiendas repletas de cientos de ellos y el que presume de ser el reloj de cuco más grande del mundo.  

  • Gengenbach

Gengenbach sí que es uno de los pueblos más bonitos de la Selva Negra, por no decir el que más. Su centro es de verdadero cuento, con sus casas tradicionales con entramados de madera a la vista y sus balcones llenos de flores. Es imposible pasar por alto la Torre Kinzing, en uno de los accesos a la vieja zona amurallada, así como su ayuntamiento, que tiene más de 200 años de historia y una fachada que imita un calendario de adviento, algo que en Navidad se vuelve realidad.

  • Schiltach

Schiltach es uno de esos pueblos en los que apetece pasear sin rumbo por sus calles centrales, estrechas y adoquinadas. A un lado y otro iremos dejando preciosos edificios de fachadas con sus entramados de madera a la vista. Städtle es su casco antiguo medieval y en él encontrarás numerosas casas que datan de los siglos XVI y XIX. Si buscas una opción pintoresca en la que hacer noche aquí encontrarás la antigua Posada Adler, hoy convertida en el Adler 1604 Boutique Hotel, pero que conserva una ambiente encantador y familiar, además de uno de los mejores restaurantes del pueblo. 

Y un poco de naturaleza también

Además de ciudades acogedoras y bonitos pueblos, otra de las grandes características de la Selva Negra es su naturaleza, como ya dice su propio nombre. Si queremos disfrutar de ella, a poco más de 30 km de Friburgo se encuentra el lago Titisee, uno de los destinos vacacionales preferidos por los propios alemanes y, por tanto, bastante turístico también. Pero dar un paseo alrededor, atravesando los bosques que lo rodean, o alquilar una barca y adentrarse en él, puede ser un buen plan. Si quieres más tranquilidad, a 15 km del Titisee se encuentra otro lago, el Schluchsee, donde encontrarás menos gente y es más fácil desconectar de todo. 

Para ser conscientes de la naturaleza que nos rodea en la Selva Negra es muy recomendable subir hasta el monte Kandel, que con una altura de 1.241 metros ofrece una espectacular vista panorámica sobre toda la región. Un punto final perfecto para empezar a planear una nueva visita a la que sin duda es una de las zonas más bonitas de Alemania.

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