La Ruta del Mimbre: el recorrido por la comarca de Cuenca que se tiñe de rojo al llegar el otoño
En buena parte del interior de Castilla-La Mancha, el otoño cambia el aspecto del paisaje. Los campos entran en una nueva fase, mientras los árboles de las riberas y las zonas de monte empiezan a dejar atrás el color del verano. En el norte de Cuenca, esta transformación se aprecia especialmente en un territorio donde se mezclan cultivos, pequeños pueblos y espacios naturales recorridos por varios ríos.
Entre la Alcarria y la Serranía conquense aparecen dos zonas cercanas, pero con paisajes distintos. Los valles se alternan con formaciones rocosas y masas de bosque, mientras las carreteras enlazan pueblos que conservan iglesias, antiguas casas señoriales y otros edificios ligados a su historia. No es una ruta con un único punto de salida y llegada, sino un itinerario pensado para avanzar en coche y detenerse en diferentes localidades. Eso permite combinar los paseos por los cascos urbanos con pequeñas salidas hacia los campos y otros lugares próximos, adaptando cada parada al tiempo disponible. De esta forma, la jornada puede organizarse con libertad y sin depender de un único recorrido a pie.
La agricultura también ha estado muy ligada a los oficios tradicionales de estos municipios. Durante generaciones, algunas materias primas obtenidas del campo se han utilizado para fabricar objetos de uso diario y piezas relacionadas con la vida rural. Esa relación entre cultivo y artesanía sigue formando parte de la identidad de la comarca y ayuda a entender uno de sus recorridos más conocidos cuando llega esta época del año.
La Ruta del Mimbre: el cambio de color de sus campos con la llegada del otoño
La Ruta del Mimbre recorre más de 50 kilómetros entre la Alcarria y la Serranía de Cuenca. El itinerario pasa por Albalate de las Nogueras, Villaconejos de Trabaque, Priego, Cañamares, Fuertescusa y Beteta, en una zona atravesada por los ríos Escabas y Trabaque. Puede hacerse en coche, con paradas en los pueblos y en los terrenos donde se cultiva el mimbre.
Durante los meses cálidos, las plantaciones mantienen un color verde. Con el avance del otoño, las ramas pierden las hojas y dejan a la vista las varas de tonos rojizos. Este cambio se aprecia especialmente en los campos próximos a Cañamares, uno de los pueblos más ligados a este cultivo. No ocurre en una fecha concreta, ya que el aspecto de las parcelas cambia según avanza la estación y según los trabajos agrícolas de cada momento.
La recogida comienza a finales de noviembre y se alarga hasta mayo y una vez cortadas, las ramas se agrupan en haces y se colocan formando estructuras que recuerdan a pequeñas cabañas. Se conocen como carboneras o chozos y pueden verse en los lugares donde el mimbre se prepara y se guarda antes de utilizarlo.
El trabajo no termina en el campo. La flexibilidad de esta planta permite elaborar cestos, cuévanos, nasas, muebles, cunas y baúles. Aunque la cosecha se concentra en unos meses concretos, la fabricación de piezas continúa durante todo el año en talleres familiares, donde todavía se conservan técnicas que han pasado de una generación a otra.
Las paradas del recorrido, desde Priego hasta Beteta
Priego es uno de los pueblos desde los que puede empezar la visita. Está situado junto al Escabas y cerca del estrecho que forma el río al pasar entre paredes de roca. En el casco urbano, la plaza de los Condes de Priego reúne el palacio del mismo nombre, construido en el siglo XVI y utilizado hoy como Ayuntamiento. Las casas con escudos que se conservan en la localidad recuerdan la importancia que tuvo la nobleza local durante los siglos XVI y XVII.
Muy cerca está la iglesia de San Nicolás de Bari, con una torre renacentista de 32 metros. También se conserva el antiguo Hospital del Dulce Nombre de Jesús, fundado en 1525 para atender a personas sin recursos. Las calles Larga, de la Loma y de la Cruz mantienen antiguas casas nobiliarias. A ellas se suman las llamadas Casas de la Inquisición y algunos restos del antiguo recinto defensivo, entre ellos la Puerta de Molina, por donde entraban los viajeros que llegaban desde Molina de Aragón.
Entre los edificios religiosos figuran los conventos de la Encarnación, Nuestra Señora del Rosal y San Miguel de las Victorias. El segundo está a unos dos kilómetros del núcleo urbano, mientras que el tercero se encuentra rodeado de pinares. También destaca el Torreón de Despeñaperros, una construcción de origen árabe relacionada con las antiguas fortificaciones del municipio.
Desde Priego, la ruta puede seguir hacia Villaconejos de Trabaque y Albalate de las Nogueras. En ambos pueblos, las parcelas agrícolas conviven con viviendas de arquitectura tradicional e iglesias históricas. En los alrededores también pueden incluirse Alcantud y Valdeolivas como visitas complementarias. Esta última conserva la iglesia de la Asunción, cuyo ábside alberga una representación del Pantocrátor.
Cañamares es otra de las paradas principales por la extensión de sus cultivos y la presencia de secaderos tradicionales. Su entorno combina riberas, bosques y las elevaciones de la Serranía. Más al norte, Cañizares puede añadirse a la ruta antes de continuar hacia Fuertescusa y Beteta, dos municipios donde el patrimonio histórico comparte protagonismo con el paisaje de montaña.
El itinerario permite acercarse a distintas fases de una actividad que sigue ligada a la economía local y conocer varios pueblos sin necesidad de seguir una senda continua. Para ver los campos con sus tonos rojizos, hay que tener en cuenta el momento del otoño y el avance de la recogida, ya que ambos factores hacen que las plantaciones no presenten siempre el mismo aspecto.
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