Con referencias a Rodin, Picasso o Darth Vader, es la primera vez que pueden verse en España estas siete esculturas o tótems de cuerpos fragmentados
La ciudad de Madrid ofrece este año una cita sin precedentes con el arte gracias a la llegada de Thomas Houseago y su obra. El reconocido escultor británico, cuyas creaciones han recorrido los museos más prestigiosos del mundo, aterriza finalmente en España para presentar una selección de sus esculturas más imponentes. Esta cita cultural, que se extiende hasta el próximo mes de octubre, permite al público descubrir de cerca la fuerza de un lenguaje visual que redefine la tradición. Siete esculturas monumentales irrumpen en el paisaje urbano para ofrecer toda una experiencia estética poco o nada convencional.
Es la primera ocasión en la que se puede contemplar este conjunto de tótems contemporáneos en territorio español. Y el entorno elegido para esta exhibición no es otro que el jardín de la sede madrileña de Banca March. Ubicado en el barrio de Salamanca, este espacio verde se transforma en una galería al aire libre de dimensiones épicas gracias a sus más de 1.600 metros cuadrados. Entre densa vegetación y estanques serenos, las piezas de Houseago establecen un diálogo constante con la naturaleza y la arquitectura circundante. Este refugio vegetal, que habitualmente es de acceso privado, se ofrece ahora como un santuario donde el arte contemporáneo respira con libertad.
La integración entre las formas orgánicas y las estructuras metálicas crea una atmósfera de misterio y de descubrimiento constante. Y es que Houseago es conocido por su capacidad para dotar de alma a materiales inertes mediante procesos de deconstrucción y recombinación de formas. Sus esculturas se presentan como cuerpos fragmentados que parecen emerger de un pasado remoto para hablarnos de la realidad actual. Son figuras que manifiestan la tensión entre la fragilidad inherente al ser humano y la fuerza bruta de la materia procesada. A través del uso de yeso, bronce, madera y elementos industriales como varillas de hierro, el artista construye tótems de una fisicidad abrumadora.
Cada pieza deja a la vista las huellas del modelado manual, recordando la presencia del autor en cada centímetro de la obra. Esta honestidad material convierte a sus criaturas en entes que parecen poseer una energía y un pensamiento propios. La obra de este creador residente en Los Ángeles no surge del vacío, sino que se nutre de una vasta red de influencias históricas. En sus figuras incompletas resuenan ecos de grandes maestros como Auguste Rodin, Alberto Giacometti o Pablo Picasso. Houseago tiende puentes entre la escultura de la Antigüedad clásica y las vanguardias del siglo XX de una manera orgánica. La influencia del expresionismo moderno es palpable en la forma en que aborda la anatomía humana desde la distorsión y la síntesis.
Sus piezas son híbridos teóricos que mezclan la tradición de la talla clásica con la crudeza del arte primitivo y tribal. Esta amalgama de estilos permite que su propuesta artística sea, al mismo tiempo, profundamente atemporal y contemporánea. Pero, más allá de los referentes académicos, la cultura popular juega un papel fundamental en la configuración del universo creativo de Thomas Houseago. El artista no teme integrar en su lenguaje visual iconos de la ciencia ficción y la música que han marcado a generaciones. Referencias tan dispares como el villano cinematográfico Darth Vader o el alter ego de David Bowie, Ziggy Stardust, se filtran en sus esculturas. Esta colisión entre el arte elevado y la mitología de masas dota a sus tótems de un aura familiar pero inquietante.
Al fusionar a los clásicos con figuras de la ficción actual, el autor reflexiona sobre la condición contemporánea en un mundo tecnocrático. Sus esculturas funcionan como cyborgs artísticos donde lo orgánico y lo fabricado conviven en una armonía llena de conflictos. Dentro del recorrido propuesto por los jardines destacan obras que ya son consideradas piezas fundamentales dentro de la trayectoria del artista británico. Una de ellas es la impresionante Large Walking Figure I (Leeds), una estructura de casi cinco metros que evoca al hombre que camina. También destaca la reciente Janus Mirror Figure, realizada en 2025, que ejemplifica a la perfección su interés por las caras contrapuestas.
Inscripción digital
Otra pieza significativa es Aluminium Construction Number One (Giant), que remite a los orígenes de la especie humana mediante un diseño esquemático. Cada una de las siete esculturas ofrece un punto de vista único sobre la persistencia humana. Con un lenguaje directo y honesto, el escultor afirma que su intención es dotar de veracidad y forma a los materiales para que transmitan pensamientos profundos. Este énfasis en lo humano y en el legado artístico es un regalo a la ciudadanía que invita a la reflexión crítica a través de la belleza bruta.
Para aquellos interesados en ser testigos de esta irrupción escultórica en la capital, hay que acceder a los jardines de la calle Castelló realizando una inscripción digital para obtener el código de acceso necesario. El horario disponible abarca tramos de mañana, tarde y noche, permitiendo ver las piezas bajo diferentes condiciones de luz natural. Además, los visitantes disponen de una audioguía en castellano que acompaña el recorrido con comentarios detallados sobre cada una de las esculturas. Esta oportunidad de ver la obra de uno de los escultores más relevantes del siglo XXI termina el 30 de octubre.
0