Este islote canario, antiguo refugio de piratas, debe su nombre a que fue masivamente habitada por lobos marinos
Son muchas las personas que este verano habrán aprovechado para disfrutar de alguna de las islas más conocidas de nuestra geografía, de ahí las grandes cifras de visitas que han recibido Menorca, Ibiza, Tenerife o Gran Canaria. Sin embargo, son pocos los viajeros que habrán tenido la ocasión de explorar un islote de las Islas Canarias porque, entre otras razones, su aforo es limitado y es necesario solicitar una autorización para poder visitarla. Se trata de Lobos, una pequeña isla de origen volcánico de aproximadamente 5 kilómetros cuadrados, situada a tan solo dos kilómetros al norte de Fuerteventura. De hecho, ambas islas están separadas por un estrecho conocido como El Río, cuya profundidad máxima es de unos 15 metros.
Prácticamente deshabitada a día de hoy, el origen de su nombre se debe a la histórica presencia de focas monje también conocidas como lobos marinos. Grandes colonias de estos mamíferos habitaban la isla, especialmente en la playa hoy conocida como La Calera o La Concha. Sin embargo, la especie fue cazada hasta su extinción en la zona, principalmente por pescadores locales que consideraban que su voracidad, que les lleva a consumir entre 30 y 40 kilos de pescado al día, reducía los recursos marinos. Actualmente ya no habitan la isla, pero una estatua de focas da la bienvenida a los visitantes. A nivel administrativo, Lobos es curiosamente una pedanía del municipio de La Oliva, en la provincia de Las Palmas. Y su silueta es claramente visible desde la localidad de Corralejo en Fuerteventura.
En cuanto a la presencia humana en la isla, hay una serie de investigadores de la Universidad de La Laguna que han confirmado la existencia de un asentamiento romano estacional hace unos 2.000 años. Este asentamiento estaba dedicado a la obtención de púrpura, un tinte muy valioso que se extraía de caracoles marinos como la especie Stramonita haemastoma. La evidencia de esta actividad se encuentra en un conchero hallado en la playa de La Calera, que contenía restos de miles de caracoles, fragmentos de cerámica como ánforas y otros materiales romanos.
Aforo limitado
A lo largo de los siglos, la isla también sirvió como refugio para piratas, quienes aprovechaban sus costas poco pobladas para descansar o reparar sus naves. En tiempos más recientes, el islote ha sido el lugar de nacimiento de figuras notables como la escritora española Josefina Pla, a quien se le rinde homenaje con una estatua cerca del centro de visitantes. El faro de Martiño, ubicado en el extremo norte de la isla, estuvo habitado por un farero y su familia hasta el año 1968, siendo un testimonio de la vida en este enclave aislado. Debido a su alto valor ecológico, el islote de Lobos fue declarado Parque Natural en 1982, convirtiéndose en uno de los primeros espacios protegidos de las Islas Canarias. Para garantizar su conservación, desde 2019 es necesario solicitar la mencionada autorización para poder visitarla, normativa que limita el acceso a 200 personas simultáneamente en dos franjas horarias de cuatro horas cada una.
Para llegar a este islote se puede lograr en una embarcación desde el puerto de Corralejo, en Fuerteventura, en un trayecto que dura aproximadamente 15 minutos. Hay varias opciones de hacerlo, en ferry, watertaxi o catamarán. Los visitantes que llegan al islote son principalmente turistas, bañistas, pescadores, submarinistas y surfistas. Lobos también ofrece varias rutas de senderismo para explorar su paisaje virgen. Un sendero circular bien señalizado recorre los principales puntos de interés. La ruta más popular es la que asciende al volcán de La Caldera, el punto más alto del islote con 127 metros de altitud. Desde su cima se pueden disfrutar de vistas panorámicas de Lanzarote y las dunas de Corralejo. Otra ruta lleva hasta el faro de Martiño, en el extremo norte, a unos 5 kilómetros del embarcadero.
Como es de suponer, las playas y la vida marina son otros de los grandes atractivos de Lobos. La playa de La Concha o La Calera es una playa virgen de arena blanca y aguas cristalinas. El Puertito es una pequeña zona con las pocas casas que existen en la isla y un embarcadero desde donde uno puede tirarse al mar. Además, el islote es considerado una gran reserva submarina, con uno de los fondos marinos más ricos del Atlántico, lo que lo convierte en un lugar perfecto para la práctica del buceo y el esnórquel. Con tan poca presencia humana y tanta tranquilidad, sumergirse unas horas bajo sus aguas asegura disfrutar de una rica fauna marina, que vive con tranquilidad y sin ningún tipo de amenaza.
La biodiversidad terrestre de la isla también es notable. Cuenta con más de 130 especies vegetales adaptadas a la alta salinidad del ambiente. Entre ellas destaca la siempreviva de Lobos (Limonium ovalifolium canariense), una especie endémica que solo se encuentra en esta isla y es considerada la joya de su flora. Otras plantas representativas son la uvilla de mar y la tabaiba dulce. La fauna está dominada por las aves marinas, como la pardela cenicienta, la pardela chica, el águila pescadora o la gaviota patiamarilla. La zona de Las Lagunitas es un lugar especialmente bueno para la observación de aves.
En todo caso, para quienes se les antoje visitar este islote de gran pasado, las entidades turísticas canarias recuerdan tener en cuenta que en la isla hay pocas opciones para comprar comida, agua o protección solar. Además, también es conveniente llevar calzado cómodo y adecuado para caminar por los senderos y las zonas rocosas, especialmente si se planea subir al volcán. En definitiva, que es mucho mejor ser precavido que temerario antes de embarcarse desde Fuerteventura para disfrutar de esta joya canaria al alcance de muy pocos.
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