El monasterio gótico del siglo XV que convive junto a Medina Azahara en las faldas de la sierra de Córdoba

Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso, Córdoba.

Edu Molina

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El patrimonio histórico de Córdoba no se limita a los monumentos de su casco antiguo. Más allá del entorno de la Mezquita-Catedral, el municipio conserva construcciones de distintas épocas repartidas por los terrenos que rodean la ciudad. Algunas estuvieron ligadas a comunidades religiosas y a explotaciones agrícolas, y ayudan a entender cómo se organizó durante siglos la vida fuera del núcleo urbano.

Al oeste de la capital se encuentra Medina Azahara, levantada en el siglo X como sede del Califato de Córdoba. La ciudad palatina fue destruida a comienzos del siglo XI y sus restos permanecieron ocultos durante siglos, hasta que las excavaciones permitieron recuperar parte de su trazado, con calles, edificios y sistemas de abastecimiento de agua. Desde 2018 está además incluida en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Muy cerca, en las laderas de Sierra Morena, se levanta el Real Monasterio de San Jerónimo de Valparaíso. Su origen es posterior al de la ciudad califal y pertenece a una etapa histórica completamente distinta. El edificio, iniciado en el siglo XV, es una de las construcciones más destacadas del gótico cordobés y conserva también reformas realizadas en siglos posteriores. Su ubicación frente a Medina Azahara, cerca de la carretera de Palma del Río, sitúa ambos enclaves dentro de un mismo paisaje histórico.

La fundación de San Jerónimo de Valparaíso y sus cambios de propiedad

La fundación del monasterio se remonta a 1408 y estuvo impulsada por fray Vasco, vinculado a la expansión de la orden jerónima por Andalucía. Para establecer la comunidad fue necesario disponer de terrenos cedidos por miembros de la nobleza cordobesa. Los religiosos se instalaron así en una finca alejada del centro de Córdoba y, con el paso de los años, el complejo fue creciendo con nuevas dependencias y propiedades. La comunidad también administraba tierras y explotaciones agrícolas de los alrededores, una actividad que permitió aumentar sus recursos y consolidar su presencia en esta parte de la sierra.

Los jerónimos permanecieron allí durante más de cuatro siglos, hasta que la desamortización puso fin a la actividad monástica en 1836. El inmueble quedó entonces abandonado y comenzó una etapa de deterioro que se prolongó hasta comienzos del siglo XX. En 1912, José María López de Carrizosa y Garvey, marqués del Mérito, adquirió la propiedad y la familia inició distintos trabajos de recuperación y conservación que continuaron durante generaciones.

El monasterio sigue siendo actualmente de titularidad privada, una circunstancia que lo diferencia del cercano yacimiento arqueológico de Medina Azahara. Su reconocimiento oficial llegó en 1980, cuando San Jerónimo de Valparaíso fue declarado monumento histórico-artístico de carácter nacional. En la actualidad forma parte además del ámbito protegido como Bien de Interés Cultural de Madinat al-Zahra.

La arquitectura gótica y las transformaciones de los siglos posteriores

La construcción comenzó en el siglo XV, aunque el aspecto actual del monasterio es resultado de varias etapas. Sobre la base gótica original se fueron incorporando elementos renacentistas y barrocos durante las reformas realizadas hasta el siglo XVIII, por lo que en un mismo recinto pueden encontrarse soluciones arquitectónicas de momentos diferentes. En la fachada se abren balcones y ventanas y, sobre la portada, aparece una representación de san Jerónimo en relieve dentro de un medallón de mármol blanco.

En el interior se encuentra el patio principal, rodeado por las galerías del claustro, donde se conservan columnas dóricas, bóvedas góticas y varias capillas. El complejo cuenta también con una iglesia, una sala capitular y un patio destinado antiguamente a los novicios. Las distintas dependencias se distribuyen alrededor de patios y corredores y respondían a las necesidades de la comunidad durante los siglos en los que el lugar mantuvo su función religiosa.

La cercanía con Medina Azahara dejó además una historia vinculada directamente a las ruinas de la ciudad califal. En el siglo XVI, unos monjes encontraron allí dos figuras de bronce con forma de ciervo y cierva que habían sido utilizadas originalmente como surtidores de una fuente. Una de estas piezas permaneció durante un tiempo en San Jerónimo y terminó incorporándose al Museo Arqueológico de Córdoba.

La figura mide 61,6 centímetros de altura y cuenta con un conducto interior por el que circulaba el agua hasta salir por la boca del animal. El religioso y cronista Ambrosio de Morales ya describió estas esculturas en 1575, lo que permite documentar su existencia en aquella época. El hallazgo sirve además para conectar dos momentos muy distintos del pasado cordobés: la etapa califal de Medina Azahara y la presencia de los jerónimos siglos después. Aunque ambos lugares tienen orígenes separados por varios siglos, su cercanía hace que hoy formen parte del mismo paisaje histórico de las afueras de Córdoba.

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