Los cinco errores básicos que debes evitar con la calefacción para que no suba tu factura de la luz

Los errores con la calefacción que aumentan la factura.

Edu Molina

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En cuanto bajan las temperaturas, la llegada de la calefacción también conlleva un aumento del consumo de energía, aunque no todo depende del aparato instalado. La forma de usarlo influye mucho y algunos hábitos bastante comunes hacen que gaste más sin conseguir que la vivienda esté más caliente. 

No hace falta que exista una avería para que el consumo se dispare. Dejar la calefacción puesta cuando no hay nadie en casa, cubrir un radiador con ropa o subir demasiado el termostato son errores habituales. También influye la forma de ventilar y el estado de los equipos, especialmente cuando llevan tiempo sin revisarse.

Estas recomendaciones sirven tanto para viviendas con aparatos eléctricos como para casas con radiadores de agua conectados a una caldera, aunque el gasto no aparece en el mismo recibo. Los equipos eléctricos aumentan la factura de la luz, mientras que una caldera de gas consume principalmente ese combustible. Por eso, antes de aplicar cualquier consejo, conviene tener claro qué sistema se utiliza en casa.

Mantener la calefacción encendida durante todo el día

Dejar la calefacción funcionando desde primera hora hasta la noche, incluso cuando la vivienda está vacía, suele suponer un gasto innecesario. Para mantener una casa caliente, el sistema tiene que seguir funcionando cada vez que la temperatura baja. Si no hay nadie dentro, se está consumiendo energía para mantener unas condiciones que nadie está aprovechando.

A veces se piensa que apagarla puede salir más caro porque después hay que volver a calentar la casa. Sin embargo, en condiciones normales, recuperar la temperatura tras varias horas suele requerir menos energía que mantener la calefacción encendida durante todo ese tiempo. El resultado puede cambiar según el aislamiento de la vivienda y el tipo de equipo.

Por la noche ocurre algo parecido. No siempre es necesario dejarla funcionando durante todas las horas de sueño y conviene valorar si hace falta en función de la temperatura de la casa y de las necesidades de quienes viven en ella.

Seleccionar una temperatura excesivamente alta

Otro error muy común es llegar a una habitación fría y subir mucho el termostato pensando que así se calentará antes. En la mayoría de los sistemas, marcar 25 grados en lugar de 21 no hace que el aparato caliente más rápido. Simplemente hará que siga funcionando durante más tiempo hasta alcanzar la cifra elegida.

El problema aparece cuando se dejan más grados de los que realmente hacen falta. La estancia puede terminar demasiado caliente y el equipo habrá estado encendido durante más tiempo del necesario. Ese exceso acaba traduciéndose en un mayor consumo sin que la casa resulte más confortable. Lo más sencillo es fijar una temperatura razonable para la estancia y mantenerla, en lugar de subir y bajar el termostato constantemente. Ponerlo al máximo al llegar a casa no sirve para acelerar el proceso.

Dejar las ventanas abiertas más tiempo del necesario

Ventilar la vivienda sigue siendo necesario en invierno, pero dejar las ventanas abiertas durante demasiado tiempo hace que se pierda buena parte del calor acumulado. Si la apertura se alarga, no solo se enfría el aire de la habitación: también bajan de temperatura las paredes, los suelos y los muebles.

Cuando las ventanas vuelven a cerrarse, la calefacción tiene que trabajar otra vez para recuperar el ambiente anterior. Cuanto más se haya enfriado la casa, más tiempo necesitará el sistema para volver a una temperatura cómoda.

Por eso, no es lo mismo abrir las ventanas unos minutos para renovar el aire que dejarlas entreabiertas durante horas. Esta segunda opción provoca una pérdida continua de calor, especialmente si la calefacción sigue funcionando al mismo tiempo. Ventilar durante un periodo concreto y apagar los equipos mientras tanto evita gastar energía para calentar un aire que se está escapando.

Tapar los radiadores con muebles, cortinas o ropa

La forma en la que se colocan los muebles también puede afectar a cómo se reparte el calor. Un sofá pegado al radiador, unas cortinas que lo cubren o un mueble colocado delante dificultan que el aire caliente circule bien por la habitación. El radiador sigue funcionando, pero parte de ese calor queda atrapado alrededor.

También es habitual poner ropa húmeda encima para que se seque antes. Aunque puede parecer práctico, las prendas cubren parte del radiador y dificultan que el calor llegue al resto de la estancia. Como consecuencia, la habitación puede tardar más en calentarse. La recomendación es sencilla: dejar espacio alrededor del radiador y evitar cubrirlo con muebles, telas o ropa. Cuanto más despejado esté, más fácil será que el calor se reparta por toda la habitación.

Descuidar el mantenimiento de radiadores y calderas

En los sistemas con radiadores de agua puede quedarse aire dentro del circuito. Cuando ocurre, es habitual que una parte del radiador esté caliente y otra permanezca fría, o que aparezcan ruidos poco habituales. En esos casos puede ser necesario purgarlo para sacar el aire y permitir que el agua caliente vuelva a circular correctamente. Esto no ocurre en los radiadores eléctricos independientes, porque no utilizan agua en su funcionamiento. Por tanto, no necesitan ese tipo de purgado y su mantenimiento es diferente.

La caldera también necesita atención. Si lleva mucho tiempo sin revisarse o empieza a fallar, puede acabar consumiendo más combustible para conseguir la misma temperatura. Además, algunos problemas pueden afectar a la seguridad de la vivienda. Si aparecen ruidos extraños, fallos frecuentes o cualquier otra anomalía, lo recomendable es acudir a un profesional y no intentar desmontar o reparar el equipo sin experiencia.

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