De la familia de las sardinas, estos peces viajan en bancos de 15 kilómetros de largo y realizan una de las mayores migraciones del mundo marino

Fotógrafos submarinos y buceadores de todo el mundo viajan a Sudáfrica para documentar la acción desde el mismo epicentro

Alberto Gómez

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Cada invierno austral, la costa de Sudáfrica se convierte en el escenario de un gran fenómeno marino. Conocido mundialmente como el Sardine Run, es considerada la migración de biomasa más grande registrada en el planeta. Se trata de un desplazamiento masivo de vida marina que sigue la trayectoria anual de millones de peces a lo largo de la escarpada costa este sudafricana. Este espectáculo es tan impresionante que se considera el equivalente marino de la gran migración que realizan los ñúes en las llanuras del Serengueti. La naturaleza despliega aquí toda su fuerza en una vorágine de movimientos y habilidades que parecen orquestados.

Es una experiencia épica que atrae tanto a científicos como a aventureros ansiosos por presenciar la vida salvaje en su estado más álgido. Y la protagonista de esta épica travesía es la pequeña pero valiente sardina de Sudáfrica, cuyo nombre científico es Sardinops sagax. Estos peces, pertenecientes a la familia de las sardinas, inician su periplo anual en las frías aguas del Banco de Agulhas del Cabo. Entre los meses de mayo y julio, las sardinas se preparan para desovar antes de emprender su camino definitivo hacia el norte. El viaje está estrechamente ligado a las corrientes marinas que fluyen por la costa, buscando siempre las bajas temperaturas que su especie requiere.

La corriente de Agulhas juega un papel fundamental al desplazar aguas más cálidas y permitir que las sardinas sigan el flujo frío de Bengela. Es un misterio biológico que se repite puntualmente cada año cuando el invierno se instala en la región costera. Lo que hace que este evento sea verdaderamente colosal es el tamaño de los bancos de peces que se forman durante el trayecto. Se ha registrado que estos cardúmenes pueden alcanzar los 15 kilómetros de largo y unos 4 kilómetros de ancho en su esplendor. Además de su extensión horizontal, la masa de sardinas puede llegar a tener una profundidad de aproximadamente 40 metros bajo la superficie.

Viajar en grupos tan masivos no es solo una cuestión de azar, sino una estrategia vital para su supervivencia en el entorno marino

Estas dimensiones lógicamente crean una mancha oscura gigantesca en el océano que es fácilmente detectable desde el aire por los observadores especializados. Viajar en grupos tan masivos no es solo una cuestión de azar, sino una estrategia vital para su supervivencia en el entorno marino. La fuerza del grupo les permite cruzar barreras de corrientes que individualmente serían imposibles de superar para un pez pequeño.

Semejante acumulación de alimento no pasa desapercibida para los grandes cazadores del océano, que acuden en masa al gran banquete. Los primeros en llegar suelen ser los delfines comunes, que trabajan en equipo con una precisión asombrosa para localizar las presas. Desde el cielo, los alcatraces del Cabo se lanzan en picado a velocidades vertiginosas para atrapar a las sardinas desde la superficie. Se unen a la caza cormoranes, gaviotas y charranes, creando un caos organizado de vida que hace “hervir” el agua marina. Los delfines emplean tácticas de pastoreo para obligar a los peces a subir a la superficie y quedar así mucho más expuestos.

A este frenesí alimentario se unen también diversas especies de tiburones, como el cobrizo, el tiburón oscuro y el punta negra. Estos depredadores penetran en las masas de peces con una precisión brutal, buscando cualquier individuo que quede separado del grupo. Las ballenas jorobadas y el rorcual de Bryde también hacen acto de presencia, emergiendo con sus enormes bocas abiertas al cielo. Incluso se han avistado ballenas francas australes y orcas siguiendo el rastro de este festín de plata en constante movimiento.

Como mecanismo de defensa natural ante el incesante asedio, las sardinas se agrupan en formaciones circulares llamadas bolas de carnada. El instinto les dicta que existe seguridad en la proximidad extrema, formando una masa compacta que parece un solo ente vivo. Sin embargo, esta reacción las hace más detectables y permite a los depredadores romper la formación para aislarlas finalmente. Los tiburones y delfines giran alrededor de estas bolas, manteniendo la presión para que no se dispersen antes del ataque. Algunas de estas esferas de vida pueden durar horas bajo el agua mientras los cazadores se turnan para alimentarse.

Preocupaciones

Para los seres humanos, ser testigos de este evento es una aventura que requiere paciencia y una gran dosis de adrenalina. Fotógrafos submarinos y buceadores de todo el mundo viajan a Sudáfrica para documentar la acción desde el mismo epicentro. Las expediciones suelen partir en embarcaciones rápidas asistidas por equipos aéreos que localizan las manchas oscuras. La emoción de saltar al agua rodeado de delfines, tiburones y millones de peces plateados es indescriptible aunque debe realizarse con respeto, ya que se trata de un entorno salvaje e impredecible.

La migración de las sardinas es una delicia estacional pero, a pesar de su magnitud actual, existen preocupaciones sobre el impacto de la pesca incontrolada y el cambio climático global. Algunos indicadores sugieren que las rutas y el tamaño de las bolas podrían estar cambiando debido a la acción humana, de ahí que sea fundamental proteger este fenómeno para que las futuras generaciones puedan seguir maravillándose con su cruda belleza. El Sardine Run no es solo un evento turístico, sino un pilar esencial del equilibrio ecológico del océano austral. Cada año que se repite, la naturaleza recuerda que todavía guarda secretos fascinantes bajo la superficie azul del mar.

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