El incendio de Riglos amenaza la cuna del Reino de Aragón: San Juan de la Peña, en riesgo por el avance del fuego
A pocos kilómetros de la línea de fuego se encuentra uno de los lugares más simbólicos de Aragón: el entorno de San Juan de la Peña y sus monasterios. El fuego del incendio de Riglos ha avanzado durante estos días y ya tiene un perímetro de 58 kilómetros. Ahora, los esfuerzos del operativo se centran en intentar que no avance hacia la zona del Paisaje Natural Protegido de San Juan de la Peña y a sus monumentos por su alto valor natural, patrimonial e histórico. El consejero de Hacienda e Interior, Roberto Bermúdez de Castro, ha reconocido que esta es ahora mismo una de las principales preocupaciones del dispositivo. “Lo que más nos preocupa es la posible llegada al espacio protegido de San Juan de la Peña y las posibles afecciones que puede haber tanto al Monasterio Nuevo como al Monasterio Viejo”, ha señalado.
San Juan de la Peña está considerado por la tradición como la cuna del Reino de Aragón. El monasterio, cuyos primeros orígenes se remontan al siglo X, fue durante la Edad Media uno de los centros religiosos y políticos más importantes de la primera monarquía aragonesa. También fue panteón de los primeros reyes de Aragón y quedó ligado a algunas de las grandes historias y leyendas del territorio, entre ellas la del Santo Grial.
El Monasterio Viejo se encuentra bajo la gran roca que le da nombre y conserva elementos de distintas épocas. Entre ellos están la iglesia prerrománica, las pinturas de San Cosme y San Damián, del siglo XII, el Panteón de Nobles, la iglesia superior, consagrada en 1094, y la capilla gótica de San Victorián. Su elemento más conocido es el claustro románico, integrado en la propia montaña. El conjunto conserva además el Panteón Real, donde fueron enterrados algunos de los primeros monarcas aragoneses.
La historia del monasterio tampoco ha estado libre de incendios. El más grave se produjo en 1675 y duró tres días. Las llamas dejaron el edificio en unas condiciones que hicieron imposible mantener allí la vida monástica y llevaron a los religiosos a levantar un nuevo monasterio en las proximidades. Las obras del Monasterio Nuevo comenzaron en 1676, en el Llano de San Indalecio. La construcción se prolongó durante décadas y el edificio terminó convirtiéndose en la nueva sede de la comunidad. Tras la desaparición de las comunidades religiosas en el siglo XIX, el monasterio fue abandonado y sufrió un progresivo deterioro hasta su rehabilitación en el siglo XX. Hoy el Monasterio Nuevo acoge espacios dedicados a explicar la historia del cenobio y del Reino de Aragón.
Un paisaje protegido de 9.514 hectáreas
Sin embargo, el valor del enclave no es solo patrimonial. El entorno natural está considerado como Paisaje Protegido y ocupa 9.514 hectáreas entre Bailo, Caldearenas, Jaca, Las Peñas de Riglos, Santa Cilia y Santa Cruz de la Serós. Se trata de un espacio de media montaña con una importante masa forestal, en la que conviven especies y ambientes de influencia atlántica y mediterránea. Además, es hábitat también de numerosas aves rapaces, entre ellas el quebrantahuesos o el halcón peregrino.
En 1869, el Estado planteó la subasta del monte de San Juan de la Peña. El entonces ingeniero jefe del Distrito Forestal de Huesca, José Bragat y Viñals, se opuso a separar el entorno natural del santuario y dejó una frase que ha quedado vinculada a la historia de la protección del lugar: “Quitad el monte al Santuario y habréis mutilado el monumento”. La defensa del entorno continuó en las décadas siguientes. En 1920 fue declarado Sitio Nacional y en 2007 pasó a contar con la figura actual de Paisaje Protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel.
Ahora, el avance del incendio de Riglos pone en riesgo una joya de la historia aragonesa. El fuego todavía no lo ha alcanzado, pero es visible desde el entorno y las llamas avanzan a pesar de los esfuerzos de los numerosos efectivos —además del trabajo de los agricultores de la zona— que tratan de contenerlo. La prioridad, tal y como ha explicado Bermúdez de Castro, es contener las llamas para que no afecten al entorno y a los dos monasterios.
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