Rodeado de viñedos, este curioso y pequeño pueblo italiano tiene forma redonda, tal y como su nombre indica
En la región de Apulia, en el pintoresco Valle de Itria, un curioso viajero puede descubrir y disfrutar Locorotondo, una joya arquitectónica de una redondez casi perfecta. Este pequeño pueblo de Italia, cuyo nombre proviene del latín “Locus Rotundus”, hace honor a su topónimo mediante un trazado urbano de anillos concéntricos situados sobre una loma. Desde la distancia, la vista es sencillamente espectacular: un conjunto de edificaciones blancas rodeado por una alfombra infinita de viñedos, olivos y campos de cereales mediterráneos. Es este paisaje bucólico lo que le ha valido ser reconocido como uno de los pueblos más bellos de Italia y recibir la prestigiosa Bandera Naranja por su calidad turística.
Los visitantes llegan aquí buscando la paz de un entorno que parece haberse detenido en el tiempo, donde el blanco deslumbrante de la cal contrasta con el verde de las vides. Cada paso por sus proximidades anticipa la magia de un lugar que invita a la contemplación y al disfrute pausado de su singular estética circular. La identidad visual de Locorotondo está marcada por sus viviendas tradicionales con techos puntiagudos e inclinados hechos de losas de piedra caliza. Estas estructuras, que evocan la apariencia de ciertos pueblos del norte de Europa, se agrupan de forma compacta siguiendo el diseño circular del casco histórico.
A diferencia de la vecina Alberobello, famosa por sus trullos, aquí predominan estas casas de mampostería blanca que otorgan al pueblo una atmósfera elegante y sugerente. Pasear por sus callejuelas es sumergirse en un laberinto prolijo de fachadas encaladas, donde los balcones de hierro forjado rebosan de flores y cactus estratégicamente dispuestos. Esta arquitectura civil se complementa con escaleras de piedra y puertas pintadas que invitan a perderse sin necesidad de un mapa, descubriendo rincones fotogénicos en cada esquina. La autenticidad se percibe en los detalles cotidianos, como la ropa tendida al sol, que conviven armoniosamente con un patrimonio histórico excepcionalmente bien conservado.
El acceso principal al corazón del pueblo se realiza habitualmente a través de la imponente Porta Napoli, que antiguamente formaba parte de la muralla defensiva del siglo XVI. Una vez cruzado este umbral, se abre ante el viajero la Piazza Vittorio Emanuele II, conocida como el salón del pueblo y centro neurálgico de la vida social. En este espacio se sitúa el antiguo Palacio Municipal, que hoy funciona como biblioteca, y la emblemática Torre del Reloj, erigida originalmente en el año 1819. Desde este punto, las calles se bifurcan en un diseño intrincado donde es fácil dejarse llevar por la belleza de las pequeñas tiendas de artesanía local. El pavimento, adornado en algunos puntos con el escudo de la ciudad, guía a los transeúntes por un recorrido histórico que narra siglos de evolución desde antiguos asentamientos.
Dominando el horizonte de tejados puntiagudos se alza la Chiesa Madre di San Giorgio Martire, el principal templo religioso y el verdadero núcleo espiritual de Locorotondo. Construida entre finales del siglo XVIII y principios del XIX sobre los restos de templos anteriores, esta iglesia neoclásica destaca por su imponente cúpula. Su fachada elegante presenta un magnífico relieve del santo patrón enfrentándose al dragón, flanqueado por las estatuas de San Pedro y San Pablo. En su interior, el diseño de cruz griega alberga tesoros artísticos como la Biblia Pauperum, una serie de 42 cuadros con escenas bíblicas heredadas. Los visitantes pueden observar, a través de losas de vidrio en el suelo, los cimientos de los santuarios antiguos sobre los que se erige la actual estructura. El campanario, que alcanza los 47 metros de altura, sirve como punto de referencia constante para quienes exploran los alrededores del pueblo.
Además de su catedral, el casco antiguo esconde otras joyas eclesiásticas como la iglesia de Madonna della Greca, considerada la más antigua y datada en el siglo XV. A pesar de su fachada sencilla con un rosetón moderno, su interior gótico conserva esculturas renacentistas de gran valor histórico y una atmósfera de devoción. Otra parada obligatoria es la pequeña iglesia de San Nicola de Myra, un tesoro discreto cuya bóveda está decorada con frescos que narran milagros de la vida del santo. No menos importante es el Palazzo Morelli, un exponente de la arquitectura civil barroca que destaca por su portal ornamentado y sus característicos balcones de hierro.
Un vino DOC
Para disfrutar de las mejores vistas panorámicas, los visitantes suelen dirigirse a la Via Nardelli, un paseo circular que bordea el antiguo perímetro amurallado de la ciudad. Conocida popularmente como el “lungomare” o paseo marítimo a pesar de estar en el interior, esta calle ofrece miradores espectaculares hacia el fértil Valle de Itria. Desde aquí se pueden divisar los viñedos infinitos y, a lo lejos, el trullo más antiguo de la región, una joya arquitectónica que data del año 1509. El recorrido lleva también a la Villa Comunale Garibaldi, un oasis verde creado en el siglo XIX que ofrece un refugio de sombra con encinas y pinos. Este jardín público cuenta con senderos entre terrazas y vegetación mediterránea, ideal para momentos de contemplación frente al paisaje de olivares y antiguas masserie.
La gastronomía es otro pilar fundamental de la experiencia en Locorotondo, un pueblo que celebra sus raíces agrícolas a través de productos de una calidad excepcional. Es imprescindible degustar el vino Locorotondo DOC, un blanco refrescante elaborado con variedades locales que marida perfectamente con el clima cálido del sur de Italia. En las acogedoras trattorias escondidas en las callejuelas se sirven los tradicionales orecchiette acompañados de aperitivos de cortesía que incluyen quesos locales y pan artesanal. La zona forma parte de la famosa Strada dei Vini, una ruta enológica que conecta varios pueblos blancos del valle y resalta la importancia del cultivo de vid, uno de los muchos alicientes para visitar esta joya italiana.
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