Construido en 1716 sobre un antiguo volcán, este castillo llegó a venderse por 18.500 pesetas
Erigido de manera imponente sobre la cima basáltica de un antiguo volcán en La Selva, el Castillo de Hostalric domina estratégicamente el paso natural entre Barcelona y Girona. Las coladas de lava y las columnas del volcán sirvieron de cimiento natural a esta posición defensiva privilegiada. Ya en el lejano año 1145 existen registros documentales que atestiguan la presencia de una primera fortificación medieval en este promontorio. Bajo el dominio de los vizcondes de Cabrera, la villa se convirtió en la capital administrativa de sus dominios. La vigilancia del Camino Real transformó a este cerro en un punto neurálgico para el control comercial de Catalunya.
A finales del siglo XVII, las transformaciones en el arte de la guerra exigieron remodelaciones en las defensas. En 1695, la antigua fortaleza medieval fue abandonada y derribada por orden del duque de Noailles para evitar su captura. Años más tarde, en el contexto de la Guerra de Sucesión, se proyectó el nuevo castillo moderno bajo las directrices del ingeniero militar Francisco de Santa Cruz. Las primeras obras permanentes abaluartadas comenzaron hacia 1712 y concluyeron en 1716 por ingenieros de Felipe V. Esta fortaleza militar moderna fue concebida para adaptarse a los nuevos estándares de artillería, erigiendo un bastión inexpugnable.
La arquitectura del Castillo de Hostalric destaca por su extraordinaria adaptación al terreno irregular de la colina de piedra basáltica sobre la que se asienta. Siguiendo los célebres modelos de fortificación abaluartada de Vauban, el diseño integra recintos interiores, fosos profundos, obras exteriores y un camino cubierto de impecable factura. Entre los elementos más emblemáticos sobresale su espectacular galería subterránea a prueba de bomba, considerada uno de los espacios defensivos más singulares de Catalunya. Para sus muros se utilizaron rocas volcánicas, combinando la solidez basáltica con las técnicas militares del siglo XVIII.
A lo largo del siglo XVIII, las autoridades de la Corona mantuvieron una constante preocupación por actualizar las instalaciones bélicas de este baluarte catalán. Durante el transcurso de la Guerra Gran, entre los años 1794 y 1795, se llevaron a cabo intensas obras destinadas a dejar la fortificación en perfectas condiciones de uso operacional. Se reforzaron el Baluarte Mayor, el de Santa Bárbara y el de Santa Tecla, así como la zona del Caballero que ocupaba la vieja alcazaba. Estas mejoras dotaron al recinto de amplia capacidad defensiva con polvorines y casamatas, preparando a la plaza fuerte para los choques bélicos posteriores.
El momento de mayor dramatismo e intensidad histórica vivido en el Castillo de Hostalric aconteció durante la Guerra de la Independencia a principios del siglo XIX. En enero de 1810, las tropas napoleónicas cercaron por completo la villa y dieron inicio a un feroz asedio contra la guarnición atrincherada en el recinto. La fortaleza soportó heroicamente cuatro extenuantes meses de incesante bombardeo en los que cayeron más de cuatro mil bombas sobre sus baluartes. El gobernador de la plaza, el teniente coronel Manuel Estrada, rechazó rígidamente cuatro intimaciones de rendición, resistiendo tenazmente junto a sus fieles tropas.
Para mayo de 1810, la dramática situación dentro de la fortaleza sitiada se había vuelto insostenible para sus abatidos defensores. De los dos mil combatientes iniciales que custodiaban el recinto, mil doscientos permanecían en condiciones de empuñar las armas ante las bajas. Ante el inminente colapso por inanición, Estrada concibió una audaz evacuación para salvar a los supervivientes. En la noche del 12 de mayo, la guarnición realizó un contraataque nocturno abriéndose paso a bayoneta entre las líneas francesas. Al día siguiente se entregó el castillo, consagrándose como uno de los últimos reductos en capitular.
Deterioro y venta
Tras mantener su condición de plaza fuerte militar hasta bien entrado el primer tercio del siglo XX, el castillo perdió su valor estratégico defensivo. Abandonado por las autoridades militares a partir de 1929, el monumento inició una lamentable etapa de paulatino deterioro y vegetación descontrolada. Durante la Guerra Civil sirvió como almacén de munición y refugio improvisado para familias desfavorecidas. En el año 1949, el Estado español decidió desprenderse del inmueble y lo vendió formalmente al Ayuntamiento de Hostalric por la modesta suma de 18.500 pesetas, pasando la propiedad a la jurisdicción municipal de la villa.
El traspaso de la titularidad municipal sentó las bases para el progresivo rescate y revalorización de esta joya arquitectónica de La Selva. En 1963, el castillo y las murallas de Hostalric recibieron la declaración de Bien Cultural de Interés Nacional. Tras décadas de concesiones privadas en el área del Caballero, el ayuntamiento recuperó la gestión directa integral a principios del presente siglo XXI. La inauguración del Centro de Interpretación en 2015 consolidó al recinto como un espacio turístico y cultural de referencia, donde miles de visitantes recorren hoy sus galerías y baluartes sobre la roca volcánica.
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