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Las personas sin hogar de Barcelona tienen una esperanza de vida 34 años más baja que la del resto de la ciudad

Una persona sin hogar, durmiendo en los alrededores de la plaça Catalunya de Barcelona

elDiario.es Catalunya

Barcelona —

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Las personas que viven o han vivido en la calle en la ciudad de Barcelona entre 2015 y 2025 murieron, de media, con 49 años. Eso supone que su esperanza de vida es 34 años menor que la del resto de habitantes de la capital de Catalunya. Esa es una de las principales conclusiones del informe 'Vivir en la calle mata', que ha presentado la Fundació Arrels.

Respecto a las mujeres, la esperanza de vida es todavía más baja (al contrario de lo que sucede con el conjunto de la sociedad): ellas mueren a los 45 años. Se trata de una cifra que la fundación califica de “muy alarmante”, teniendo en cuenta que la esperanza de vida es de 80 años en los hombres y de casi 86 en las mujeres.

Otro de los datos que destacan del informe es que el 60% de personas sin hogar acaban muriendo al raso. “Esto evidencia hasta qué punto no disponer de un espacio residencial deja a la persona expuesta”, apuntan desde la entidad. Por otro lado, el 35% murieron en hospitales o centros sociosanitarios.

Según la entidad, las causas médicas representan el 43% de las muertes, seguidas de la violencia, las sobredosis o el suicidio. Estas tres causas, agrupadas en el informe como causas externas, representan el 27% del total. Entre las mujeres, por su parte, tiene mucho peso la sobredosis.

“Las muertes de las personas sin hogar no responden únicamente al deterioro de la salud, sino también a las condiciones de exposición, violencia y riesgo que comporta la vida en el espacio público”, apunta Beatriz Fernández, presidenta de Arrels.

La comparación entre las personas que habían accedido a algún alojamiento y las que vivían en la calle en el momento de su muerte es “especialmente reveladora”, aseguran. La edad media de defunción de los primeros es de 62 años, 13 más que las de quienes siguen viviendo en la calle.

Ahora bien, destacan que aunque la esperanza de vida aumenta claramente si se consigue salir de la situación de calle, insisten en que conseguir un alojamiento no “elimina automáticamente” las consecuencias en la salud física y mental que tiene haber pasado años al raso.

Por ello, el informe concluye con un seguido de propuestas para combatir la mortalidad de las personas que viven en la calle. Insisten en que es esencial reducir el tiempo de vida en la calle, ampliando los recursos residenciales, ampliar la oferta de vivienda y los recursos residenciales estables y adaptados a las necesidades de las personas.

Igualmente, piden introducir la prevención a la mortalidad en las políticas de sinhogarismo. Igualmente, piden una mejor coordinación entre servicios sanitarios, sociales y de sinhogarismo, así como reforzar las políticas de reducción de daños y la prevención de sobredosis.

También requieren un registro de defunciones “estable” para avanzar hacia unas definiciones “comunes y metodologías estandarizadas”, así como para prevenir futuras muertes. En esta línea, insisten en tener protocolos “claros” sobre cómo se informa a las personas cercanas de la muerte de una persona sin hogar y cómo se gestionan sus pertenencias.

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